jueves, 30 de marzo de 2017

Reseña "Ofrenda a la tormenta" (Trilogía del Baztán 3)

¡Buenas otra vez, bloggeros!

Aprovecho que tengo un ratito libre para traeros, esta vez sí, la reseña de la tercera parte de la Trilogía del Baztán, "Ofrenda a la tormenta", de la escritora española Dolores Redondo. Podéis leer mis dos reseñas anteriores sobre la primera y la segunda parte aquí y aquí respectivamente. Aviso: la reseña no contiene spoilers de la tercera parte de la trilogía, pero, evidentemente, sí de sus dos predecesoras.





Sinopsis
Tan solo un mes después de rescatar a Ibai de las tétricas garras de su madre, Rosario, y el doctor Berasategui, Amaia Salazar debe enfrentarse a un nuevo y espeluznante caso: en Elizondo aparece muerta una niña en circunstancias sospechosas. La pequeña parece, en un principio, haber muerto de muerte súbita del lactante, pero hay una serie de detalles que llaman la atención de los inspectores, como las marcas rojizas en el rostro de la niña, propias de la asfixia, y el convencimiento de la abuela de que el padre de la criatura tiene algo que ver. Las sospechas se confirmarán cuando, en un extraño movimiento, dicho progenitor intente llevarse el cadáver del bebé. Entonces, Amaia y su equipo se encontrarán con el caso más peliagudo de sus vidas, un caso que se remonta a décadas atrás, que dejará un rastro a lo largo del río Baztán y que explicará todos los sucesos que han ido ocurriendo en el Valle...

Mi opinión
En un principio, tenía pensado escribir esta reseña antes, de seguido con los otros dos libros. No pude hacerlo de inmediato, sin embargo, porque al ir leyendo, y, sobre todo, al terminar el libro, me encontré con que necesitaba procesar el final de la historia, llegar a términos con mi opinión sobre él.
Como ya os comenté en la reseña de "Legado en los huesos", devoré con ansia las dos primeras partes de la trilogía, y cada uno de los libros acapararon mi atención y me engancharon de una manera colosal. Ambas se las apañaron para mantenerme pegada a las páginas, rumiando para mis adentros mis teorías conspirativas, pero siempre sorprendiéndome al final. Por estas razones, tenía las expectativas muy altas con respecto a "Ofrenda a la tormenta"...y resultaron ser demasiado altas.
"Ofrenda a la tormenta" decepciona a su lector. No es una mala novela, en absoluto, pero comparada con sus dos predecesoras palidece hasta lo decepcionante, por una serie de razones que os enumero a continuación.

En primer lugar, Dolores Redondo nos acostumbra demasiado bien en las dos primeras novelas: es una lectura rápida, siempre aportando pequeños detalles, con un giro final que no resulta predecible. Problema de "Ofrenda a la tormenta": el lector sabe perfectamente por dónde va la línea argumental desde el principio del libro, incluso, si comienzas a atar cabos y a darle vueltas, desde el segundo libro. Es predecible, remotamente predecible. Desde el primer momento sabes a la perfección por dónde va a salir el asunto. Y, lo peor de todo, es que el lector lo ve a kilómetros, pero Amaia, la que se supone que es la inspectora estrella, con ese instinto sobrenatural, no lo ve hasta que, literalmente, se le echa encima para matarla. Hablaré de Amaia posteriormente, porque tengo muchas cosas que decir de ella en esta entrega, pero os advierto ya de que me ha decepcionado enormemente, como personaje, como policía y como mujer.
Es cierto que Redondo, por la forma de explicárnoslo, ya contaba con ello, con que el lector vería venir este final: es su forma personal de dar a entender por lo que pasa la protagonista (quien, al principio, tiene menos información que nosotros). Es intencionado, pero después de la intriga, del ansia, de los giros que lo dejan estupefacto, el lector no lo asume. Yo, por lo menos, no.
Otro problema de "Ofrenda a la tormenta", y que deriva de esa predictibilidad, es que el ritmo de la novela es lento. La primera mitad del libro parece estancada, no fluye como fluía en las anteriores, y hasta que no llega esa mitad, con un punto crítico, en el único giro que no se ve venir de la trama pero que rompe el corazón del lector. Sí, esa primera parte se hace lenta, incluso algo tediosa. Y, por desgracia, la segunda parte, la más interesante, no logra salvarla.
Como segundo fallo que, a mi juicio y en esta novela en particular resulta imperdonable, es que se deja muy de lado esa aportación de la mitología y la magia, precisamente en el momento en el que más se la necesita. El tarot apenas importa, el supuesto ser malvado que es, en realidad, el responsable de todo, pasa muy desapercibido. No hay apariciones de Mari, en lo que se supone que debía ser su momento estelar. La confrontación final entre las dos grandes fuerzas se queda en poco más que una escena con una meteorología un tanto violenta. Pero nada más. Se ahonda tanto en el drama de Amaia, en ese drama personal que, además, se busca ella solita, que resulta, en cierto sentido, tedioso. Tal vez ese drama habría sido un poco más llevadero si contásemos con mayor participación del círculo familiar o de amigos de Amaia, pero, de nuevo, y en esta entrega, pasa mucho más desapercibido, igual que los flash-backs familiares intercalados entre los capítulos de la trama actual y que tanto bien hacían en las anteriores para avivar nuestro interés. De nuevo, cuando más se los necesita para darle un nuevo ritmo.
Como crítica personal, hay un cierto aspecto, cerca del desenlace, que a mí me chirrió especialmente: el ansia de conectar todo con este libro. El lector entiende que la conexión entre el inductor de "Legado en los huesos" es necesaria con el antagonista principal de "Ofrenda a la tormenta", sus crímenes, al fin y al cabo, son por las mismas razones. Encaja, y prácticamente sin esfuerzo. El problema, lo que chirría, es la conexión entre el asesino y los crímenes de "El guardián invisible" y los de este libro. Esa conexión ya resulta como un recurso demasiado oportunista, demasiado cogido por los pelos: llega a ser el gran "sí, pero no" que el lector percibe. El problema de "Ofrenda a la tormenta" ha sido intentar conectar de cualquier manera los crímenes, porque la vinculación entre los asesinos tiene hasta una cierta plausibilidad. Ni mucho ni tan poco: esta necesidad de conexión, de explicar todo, de repente cojea en determinados momentos en los que sí habría apreciado una explicación (por ejemplo, el  asunto del agente Dupree; en el segundo libro, estaba segura de que estaba muerto, pero en este ya no lo tengo nada claro).
Por supuesto, lo que no cambia, no cambia: el lenguaje de la autora y su forma de narrar es llevadero, y ese es el punto a favor de la trama.

