jueves, 23 de marzo de 2017

Review "La Bella y la Bestia" (2017)

¡Hola de nuevo, bloggeros!

Sí, sé que la última vez os prometí que la próxima entrada sería la reseña de la tercera parte de la Trilogía del Baztán, "Ofrenda a la tormenta" (con el cual ya he llegado a un cierto entendimiento después de días y días deliberando), pero el lunes pasado fui al cine con mi madre, mi hermana y mis tías a ver una película que llevábamos esperando durante bastante tiempo: el live-action de "La Bella y la Bestia". Y cuando salí del cine, llegué a la conclusión de que la película bien merecía una reseña, así que por decirlo de manera coloquial, esta se coló en la cola de reseñas pendientes y ascendió puestos con una rapidez que ni el mismísimo correcaminos. Tranquilos, sin spoilers (aunque teniendo en cuenta la película en cuestión, no creo que eso resulte un problema para nadie, en realidad).


Ficha técnica (aka. info general):

"La Bella y la Bestia" ("Beauty and the Beast", en inglés original) es un live-action de fantasía y romance basado en la película homónima que ya realizó Disney en 1991. Ha sido dirigida por Bill Condon y cuenta con un estelar reparto entre los que se incluyen Emma Watson, Dan Stevens, Ewan McGregor, Emma Thompson, Ian McKellen, Luke Evans, Josh Gad, Audra McDonald y Stanley Tucci. La música, como en la versión de 1991, corrió a cargo de Alan Menken e incluye canciones originales además de las que ya encontrábamos en la cinta original.

Argumento:

Érase una vez que se era, en un rincón de la brillante Francia, un príncipe que poseía todo lo que podía desear. Sin embargo, el príncipe era egoísta, déspota y consentido, y disfrutaba demostrando su ostentosidad y su riqueza celebrando portentosas fiestas. Una noche, en medio del fulgor de las luces y la armonía de las notas musicales, se presentó en su castillo una vieja anciana mendiga, pidiendo cobijo del terrible temporal. A cambio, la anciana le ofreció al príncipe una rosa. El príncipe despreció el regalo y expulsó a la anciana de su castillo, burlándose de su aspecto de pordiosera; ella le advirtió que no se dejara llevar por las apariencias, puesto que la belleza se encuentra en el interior, pero él volvió a despreciarla. Entonces, la anciana se convirtió en una bellísima hechicera. El príncipe imploró clemencia, pero ya era tarde, pues ella ya había visto que en su corazón no había amor. Como castigo, le transformó en una horrible bestia y lanzó un hechizo sobre el castillo y todos sus habitantes, como condición para romper el maleficio, el príncipe debía aprender a amar, y ganarse, a cambio, el amor de otra persona, antes de que cayera el último pétalo de la rosa encantada que ella le había ofrecido.
Gracias al maleficio, el príncipe y su castillo cayeron en el olvido.

Años después, en el  pueblo de Villeneuve, vive Bella, una inteligente y hermosa muchacha con una gran inventiva, adelantada a su tiempo y que adora leer. Bella, quien ansía vivir aventuras y ver el mundo, se siente atrapada en su pequeño pueblo, pequeño y repleto de gente de pequeñas miras, pero su padre, Maurice, opina que pequeño también es sinónimo de seguro, por lo que Bella continúa viviendo en él, día tras día como aquel que lo precedió. Sin embargo, cuando su padre desaparezca en un viaje al mercado, la joven se adentrará sin dudar en el bosque y llegará a un cierto castillo encantado en el que vivirá la mayor aventura de su vida.

Reseña general:

