jueves, 23 de marzo de 2017

Review "La Bella y la Bestia" (2017)

¡Hola de nuevo, bloggeros!

Sí, sé que la última vez os prometí que la próxima entrada sería la reseña de la tercera parte de la Trilogía del Baztán, "Ofrenda a la tormenta" (con el cual ya he llegado a un cierto entendimiento después de días y días deliberando), pero el lunes pasado fui al cine con mi madre, mi hermana y mis tías a ver una película que llevábamos esperando durante bastante tiempo: el live-action de "La Bella y la Bestia". Y cuando salí del cine, llegué a la conclusión de que la película bien merecía una reseña, así que por decirlo de manera coloquial, esta se coló en la cola de reseñas pendientes y ascendió puestos con una rapidez que ni el mismísimo correcaminos. Tranquilos, sin spoilers (aunque, teniendo en cuenta la película en cuestión, no creo que eso resulte un problema para nadie, en realidad).


Ficha técnica (aka. info general):

"La Bella y la Bestia" ("Beauty and the Beast", en inglés original) es un live-action de fantasía y romance basado en la película homónima que ya realizó Disney en 1991. Ha sido dirigida por Bill Condon y cuenta con un estelar reparto entre los que se incluyen Emma Watson, Dan Stevens, Ewan McGregor, Emma Thompson, Ian McKellen, Luke Evans, Josh Gad, Audra McDonald y Stanley Tucci. La música, como en la versión de 1991, corrió a cargo de Alan Menken e incluye canciones originales además de las que ya encontrábamos en la cinta original.

Argumento:

Érase una vez que se era, en un rincón de la brillante Francia, un príncipe que poseía todo lo que podía desear. Sin embargo, el príncipe era egoísta, déspota y consentido, y disfrutaba demostrando su ostentosidad y su riqueza celebrando portentosas fiestas. Una noche, en medio del fulgor de las luces y la armonía de las notas musicales, se presentó en su castillo una vieja anciana mendiga, pidiendo cobijo del terrible temporal. A cambio, la anciana le ofreció al príncipe una rosa. El príncipe despreció el regalo y expulsó a la anciana de su castillo, burlándose de su aspecto de pordiosera; ella le advirtió que no se dejara llevar por las apariencias, puesto que la belleza se encuentra en el interior, pero él volvió a despreciarla. Entonces, la anciana se convirtió en una bellísima hechicera. El príncipe imploró clemencia, pero ya era tarde, pues ella ya había visto que en su corazón no había amor. Como castigo, le transformó en una horrible bestia y lanzó un hechizo sobre el castillo y todos sus habitantes, como condición para romper el maleficio, el príncipe debía aprender a amar, y ganarse, a cambio, el amor de otra persona, antes de que cayera el último pétalo de la rosa encantada que ella le había ofrecido.
Gracias al maleficio, el príncipe y su castillo cayeron en el olvido.

Años después, en el  pueblo de Villeneuve, vive Bella, una inteligente y hermosa muchacha con una gran inventiva, adelantada a su tiempo y que adora leer. Bella, quien ansía vivir aventuras y ver el mundo, se siente atrapada en su pequeño pueblo, pequeño y repleto de gente de pequeñas miras, pero su padre, Maurice, opina que pequeño también es sinónimo de seguro, por lo que Bella continúa viviendo en él, día tras día como aquel que lo precedió. Sin embargo, cuando su padre desaparezca en un viaje al mercado, la joven se adentrará sin dudar en el bosque y llegará a un cierto castillo encantado en el que vivirá la mayor aventura de su vida.

Reseña general:

Como una de los muchos que crecimos durante los años 90, para mí, "La Bella y la Bestia" es un clasicazo, un largometraje imprescindible en mi colección y uno de mis favoritos personales (algo en lo que debemos culpar a la influencia de mi madre, cuyo cuento favorito es este, y cuya película favorita es esta). Puede decirse que cuando Disney anunció sus planes de un remake en live action tenía mis dudas, porque, si debo ser honesta, me daba un poco de miedo que la destrozaran o hicieran algo que no tenía nada que ver (como ya me ocurrió con "Maléfica", a la cual puedo rebautizar por su nombre cibernético, Benéfica, sin ruborizarme lo más mínimo). Destrozar "La Bella y la Bestia" habría sido un auténtico crimen.
Sin embargo, el live action de "La Cenicienta" sí me sorprendió para bien, reconciliándome con los live-action de la compañía, y reconozco que, a medida que Disney anunciaba a los actores que darían vida a los personajes, lanzaba un sneak peek, un teaser o un mero póster, mi interés crecía cada vez más, hasta el punto en que llegué a contar los días que faltaban para el estreno.
Cuando esperamos algo con tantísimas ganas, muchas veces, nos creamos grandes espectativas, y por ello a menudo el resultado final nos decepciona.
No ha sido así en absoluto.
Mis preocupaciones principales resultaron infundadas: esta nueva "La Bella y la Bestia" es un bello homenaje a su material de base, y es tan magnífica como lo es esta.

