sábado, 21 de enero de 2017

Reseña: Todos los hombres del presidente

¡Buenas, bloggeros!

Ya estamos en enero, un enero frío y del que los fans de Juego de Tronos pueden decir "ya os lo dijimos" sin miedo a que los tachemos de exagerados. Porque ya de "Winter is coming" nada de nada: el invierno ha llegado y nos ha dado un tortazo en plena cara, dejándonos, en mi caso, aletargados y con algún que otro inicio de proceso gripal.
Bueno, vuelvo a la intención original, que me pierdo. Es enero, nuevo mes y, por tanto, nueva entrada: de nuevo, una reseña de un libro, aunque esta vez de un libro que me he leído, en vez de por gusto, por exigencias de la carrera: "Todos los hombres del presidente".
Os hago una mínima introducción antes de meterme de golpe en la reseña: este libro es un relato real, escrito por los dos periodistas que investigaron el llamado "Escándalo Watergate" en la primera mitad de 1970 y cuyas investigaciones sacarían a la luz una amplia red de corrupción financiera y política que acabaría obligando al presidente Richard Nixon a dimitir. Sin saberlo, ambos reporteros construyeron una nueva metodología de trabajo que sería conocida como periodismo de investigación. Os diría que cuidado con los spoilers, pero siendo una historia verídica, no tiene ningún sentido.

Como curiosidad, os digo que lo adaptaron en una película, con Robert Redford y Dustin Hoffman.


Sinopsis:
El 17 de junio de 1972, el reportero del Washington Post, Bob Woodward, es enviado a cubrir una historia para el periódico: cinco ladrones han entrado en el complejo de apartamentos y oficinas Watergate, sede del Paartido Demócrata de los EEUU. Aparentemente, es un robo sin importancia, un suceso casi aburrido.
Al llegar al lugar de los hechos y comenzar a hacer preguntas, sin embargo, Woodward se da cuenta de que los ladrones no son cinco individuos cualquiera: intentaban introducir aparatos de espionaje y uno de ellos incluso parece haber pertenecido a la CIA, mientras otros dos podrían estar conectados directamente con hombres importantes de la administración Nixon.
El asalto al hotel Watergate parece esconder, entonces, una verdad mucho mayor...y más importante.
Al regresar a las oficinas del Post, los editores asignan a Carl Bernstein, reportero veterano, para trabajar con Woodward en el artículo. El editor jefe incita a ambos reporteros a investigar el asunto y a ir más allá de la información que tienen. Como resultado, ambos comienzan, sin saberlo, una investigación sin precedentes que sentaría las bases para el periodismo de investigación moderno, con el objetivo de desentrañar toda la verdad tras el asalto en el Watergate. Un asalto que acabaría por sacar a la luz una red de irregularidades y escándalos financieros y políticos, salpicando al mismísimo presidente de los Estados Unidos y a la hasta entonces intocable administración norteamericana. Por primera vez, el periodismo se irguió ante el poder como esa necesidad de contar toda la verdad...y salió ganando.

Mi opinión:
En mi perfil os cuento que estoy estudiando periodismo, y en esta carrera conocer la historia del Watergate es como conocer las fórmulas simples de titular o los tipos de reportaje; es decir, básico abc. ¿Por qué?
Por dos simples razones: el caso Watergate implicó el verdadero inicio del periodismo de investigación moderno, entendido como esa disciplina que pretende sacar a la luz a personas, asociaciones o actos que resulten ilícitos y perjudiciales para la sociedad; y porque resultó un ejemplo en el sentido de que, por primera vez, la prensa se enfrentaba a la administración, con datos explícitos, comprobados y contrastados, y sacaba a la luz con éxito unas irregularidades que el ciudadano de a pie debía conocer, y salía ganando. El caso Watergate es, por tanto, una victoria ante la corrupción.
Es, también, una leyenda, la leyenda del confidente de Woodward: Garganta Profunda, Deep Throat, en inglés, quien confirmaba al periodista si iban por buen camino en su investigación.
Establecido está, entonces, que "Todos los hombres del presidente" es un clásico obligado en el periodismo. Eso había que leerlo.

El año pasado ya nos hablaron en diversas asignaturas del relato, pero ha sido este año cuando me he leído el libro que explica paso a paso la investigación de Bernstein y Woodward. La historia de cómo llegué al libro es bastante sencilla: debía escoger dos lecturas obligatorias de una lista que nos proporcionaba nuestra profesora de Géneros informativos e interpretativos en prensa, y de ellos, aunque me llamaban la atención la gran mayoría, escogí "Hiroshima", de John Hersey y este, "Todos los hombres del presidente". Mis ganas de léermelo ya venían de antes, y al verlo en la lista pensé que tenía que ser una señal (al más puro estilo de "ya no tienes excusa, leéte ya el dichoso libro").
Tengo que reconocer que lo cogí con ganas, unas ganas nacidas de la pura curiosidad profesional y la expectación; al fin y al cabo, en la universidad me habían puesto el libro muy bien, y yo misma sentía la necesidad de conocer esa investigación de proporciones gigantescas.
Bueno, pues no me decepcionó, si bien tampoco es un libro que estaría leyendo a todas horas.
No es el tipo de lectura a la que estaba acostumbrada antes de entrar a la universidad: yo solía ser más de narrativa fantástica y juvenil (géneros que siguen siendo mis favoritos), y este libro es, en realidad, un reportaje. Es historia, es verídica, no es un "basado en hechos reales". Es la historia de la minuciosa investigación de la propia pluma de sus dos protagonistas. Sí, minuciosa, muy minuciosa: los dos reporteros se enfrentaban a la Casa Blanca. Por tanto, cada mínimo dato que descubrían debía ser contrastado por varias fuentes, sin poderse permitir el más mínimo error (y, en el momento en el que lo cometen, por un despiste, parece que el mundo está a punto de arder).