Como una de los muchos que crecimos durante los años 90, para mí, "La Bella y la Bestia" es un clasicazo, un largometraje imprescindible en mi colección y uno de mis favoritos personales (algo en lo que debemos culpar a la influencia de mi madre, cuyo cuento favorito es este, y cuya película favorita es esta). Puede decirse que cuando Disney anunció sus planes de un remake en live action tenía mis dudas, porque, si debo ser honesta, me daba un poco de miedo que la destrozaran o hicieran algo que no tenía nada que ver (como ya me ocurrió con "Maléfica", a la cual puedo rebautizar por su nombre cibernético, Benéfica, sin ruborizarme lo más mínimo). Destrozar "La Bella y la Bestia" habría sido un auténtico crimen.
Sin embargo, el live action de "La Cenicienta" sí me sorprendió para bien, reconciliándome con los live-action de la compañía, y reconozco que, a medida que Disney anunciaba a los actores que darían vida a los personajes, lanzaba un sneak peek, un teaser o un mero póster, mi interés crecía cada vez más, hasta el punto en que llegué a contar los días que faltaban para el estreno.
Cuando esperamos algo con tantísimas ganas, muchas veces, nos creamos grandes espectativas, y por ello a menudo el resultado final nos decepciona.
No ha sido así en absoluto.
Mis preocupaciones principales resultaron infundadas: esta nueva "La Bella y la Bestia" es un bello homenaje a su material de base, y es tan magnífica como lo es esta.

La cinta te encandila desde que las primeras notas del famoso prólogo se escuchan resonar por los altavoces del cine, precediendo a la voz de la Hechicera, la ambientación te mantiene pegado a la butaca y la línea narrativa nos guía a través de un precioso largometraje que añade una cierta información que enriquece a la historia y a los personajes que todos conocemos y que tantas veces hemos visto.
Es cierto que, evidentemente, no depara grandes sorpresas: la historia sigue siendo la misma, y sigue la línea exacta de la película de animación, llegando incluso a imitar los planos de cámara que ya veíamos en esta. 
Pero entonces, ¿qué ha cambiado? ¿Por qué merece la pena ver "La Bella y la Bestia"?
Porque derrocha corazón.


La película tiene un aire de nostalgia que nos resulta, a los viejos conocidos de la película animada, enternecedor y, en cierto modo, emocionante. En esta película, la animación cobra vida literalmente. Y eso nos da más.
Me explico un poco mejor: la cinta ha añadido metraje y, por tanto, historia. Y le sienta de maravilla, porque esas pequeñas piezas de historia, esos detalles cuidados son los que nos proporcionan más, ese algo que consigue que esta nueva versión encandile cuando ya tenía, gracias a su animada antecesora, unas espectativas demasiado altas.
Nos da más en el sentido de que conocemos más a Bella, a Bestia, a los personajes del castillo, a su historia personal. Nos da más en el sentido de que desarrolla a los personajes, a quiénes son y por qué llegaron a ser lo que son, al tiempo que evolucionan a aquello que vemos al final. Y no solo ocurre con los principales, sino también con los secundarios y, en último término, con los villanos.
Este alargamiento de metraje también ha servido y muy bien para aplacar esos flecos sueltos que quedaban en la cinta original (por ejemplo: ¿A qué edad fue hechizado Bestia, si la rosa solo sigue fresca hasta su vigésimoprimer cumpleaños? o ¿Por qué nadie en la aldea se acuerda del castillo?), y aporta explicaciones que satisfacen al espectador.
Por supuesto, otro punto a favor de la cinta es su ambientación. La ambientación de la película es maravillosa, el uso de los colores, las luces, el vestuario (mención muy especial para el vestuario, que es realmente impresionante), el escenario... Y las canciones.
Cómo olvidarnos de las canciones, de la magnífica banda sonora que tiene la película. Que Alan Menken es un maestro lo sabe hasta el más pintado, pero él lo reafirma sin siquiera despeinarse con los añadidos a las canciones originales y las nuevas e inéditas para la película (si "Evermore" no gana un Óscar el año que viene, estaré más que solo decepcionada). Superarse era difícil: el señor Menken lo consigue. Todo hay que decirlo: en inglés es incomparable. En español sí que es un poco más floja, pero, siendo honesta, era imposible superar a la versión original. Mil gracias a Disney España por respetar la traducción original de la cinta animada: si no lo hubiera hecho, no estaría alabando la banda sonora en español, os lo aseguro.


Era evidente que, en el plano actoral, "La Bella y la Bestia" no podía fallar. Tiene un reparto con actores espectaculares, con una gran diversidad (otro punto a favor en la cinta), así que fallar en ello no era una opción y, por supuesto, no lo hace. Si hay un aspecto que da a la cinta la calificación de obra maestra, junto al añadido del metraje y la ambientación, ese es sin duda el trabajo que realizan los actores: se meten en la piel del personaje, lo adoptan y lo hacen suyo, de tal manera que puedes ver la actuación de Dan Stevens a través del CGI que se utilizó para crear a Bestia, y la de Emma Thompson, y la de Ewan McGregor, y la de IanMcKellen. Sus expresiones, sus gestos, no se pierden a pesar de los efectos especiales. Cada actor borda su papel, en un trabajo cuidado y con eterno mimo.