La cinta te encandila desde que las primeras notas del famoso prólogo se escuchan resonar por los altavoces del cine, precediendo a la voz de la Hechicera, la ambientación te mantiene pegado a la butaca y la línea narrativa nos guía a través de un precioso largometraje que añade una cierta información que enriquece a la historia y a los personajes que todos conocemos y que tantas veces hemos visto.
Es cierto que, evidentemente, no depara grandes sorpresas: la historia sigue siendo la misma, y sigue la línea exacta de la película de animación, llegando incluso a imitar los planos de cámara que ya veíamos en esta. 
Pero entonces, ¿qué ha cambiado? ¿Por qué merece la pena ver "La Bella y la Bestia"?
Porque derrocha corazón.


La película tiene un aire de nostalgia que nos resulta, a los viejos conocidos de la película animada, enternecedor y, en cierto modo, emocionante. En esta película, la animación cobra vida literalmente. Y eso nos da más.
Me explico un poco mejor: la cinta ha añadido metraje y, por tanto, historia. Y le sienta de maravilla, porque esas pequeñas piezas de historia, esos detalles cuidados son los que nos proporcionan más, ese algo que consigue que esta nueva versión encandile cuando ya tenía, gracias a su animada antecesora, unas espectativas demasiado altas.
Nos da más en el sentido de que conocemos más a Bella, a Bestia, a los personajes del castillo, a su historia personal. Nos da más en el sentido de que desarrolla a los personajes, a quiénes son y por qué llegaron a ser lo que son, al tiempo que evolucionan a aquello que vemos al final. Y no solo ocurre con los principales, sino también con los secundarios y, en último término, con los villanos.
Este alargamiento de metraje también ha servido y muy bien para aplacar esos flecos sueltos que quedaban en la cinta original (por ejemplo: ¿A qué edad fue hechizado Bestia, si la rosa solo sigue fresca hasta su vigésimoprimer cumpleaños? o ¿Por qué nadie en la aldea se acuerda del castillo?), y aporta explicaciones que satisfacen al espectador.
Por supuesto, otro punto a favor de la cinta es su ambientación. La ambientación de la película es maravillosa, el uso de los colores, las luces, el vestuario (mención muy especial para el vestuario, que es realmente impresionante), el escenario... Y las canciones.
Cómo olvidarnos de las canciones, de la magnífica banda sonora que tiene la película. Que Alan Menken es un maestro lo sabe hasta el más pintado, pero él lo reafirma sin siquiera despeinarse con los añadidos a las canciones originales y las nuevas e inéditas para la película (si "Evermore" no gana un Óscar el año que viene, estaré más que solo decepcionada). Superarse era difícil: el señor Menken lo consigue. Todo hay que decirlo: en inglés es incomparable. En español sí que es un poco más floja, pero, siendo honesta, era imposible superar a la versión original. Mil gracias a Disney España por respetar la traducción original de la cinta animada: si no lo hubiera hecho, no estaría alabando la banda sonora en español, os lo aseguro.


Era evidente que, en el plano actoral, "La Bella y la Bestia" no podía fallar. Tiene un reparto con actores espectaculares, con una gran diversidad (otro punto a favor en la cinta), así que fallar en ello no era una opción y, por supuesto, no lo hace. Si hay un aspecto que da a la cinta la calificación de obra maestra, junto al añadido del metraje y la ambientación, ese es sin duda el trabajo que realizan los actores: se meten en la piel del personaje, lo adoptan y lo hacen suyo, de tal manera que puedes ver la actuación de Dan Stevens a través del CGI que se utilizó para crear a Bestia, y la de Emma Thompson, y la de Ewan McGregor, y la de IanMcKellen. Sus expresiones, sus gestos, no se pierden a pesar de los efectos especiales. Cada actor borda su papel, en un trabajo cuidado y con eterno mimo.