Entramos ahora en un terreno un tanto pantanoso: los personajes. Peliagudo como mínimo.
Amaia. No sabéis lo muchísimo que me he enfadado con Amaia en esta entrega, lo furiosa que he acabado con ella. En un cierto momento, ya incluso me daba absolutamente igual lo que le ocurriera. Amaia me ha decepcionado. Y lo digo sin miedo y con una cierta rabia. La Amaia de este libro no es la Amaia de los dos anteriores: está secuestrada. No parece ella, excepto en un par de momentos puntuales en los que el lector hasta se sorprende. Esto, por supuesto, tiene su explicación dentro de la trama, y el lector lo entiende, claro que lo entiende, pero eso no quita que tenga unas ganas horrendas de sacudirla. El personaje, en esta entrega, frustra, cansa y enfurece, porque no solo es incapaz de ver lo que tiene delante de sus malditas narices, sino que es incapaz de ver más allá de su propia nariz. Amaia se vuelve egoísta, caprichosa, atolondrada, como una adolescente enrabietada y controlada por sus hormonas. Su instinto, su buen hacer como policía, desaparecen cuando ella y sus compañeros más los necesitan y cuando el lector más quiere verla en acción. No queda nada de la Amaia que se nos presenta como una rompe-estereotipos, como una mujer fuerte e independiente, con olfato para las investigaciones y que no se deja controlar. Porque todo eso queda sepultado por el motivo más viejo del mundo: un hombre. Esto está pensado, por supuesto, para que veamos que Amaia tiene fallos y se equivoca, pero el problema es que eso ya lo habíamos visto con su síndrome de estrés post-traumático en la primera entrega y con sus miedos con respecto a ser mala madre en la segunda. ¿Os acordáis de esos miedos, de esa necesidad de estar con su niño y darle lo mejor? Pues en esta entrega desaparecen como si nunca hubieran estado allí.
Citando a Mushu en Mulán, "Deshonra sobre tu vaca, Amaia Salazar". Y a las pruebas me remito.

En cuanto a los antagonistas...tengo sentimientos encontrados.
El principal antagonista del libro (y que resulta ser el de toda la saga) resulta ser el más flojo de todos. Se nos muestra como una persona con un poder carismático increíble, casi mágico (y posiblemente mágico), pero a la vez es tan terriblemente predecible quién es que ni siquiera resulta una amenaza para el lector. Pretende ser encantador y, sin embargo, a mí en particular, me resulta irritante y poco sutil.
Quedaba, sin embargo, la baza (y esperanza del lector) que también conecta todos los males de Amaia en los tres libros: Rosario. Su madre, que sí que es mala de verdad, que resultaba una amenaza terrorífica en "Legado en los huesos"...y que queda desaprovechadísima en este libro. Para todo lo buen personaje que es, lo que podría haber dado de sí en este final, Rosario queda descafeinada y con un decepcionante derrotero en esta entrega. El lector se queda con la sensación de: Bueno, ¿y tanto para esto?