Emma Watson es Bella. Tal cual: la actriz borda el papel con una naturalidad escalofriante, desde el principio hasta el final. Es Bella, esta nueva Bella que añade más cosas a la Bella que ya conocíamos. Sí, es cierto, esa Bella ya era todo un golpe en la mesa que sacudió el canon de las princesas lánguidas que esperaban a su príncipe, pero esta acentúa aún más esa vena rebelde. Estamos ante una Bella que aprovecha al máximo su carácter feminista, su lado irónico e inteligente, y su brillantez, una Bella que enriquece aún más a su predecesora y la hace incluso más natural, más real, más de carne y hueso, algo evidenciado, por ejemplo, por el ruidito de frustración que deja escapar durante el reprise de "Bella".
Bestia...qué diferente es esta Bestia. No porque su personaje cambie de forma sustancial, sino porque cambia con más sustancia. Con más base. Entendemos mucho mejor a Bestia en esta nueva película, por qué es ese príncipe egoísta, déspota y consentido, y el nuevo largometraje ahonda más en el personaje (un personaje menos brusco que en el original, dicho sea de paso) y le da una dimensión más amplia. Personalmente, le tengo un cariño especial a esta nueva Bestia, que se gana el corazón del espectador de forma definitiva cuando canta "Evermore", en la escena más bonita de la película. Su relación con Bella también es muchísimo más explorada en este nuevo filme, algo con lo que sale ganando: se conocen el uno al otro, descubren qué tienen en común, en qué se diferencian, bromean. Su conexión es más palpable, y eso le hace un gran bien a la película.

Los secundarios, como ocurría en la versión animada, son oro puro. Lumière, la señora Potts, Ding-Dong, Chip, todos ellos conservan su esencia y se desarrollan; se les da más protagonismo a personajes que pasaban desapercibidos en el clásico. El gran ejemplo es Maurice, quien es menos excéntrico pero igual de fácil de querer, y gana un protagonismo que le sienta de maravilla, a él y a la historia.
No olvidemos a LeFou, la gran revelación de la cinta: en la original, LeFou es cargante. En esta, es un gran personaje, con más matices incluso que el propio Gastón, y un giro que le favorece, sin abandonar un cierto toque cómico que caracteriza al personaje. Josh Gad está espléndido en el papel, parece hecho por y para él.
Gastón gana como villano. Al menos, desde mi punto de vista. A medida que avanza la película, va ganando matices, va cambiando y volviéndose cada vez más agresivo, llegando a tales extremos que llega a ser parcialmente escalofriante. Un buen villano, como lo es su antecesor.

Ejemplo del movimiento de cámara
Si hay una pega que ponerle a la película, porque, como todas, las tiene, es el movimiento de la cámara en momentos muy puntuales. Bill Condon se ha empeñado en realizar barridos de 360 grados con demasiada rapidez y con demasiada frecuencia, algo que no solo desenfoca el plano y quita percepción al espectador, sino que también resulta mareante. En el aspecto técnico, también es donde podemos ser un poco más críticos: el CGI no resulta del todo real, sigue teniendo un toque algo artificial, pero sí es cierto que es muy complicado y está, para lo complicado de la tarea, muy logrado. Y como pega de narrativa...seguimos sin saber cómo se llama el pobre príncipe. Posiblemente, nos quedaremos con la duda (sobre todo después de que Disney confirmara, después de una buena cantidad de años, que su nombre no es Adam).