Me resultó algo difícil de leer, por las siguientes razones: no es una historia amena, porque tiene muchísimos nombres, muchísimos datos, y necesita concentración para enterarte bien de lo que está ocurriendo. Requiere, en ese sentido, una participación activa del lector para que este comprenda y siga de cerca lo que está pasando. Es un libro denso, a pesar de que no es especialmente largo y la narrativa es bastante ágil, pero sí contiene una cantidad ingente de información, y, en ocasiones, tiene pasajes que por ello sí llegan a hacerse pesados. No es un libro que puedas leer de golpe, porque tarde o temprano te satura.
Eso no quiere decir que no lo haya disfrutado: el libro me dejó un buen sabor de boca, me ayudó a comprender muchas cosas acerca del periodismo de investigación y la perseverancia, y me recordó que, muchas veces, nuestro peor obstáculo somos nosotros mismos, no solo los obstáculos que nos puedan poner otros (y, en este caso, les ponen muchos, empezando por el descrédito profesional y terminando por citaciones a juicios, pasando por pinchar teléfonos y contratar vigilancia para los periodistas).
A nivel histórico, es un libro que ayuda a comprender bien ese suceso concreto, porque está muy desgranado, aunque a veces pueda resultar algo confuso por la gran cantidad de datos y la magnitud del suceso.
Su mejor característica es, posiblemente, la creación de un hilo narrativo interesante al que se van añadiendo poco a poco datos relevantes, hasta conseguir la historia completa. Es interesante observar los tejemanejes de los poderosos desde este punto de vista, no solo desde la simple noticia.
Si peca de algo, es, posiblemente, la forma de distribuir la investigación: al lector le parece que las primeras fases están muy alargadas, como si el libro estuviera intentando estirarlas en exceso, y que el final es apresurado, ocurre demasiado rápido.
Hay que mencionar, como curiosidad y aspecto destacable (aparte del evidente trabajo en equipo), los métodos de Woodward y Bernstein para entrevistar a sus fuentes sin ponerlas en un compromiso, en particular, las entrevistas con datos velados (ellos descubrían los datos, y las fuentes confirmaban o desmentían), los encuentros con Garganta Profunda (cada fragmento del libro en el que aparece es fascinante) y las formas que establecían Woodward y él para comunicarse de manera discreta pero ingeniosa.

Conclusiones y nota particular:
Para resumir un poco estas impresiones, puedo deciros dos cosas importantes: es un libro entretenido (pero denso si no os gusta el género), y bastante técnico. Entretenido en el sentido de que proporciona una historia jugosa; muy técnico en el sentido de que el libro es, en realidad, un extenso reportaje sobre cómo indagaron los periodistas en la historia, cada paso de su investigación, punto por punto, cómo tiraron de cada hilo suelto para averiguar y mostrar una información que cambió el destino de un país. Y eso siempre resulta, en cierto sentido, técnico y metódico.

A nivel de ocio y entretenimiento, posiblemente no es un libro que me hubiera leído, o que cualquiera se leería (a no ser que, por supuesto, el lector sea un acérrimo fan de las conspiraciones, las crónicas o los reportajes). Sin embargo, a nivel profesional, y de cara al futuro, es un libro básico en la formación de un periodista: hay que conocer el Watergate, hay que conocer ese origen del periodismo de investigación moderno (que, en palabras de Paul N. Williams, es el periodismo bien hecho), hay que conocer cómo Woodward y Bernstein realizaron su investigación, las fuentes a las que consultaron, los métodos que utilizaron. El valor del trabajo en equipo, la necesidad de contrastar la información, de sacar la verdad a la luz. Hay que aprender, andar antes de correr.

Siendo honestos, todo hay que decirlo, es un libro denso. Muy denso. O tienes interés en la historia, o en el periodismo, o acabarás por dejarlo aparcado. Sin embargo, si es el tipo de libro que te gusta, ya sea por puro entretenimiento, o te interesa el suceso, por mera curiosidad profesional, merece la pena leerlo.

Mi nota para "Todos los hombres del presidente" (como libro de ocio) es:
7/10

Mi nota para "Todos los hombres del presidente" (como libro de formación) es:
8/10

El por qué de las dos notas es terriblemente simple: no puedo llegar a un consenso conmigo misma. Mi parte menos profesional, esa que lee simplemente por el placer de hacerlo, no lo considera un libro propio para su entretenimiento; sin embargo, la parte de mí que se está formando y a la que, a pesar de mis idas, venidas y decepciones varias con la universidad y sus profesores, le gusta lo que hace y lo que hará en un futuro, sí lo considera un libro importante en su propia formación.

Nos leemos, bloggeros <3