Los personajes de la familia de Amaia pasan a segundo plano. Incluso, a tercer plano. Apenas aparece la tía Engrasi, lo cual es un punto en contra de la historia, porque la tía Engrasi siempre es ese puerto al que Amaia recurre cuando está perdida y que entretiene al lector. Pero ahora, cuando más perdida está, no acude a ella, y el lector la echa de menos.
La línea interesante en el círculo familiar la proporcionan las hermanas de Amaia: Ros y Flora. Por fin Ros nos muestra su cara decidida y pone contra la pared a su viperina hermana mayor, lo cual es un alivio para el lector. Y en cuanto a Flora, bueno, vemos un poco más de ella, e incluso le tenemos algo de lástima (cosa que yo creía impensable a lo largo de la trilogía, porque si alguien aparte de Rosario era una mala víbora, esa era su hija Flora): conocemos también el por qué de su relación con Anne Arbizu, la única baza que le quedaba a Redondo para sorprendernos en este libro (y que yo valoro positivamente). 
En cuanto a James...a ese hombre hay que ponerle un altar. Como una catedral. No puedo decir más de ese pobre hombre, pero alguien así no merece esto.

Los compañeros de Amaia, especialmente Jonan Extaide y Montes (personaje que ya me sorprendió en la anterior entrega), siguen con su particular buen hacer. Jonan, quien es, sin duda, el mejor personaje de las novelas, resulta ser, sin ninguna sorpresa, el que mejor ve las orejas al lobo...y el personaje más previsor del libro. Sin Jonan, Amaia no habría dado con el culpable ni en cien años. Y es por Jonan por quien ella despierta, en el único momento en el que el lector acaba por empatizar con Amaia y en el que ella vuelve a ser, por momentos, ella misma.
Por su parte, Zabalza sí que consigue, aquí, ganarse por fin una cierta simpatía del lector, simpatía que le hacía falta.

Conclusiones particulares y mi nota particular


No puedo decir que esté satisfecha con "Ofrenda a la tormenta". No es un mal libro, en absoluto, pero su principal problema es que, comparado con sus dos predecesores, palidece y decepciona terriblemente a su lector. Dolores Redondo nos tenía muy mal acostumbrados en los dos anteriores: trama poco predecible, giros inesperados, momentos al final que nos dejaban con la boca abierta, ritmo que no decaía, mezcla entre mitología y realidad...
"Ofrenda a la tormenta" no tiene nada de esto. El giro final no es ningún giro, porque el lector lo ve venir desde el primer momento (e, incluso, desde el segundo libro), es evidente quién está detrás de todo, la mitología pasa a un tercer plano cuando, en teoría, debía ser su momento estrella, y el ritmo es desigual: la primera mitad de la novela es lenta, y la segunda, si bien mejor, no consigue remontar ese ritmo pesado de la primera parte.  Además, el punto crítico para el cambio en el ritmo, aquello que marca una división tajante entre la primera y segunda parte, es un suceso que destroza el corazón del lector. Siendo honesta, era algo que, al principio, yo no podía ni quería creer, y admito que tuve que dejar de leer hasta el día siguiente porque me enfadé tantísimo que era incapaz de seguir.
Como colofón final de una trilogía tan buena, no está a la altura: no deja un sabor de boca tan bueno como sus predecesores, ni tan bueno como hubiera gustado con esta trilogía. En realidad, es una sensación agridulce, con la idea de que se han conectado en exceso cosas que no necesitaban  ser conectadas ni hiperexplicadas y otras que sí habrían necesitado un ahondar más profundo quedan en el aire, a total interpretación del lector.
Amaia es, directamente, insoportable en este libro: no queda ni rastro de la Amaia que conocemos, de su instinto y su buen hacer, que quedan subyugados por un motivo, si bien bastante explicado en la novela, totalmente irritante. Este libro, en ese sentido, deforma al personaje; en mi opinión, en lugar de conseguir que sintamos simpatía por Amaia, que la veamos como alguien que comete errores y se equivoca, la novela consigue que la veamos como alguien que no merece esa simpatía, por puro egoísmo y egocentrismo. El resto de personajes quedan relegados a ese drama de adolescente hormonal de Amaia, y eso no sienta bien a la novela. Paradójicamente, las mejores tramas son las secundarias, las que protagonizan Ros y Flora, por ejemplo. Esas sí nos recuerdan la fuerza que tenía la trama en los dos libros predecesores. Sin embargo, muchos personajes quedan desaprovechados, y eso no hace ningún favor a la novela: en favor de un antagonista más bien predecible e incluso algo descafeinado, se sacrifican otros que daban un juego mayor.
En conclusión, "Ofrenda a la tomenta" se salva por el buen narrar de Dolores Redondo, por su habilidad para contarnos esta historia, por las pequeñas chispas de sorpresa que aguarda en las líneas secundarias de la trama y por la estela de sus predecesores.

Mi nota para "Ofrenda a la tormenta" es de:
6/10

En cuanto a las conclusiones de la trilogía, puedo decir que es una trilogía interesante, diferente, y que, en conjunto, sí recomiendo. Me ha gustado, y he disfrutado mucho con ella. Sin embargo, me mantengo en lo dicho: "El guardián invisible" es bueno, "Legado en los huesos" es muy bueno, y "Ofrenda a la tormenta" solo está bien.

No hay comentarios:

Publicar un comentario