Conclusiones finales y mi nota particular:

Os seré sincera: no vayáis al cine con ánimos de encontraros una nueva versión del cuento que nada tenga que ver con la versión de la historia que creó Disney. Si deseáis eso, poneos a ver la versión francesa de 2015. No, esta cinta es un homenaje a la versión de Disney, y toda su línea de metraje sigue a pies juntillas el guion del clásico original.
"La Bella y la Bestia" es, por tanto, un remake innecesario (pues la original envejece de maravilla), pero más que solo agradecido. Una vez más, aprendemos que la belleza se encuentra en el interior. Los minutos de metraje añadido sientan muy bien al argumento, a los personajes y a sus historias personales antes de los eventos de la película, y proporcionan un aire fresco y propio a la reinterpretación disneyniana de la historia que todos conocemos. Nos aporta trasfondo, nos responde a una serie de cuestiones (por ejemplo, la fallecida madre de Bella) y enriquece la relación entre Bella y Bestia, la hace más humana y más creíble. Ante todo, esta nueva versión es un tributo a su material original, un tributo realizado con mimo y cariño por la industria para los espectadores, aquellos que crecimos con la película animada y aquellos que la tenemos en un lugar especial en nuestro corazón.
La ambientación es preciosa, el vestuario, magnífico, y el reparto está más que solamente espléndido: cuesta encontrar a alguien que haga una actuación mediocre en esta película, o simplemente "solo buena". Las canciones, las de siempre, nos devuelven a la infancia; las añadidas, nos enternecen el corazón. Ir a ver esta película al cine es encandilarse con la pantalla, con una sonrisa en los labios y dejándose llevar por la sucesión de planos sin el más mínimo esfuerzo y con la gran satisfacción. Si no fuera por el pequeño incoveniente de unos barridos de 360 grados demasiado rápidos, yo la calificaría de obra maestra.
Por ello, sí, os la recomiendo, os la recomiendo encarecidamente: id a verla, porque realmente merece la pena.

Mi nota para "La Bella y la Bestia" es de:
9'5/10

¡Nos leemos, bloggeros!

sábado, 11 de marzo de 2017

Reseña "Legado en los huesos" (Trilogía del Baztán 2)

¡Hola de nuevo, bloggeros!

Aprovecho para publicar antes de que empiecen los que yo llamo "los dos meses terroríficos del cuatrimestre", en los que los exámenes se aproximan, los profesores deciden meter el turbo porque se ven agobiados para terminar el temario y deciden de repente que empezar a mandar trabajos sorpresa a traición y a mansalva es una idea genial para animar al alumnado.
La última entrada que publiqué era una reseña del libro "El guardián invisible", el primero de la Trilogía del Baztán de Dolores Redondo, una trilogía con la que he estado bastante enganchada estas últimas dos semanas. Así que hoy os traigo la reseña de su secuela, "Legado en los huesos"; aunque no contiene spoilers del libro, sí contiene spoilers del primero, os lo aviso por si acaso.



Sinopsis
Ha pasado un año desde la resolución de los crímenes cometidos por el asesino que se conoció como "el basajaun" y que sembraron el miedo y la incertidumbre en el valle del Baztán. A punto de dar a luz a su primer hijo, Amaia Salazar, la inspectora que llevó y cerró el caso, se prepara para asistir al juicio contra Jasón Medina, padrastro y asesino de Johana Márquez, crimen con el que la inspectora se cruzó en la investigación del basajaun y en el que reunió las pruebas incriminatorias que delataban la autoría del acusado. Antes de que el juicio tenga la oportunidad de comenzar, sin embargo, el juez suspende la sesión: el asesino acaba de suicidarse en los baños del juzgado, y ha dejado escrita una inquietante nota dirigida a la inspectora Salazar. Esta nota contiene una única palabra, tan extraña como desconcertante: Tarttalo.
Pocos meses después, tras su baja de maternidad, Amaia es requerida para investigar unas siniestras profanaciones en la Iglesia de Arizkun...y que podrían estar relacionadas con el odio ancestral hacia una cultura diferente.
Ambos casos, en su aparente desconexión, llevarán a la inspectora a una verdad oculta en sus propios huesos, una verdad que deberá investigar a fondo para comprender qué ocurre exactamente en el valle del Baztán.

Mi opinión
Me leí "El guardián invisible" en poco menos de dos días, lo cual os da una idea de lo mucho que devoré la novela. Me gustó, y mucho, eso es evidente, pero cuando cogí "Legado en los huesos" me vi inmersa, repentinamente, en un frenesí literario. No podía dejar de leer, de forma bastante literal: la novela deja por los suelos el famoso refrán "Segundas partes nunca fueron buenas".
Porque "Legado en los huesos" no es solo igual de buena que "El guardián invisible". Es mejor que "El guardián invisible", o, al menos, a mí me ha gustado más.