Emma Watson es Bella. Tal cual: la actriz borda el papel con una naturalidad escalofriante, desde el principio hasta el final. Es Bella, esta nueva Bella que añade más cosas a la Bella que ya conocíamos. Sí, es cierto, esa Bella ya era todo un golpe en la mesa que sacudió el canon de las princesas lánguidas que esperaban a su príncipe, pero esta acentúa aún más esa vena rebelde. Estamos ante una Bella que aprovecha al máximo su carácter feminista, su lado irónico e inteligente, y su brillantez, una Bella que enriquece aún más a su predecesora y la hace incluso más natural, más real, más de carne y hueso, algo evidenciado, por ejemplo, por el ruidito de frustración que deja escapar durante el reprise de "Bella".
Bestia...qué diferente es esta Bestia. No porque su personaje cambie de forma sustancial, sino porque cambia con más sustancia. Con más base. Entendemos mucho mejor a Bestia en esta nueva película, por qué es ese príncipe egoísta, déspota y consentido, y el nuevo largometraje ahonda más en el personaje (un personaje menos brusco que en el original, dicho sea de paso) y le da una dimensión más amplia. Personalmente, le tengo un cariño especial a esta nueva Bestia, que se gana el corazón del espectador de forma definitiva cuando canta "Evermore", en la escena más bonita de la película. Su relación con Bella también es muchísimo más explorada en este nuevo filme, algo con lo que sale ganando: se conocen el uno al otro, descubren qué tienen en común, en qué se diferencian, bromean. Su conexión es más palpable, y eso le hace un gran bien a la película.

Los secundarios, como ocurría en la versión animada, son oro puro. Lumière, la señora Potts, Ding-Dong, Chip, todos ellos conservan su esencia y se desarrollan; se les da más protagonismo a personajes que pasaban desapercibidos en el clásico. El gran ejemplo es Maurice, quien es menos excéntrico pero igual de fácil de querer, y gana un protagonismo que le sienta de maravilla, a él y a la historia.
No olvidemos a LeFou, la gran revelación de la cinta: en la original, LeFou es cargante. En esta, es un gran personaje, con más matices incluso que el propio Gastón, y un giro que le favorece, sin abandonar un cierto toque cómico que caracteriza al personaje. Josh Gad está espléndido en el papel, parece hecho por y para él.
Gastón gana como villano. Al menos, desde mi punto de vista. A medida que avanza la película, va ganando matices, va cambiando y volviéndose cada vez más agresivo, llegando a tales extremos que llega a ser parcialmente escalofriante. Un buen villano, como lo es su antecesor.

Ejemplo del movimiento de cámara
Si hay una pega que ponerle a la película, porque, como todas, las tiene, es el movimiento de la cámara en momentos muy puntuales. Bill Condon se ha empeñado en realizar barridos de 360 grados con demasiada rapidez y con demasiada frecuencia, algo que no solo desenfoca el plano y quita percepción al espectador, sino que también resulta mareante. En el aspecto técnico, también es donde podemos ser un poco más críticos: el CGI no resulta del todo real, sigue teniendo un toque algo artificial, pero sí es cierto que es muy complicado y está, para lo complicado de la tarea, muy logrado. Y como pega de narrativa...seguimos sin saber cómo se llama el pobre príncipe. Posiblemente, nos quedaremos con la duda (sobre todo después de que Disney confirmara, después de una buena cantidad de años, que su nombre no es Adam).


Conclusiones finales y mi nota particular:

Os seré sincera: no vayáis al cine con ánimos de encontraros una nueva versión del cuento que nada tenga que ver con la versión de la historia que creó Disney. Si deseáis eso, poneos a ver la versión francesa de 2015. No, esta cinta es un homenaje a la versión de Disney, y toda su línea de metraje sigue a pies juntillas el guion del clásico original.
"La Bella y la Bestia" es, por tanto, un remake innecesario (pues la original envejece de maravilla), pero más que solo agradecido. Una vez más, aprendemos que la belleza se encuentra en el interior. Los minutos de metraje añadido sientan muy bien al argumento, a los personajes y a sus historias personales antes de los eventos de la película, y proporcionan un aire fresco y propio a la reinterpretación disneyniana de la historia que todos conocemos. Nos aporta trasfondo, nos responde a una serie de cuestiones (por ejemplo, la fallecida madre de Bella) y enriquece la relación entre Bella y Bestia, la hace más humana y más creíble. Ante todo, esta nueva versión es un tributo a su material original, un tributo realizado con mimo y cariño por la industria para los espectadores, aquellos que crecimos con la película animada y aquellos que la tenemos en un lugar especial en nuestro corazón.
La ambientación es preciosa, el vestuario, magnífico, y el reparto está más que solamente espléndido: cuesta encontrar a alguien que haga una actuación mediocre en esta película, o simplemente "solo buena". Las canciones, las de siempre, nos devuelven a la infancia; las añadidas, nos enternecen el corazón. Ir a ver esta película al cine es encandilarse con la pantalla, con una sonrisa en los labios y dejándose llevar por la sucesión de planos sin el más mínimo esfuerzo y con la gran satisfacción. Si no fuera por el pequeño incoveniente de unos barridos de 360 grados demasiado rápidos, yo la calificaría de obra maestra.
Por ello, sí, os la recomiendo, os la recomiendo encarecidamente: id a verla, porque realmente merece la pena.

Mi nota para "La Bella y la Bestia" es de:
9'5/10

¡Nos leemos, bloggeros!

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