El río Baztán
Esta novela, igual que su predecesora, te atrapa en la lectura, te sumerge en la historia y te lleva de la mano junto con Amaia en cada uno de los pasos que ella recorre para seguir las líneas de investigación. Dolores Redondo aprovecha los toques fuertes de su novela predecesora y los mejora para crear una historia innovadora y embriagadora que bebe directamente de su estilo personal: la autora recupera el hilo mitológico del que se sirvió en el primer libro para ilustrar la magia que envuelve al valle y que guía a nuestra protagonista, y lo hace de una forma peculiar, sutil pero palpable. También regresamos a las descripciones exhaustivas del valle, esas que consiguen transportarte al río Baztán solo con palabras, a la magia que se respira en el lugar. Estas declaraciones exhaustivas son tal vez el único momento en el que el libro puede resultar a ser un poco pesado, pero eso ya pasaba con su antecesor, y, como ocurría con este, Redondo se las apaña para, justo después de esa descripción que ya empieza a resultar pesada, volver a captar la atención de su lector con un acontecimiento o un avance en la investigación.

Posiblemente, el punto fuerte (en el plano formal) de "Legado en los huesos" se encuentra en tres factores que se solapan para hacer de ella una gran novela: su capacidad para sorprender al lector, su proeza a la hora de seguir la línea narrativa de la primera novela, mantenerla y mejorarla para impresionar al receptor una vez más y, por último, esa misma línea narrativa. La historia que narra nos presenta una originalidad peculiar, con un asesino poco corriente...y hasta ahí puedo leer.
La gracia de "Legado en los huesos" es que se las apaña para presentar dos investigaciones simultáneas, ambas sin relación aparente más que en ambas se pide explícitamente la presencia de Amaia, llevarlas cada una por su cauce hasta el momento justo y después entrecruzarlas para crear una historia coherente y sorprendente que deja al lector con la boca abierta.
En mi caso particular, yo debo admitir que estaba mucho más intrigada por el caso del Tarttalo que por el caso de las profanaciones...hasta un cierto suceso, que le da la vuelta por completo a este último para provocarnos una curiosidad morbosa e insaciable, haciendo que el interés por ambos caso se acreciente.
La Iglesia de Arizkun, escenario importante en la trama
El ritmo de la novela no decae en ningún momento, es más ligero de lo que era en su predecesor (y, por desgracia, mucho más ligero e interesante de lo que será en su sucesor, "Ofrenda a la tormenta"). Otro de sus puntos fuertes en cuanto a historia y línea narrativa, es la inclusión de pequeños fragmentos del pasado para observar a Rosario y Juan, los padres de Amaia antes de que ella naciera. Como en el primer libro, esto nos sirve para suscitar nuestra curiosidad...y para resolver algunos asuntos que no entendíamos del todo en el primer volumen con respecto a la inspectora y su pasado. Gracias a ellos entendemos, y, lo que es más importante, nos enganchamos aún más en la historia. Punto a favor por incluir algo del pasado de Engrasi, quien es un personaje que está bastante desaprovechado para todo lo interesante que resulta a ojos del lector. De nuevo, la novela combina maravillosamente la historia personal de Amaia con la historia de la investigación; lo que para unos es una desventaja (muchos critican que la novela se centre tanto en los problemas personales de Amaia como en la investigación), para mí es un gran rasgo distintivo de la trilogía. La historia no se trata únicamente de los sucesos raros (que los hay, y muchos) en el Valle del Baztán, sino también en Amaia, en una mujer con sus luces y sus sombras que trata de esclarecer las del valle para hacerlo con las suyas.
Como en "El guardián invisible", el final llega de forma repentina, casi apresurada. Sin embargo, al contrario de lo que pasaba con "El guardián", aquí no resulta tan brusco, ni tan apresurado, no sé muy bien si porque el lector se ha acostumbrado a este rasgo (que parece ser propio de la narrativa de la autora) o porque el ritmo en este segundo volumen mejora en sobremanera. Desde luego, es un final que sorprende por completo al lector: no había forma de verlo venir (al menos, no por completo).

Hablamos ahora de los personajes: este nuevo volumen nos sirve para adentrarnos aún más en conocer a los personajes, para entender por qué actúan como actúan, para encariñarnos aún más con ellos. Por supuesto, el personaje del que más aprendemos es, una vez más, Amaia. De ella vemos en esta entrega una nueva faceta de debilidad: si en la primera es la que nace del miedo por un pasado terrorífico, en esta es aquel que nace de no ser capaz de hacer las cosas bien con su bebé. Amaia pasa por momentos duros, y en ocasiones puede ser irritante, pero siempre con un matiz justificable: acaba de tener un bebé y está muy asustada por no ser capaz de ser una buena madre. Necesita ser buena madre, porque la suya no lo fue. Es un miedo muy humano, y muestra muy bien la faceta que queda oculta de la perfecta maternidad que nos muestran los libros pre-mamá. No todo es tan rosa, tan bonito y tan brillante. Ese miedo post-parto está muy bien plasmado.
Hay que hacer una mención importante a James, su marido. Si bien es un personaje bastante plano, es verdad que le queda un milímetro para ser considerado un santo (y ya no digamos en el tercer libro...).
El círculo familiar de Amaia vuelve a formar una parte importante de la trama. Si bien la que experimenta un cambio aparentemente mayor es Ros, quien empieza a coger por fin las riendas de su vida, Flora también marca una diferencia. Hay un pequeño tema con Flora que tiene en vilo al lector, una relación con un personaje del libro anterior; aunque no se resuelve en este volumen, sí es el responsable de plantar el germen de la curiosidad en el lector. La tía Engrasi, como ya nos tiene acostumbrados, es el punto de tranquilidad al que acude Amaia cuando se siente perdida...y poco a poco el lector acaba por verla de la misma manera. La tía Engrasi aporta el toque de calma y, a la vez, el toque de misticismo que es tan propio de la novela, sin el cual no sería la misma. 
En esta novela también conocemos mejor a uno de los grandes misterios de la trilogía y uno de los que más enganchan al lector: Rosario, la madre de Amaia. Conocemos su pasado, empezamos a entender por qué acabó siendo lo que es, profundizamos en el personaje. Si "El guardián  invisible" ya nos dejaba claro que Rosario era mala, "Legado en los huesos" nos confirma que no es solo mala. No, no qué va. Es malvada. Pérfida. Cruel. Todo ello y a la vez, con ese matiz del que tanto se habla en el libro terroríficamente acentuado. Es complicado encontrarse con un personaje que ponga los pelos de punta tanto como lo hace Rosario. Y eso la hace tan buen personaje, una antagonista tan trabajada y tan buena.
Por supuesto, el ámbito laboral de Amaia está también muy presente en la novela: son la otra gran mitad de personajes, los que conforman la historia del Baztán. A los miembros de la policía foral también los conocemos un poquito mejor en esta entrega, y consiguen colarse en el lector un poquito más de lo que lo hicieron en el primer volumen. En ese sentido, el tratamiento de los secundarios, si bien aún en segundo plano, mejora en este segundo volumen.
Tenemos, por supuesto, a Jonan Etxaide, mi personaje favorito de la trilogía por antonomasia. Dulce, trabajador y leal, un amigo de corazón, siempre en la línea de fuego y poniendo la mano en el fuego por aquellos en los que confía. Jonan es, sin lugar a dudas, el personaje de la trilogía al que es imposible no querer.
En este ámbito de la comisaría recuperamos a otros tres compañeros de Amaia que juegan papeles importantes en la novela: Iriarte, Zabalza y Montes. Si bien Iriarte consigue ganar puntos ante Amaia y ante el lector por su disposición y compañerismo, Zabalza hace lo contrario. Los pierde estrepitosamente por su incapacidad de aceptar que le dé órdenes una mujer, y, sin embargo, consigue provocar una cierta compasión en el lector cuando averiguamos que, en realidad, ese rechazo hacia Amaia es una manera de rechazarse a sí mismo, porque es incapaz de aceptarse como es. Y, en ese sentido, inspira una cierta lástima que casi acaba con su irritante poca disposición. Casi, pero no. No aquí.
Y llegamos, pues, al inspector Montes. El inspector Montes, quien, suspendido por los sucesos de la novela anterior, parece seguir (en la primera mitad del libro) con sus estupideces y tonterías, llegando a presentarse una vez más como un cretino insufrible...hasta que toca ese punto de quiebre, ese roce con Amaia que consigue que la respete y la vea como su superior, sin rencor ni prejuicios. Y entonces, el inspector Montes sorprende al lector: acaba calando en nosotros, convirtiéndose en un personaje directo y divertido. Leal, incluso, dispuesto a todo por cubrirle las espaldas a su jefa y amiga, aquella a la que un día apodó "la poli estrella de los cojones". Una gran evolución de Montes, que consiguió, por fin, hacerse con mi aprobación como personaje. Montes acabó por gustarme, y mira que tenía mi percepción de él en el subsuelo.
Como personajes nuevos que merece la pena destacar, encontramos al juez Javier Markina. Un joven y atractivo juez, con una descarada y patente chulería que desde el primer momento apesta a chamusquina, aunque no logramos averiguar por qué. Como lectora, y en mi opinión particular, no os podéis imaginar lo pesado que se me hace este personaje. Para mí, es el típico niño guapo acostumbrado a obtener lo que quiere con su carisma personal, y me resulta...inaguantable. De acuerdo con su descirpición y su papel en la historia, está pensado para ser un seductor, para tentar, pero creo que en esta parte de la historia solo consigue dar grima. De verdad, yo, en particular, no puedo tragarle.
No os hablaré del villano principal...porque sería arrebataros una de las grandes sorpresas del libro. Y de verdad, es algo que merece la pena ver por uno mismo. Solo os diré que es un villano poco habitual...peculiar. Diferente. Y es un gran punto a favor de la historia.

Conclusiones finales y mi nota particular


"El guardián invisible" dejó el listón bastante alto: una historia atractiva e interesante, que engancha a más no poder y de cuyas páginas no eres capaz de despegarte, con una protagonista femenina llena de matices fuerte, independiente y, a la vez, tan frágil como solo puede estarlo una mujer a la que hizo mucho daño la persona que debía protegerla. Era difícil superar esto, pero "Legado en los huesos" lo consigue sin apenas esfuerzo. De nuevo, la historia es adictiva, la combinación de ambas líneas de investigación que acaban por unirse en una única línea tras un hecho desconcertante arrastran al lector con la fuerza de las aguas del río Baztán.
Dolores Redondo tiene muy claro lo que quiere conseguir, y tiene muy claro de qué manera quiere hacerlo. Cada palabra está impregnada de su estilo personal, y, de nuevo, la magia de su pluma vuelve a sumergirnos en una historia cautivadora. La mezcla de mitología, magia y realidad que tan novedosa resultaba en el primer volumen regresa con fuerza en este segundo, envolviendo al lector y empujándole poco a poco a continuar la investigación, creando un nuevo panorama de mito y realidad que tanto cautiva; y la ambientación vuelve a ser uno de los puntos fuertes de la trilogía. De nuevo, nos trasladamos a Elizondo sin movernos de nuestro sitio, corremos por el bosque o pisamos la Iglesia de Arizkun para investigar estas extrañas profanaciones.
La novela no pierde ni por un segundo esa capacidad suya de sorprender al lector, de dejarle anonadado y con ganas de saber más en cada capítulo. Los personajes se hacen querer, con ese matiz tan humano de profesionalidad combinada con debilidades y problemas personales. El ritmo narrativo es ágil, rápido y bien llevado, mejor incluso que en su predecesor. Y la historia...inmejorable. Gran manera de unir ambas líneas de investigación, gran manera de hilar absolutamente todo, de dejar al lector boquiabierto y con ganas de más, de seguir leyendo más y de coger al instante el tercer volumen, "Ofrenda a la tormenta". Y, por supuesto, gran manera de mostrar las luces y sombras de combinar ambas facetas de nuestra vida: profesional y personal, además de mostrar a una protagonista femenina luchadora y especialmente humana, con sus buenos y malos momentos...y esa capacidad de sorprendernos.

Mi nota para "Legado en los huesos" es:
9/10

La próxima entrada será el turno de "Ofrenda a la tormenta", que también me he leído...y bueno, ya os comentaré en esa próxima reseña.
Nos leemos pues, bloggeros <3