viernes, 10 de febrero de 2017

La verdadera magia de "Harry Potter"

¡Buenas a todos, bloggeros!

Hoy os traigo algo un poco distinto a lo que os tengo acostumbrados, pero lo cierto es que  llevo un par de meses queriendo darle un vuelco a esto y orientarlo un poco hacia un cauce más profesional, además de, evidentemente, hacerle un poco más de caso al blog y darle más presencia. Hoy me apetece compartir con vosotros este reportaje, que hice el cuatrimestre pasado para una de mis asignaturas de la universidad: teníamos que escoger un tema sobre el que hacer una investigación y realizar un reportaje, y, como buena pottermaníaca que soy, yo decidí que no había tema mejor que Harry.
Os dejo, pues, con mi primer reportaje.

La verdadera magia de Harry Potter

Causas del fenómeno fan conocido como "Pottermanía" e impacto

Todos conocemos, aunque sea simplemente “de oídas”, el fenómeno Harry Potter. Siete libros, ocho películas, una obra de teatro y, ahora, una nueva tirada cinematográfica (cuya primera película se estrenó en España el 18 de noviembre de 2016) para profundizar en la saga del joven mago y que la ha devuelto al candelero de la agenda mundial. Esos libros hicieron famosa a una mujer cuando pasaba por el peor momento de su vida, y cambiaron la infancia de millones de niños a lo largo de todo el mundo.
Pero, ¿qué se esconde detrás de este ingente fenómeno de masas que no solo lo fue en su momento, sino que además se mantiene en la actualidad? ¿Qué impacto real tuvo en esa generación de los años 90, que empezaba a descuidar los libros y las letras a favor de las pantallas de ordenador y las televisiones, esa generación que ha vivido y crecido con las aventuras del joven mago, con Rowling y su mágico mundo? ¿Qué simbolismos, valores y misterios se hallan en las páginas de la saga?
Vamos, pues, a ahondar en el misterio del fenómeno que creó la autora británica, en el impacto que creó en los niños de la famosa generación de los 90, ahora cada vez menos niños y más adultos.
Vamos, pues, a descubrir la verdadera magia de Harry Potter.


Colección de libros y películas de la saga. Fotografía: Naomi Fernández Jiménez

A lo largo de la historia, han sido muchos los autores o los libros que nos han impactado, no solo como individuos, sino también como sociedad. Desde la invención de la escritura y, posteriormente, de la narrativa, esta ha servido como testimonio para la posteridad. Muchos de los autores y libros que han dejado su marca en la historia, sin embargo, no lo han hecho simplemente como mero testimonio. No, en absoluto. Lo han hecho porque han supuesto una revolución en las ideas, valores o las formas de ver el mundo, de reflexionar sobre él: los libros se han utilizado, durante mucho tiempo, como un vehículo para expresar una realidad con la que no se estaba de acuerdo, una sátira convicta, o incluso, como una forma de evadir esa realidad.
Y, sin saberlo, muchos de ellos han creado un fenómeno que sobrevivió (o sobrevivirá) a sus autores. Desde Miguel de Cervantes hasta León Tólstoi, pasando por Emily y Charlotte Brönte o Jane Austen, hasta la autora cuya saga principal es el objeto de este reportaje: J.K. Rowling.

Empecemos por el principio.
En 1990, una joven Rowling imaginó, en un viaje en tren de Mánchester a Londres, la idea una escuela de magos. Surgió de forma espontánea en su mente: tal vez una chispa latente en su subconsciente, avivada por algo que ella misma no ha sabido calificar. Y, con ella, nació el personaje que protagonizaría la saga: un prototipo de Harry Potter, un muchacho que descubría de repente que era mago y que asistiría a esa escuela. Durante los cinco años siguientes, Rowling se dedicó a escribir y desarrollar el primer manuscrito de lo que sería Harry Potter y la Piedra Filosofal, primer libro de la saga. Sin embargo, durante esos cinco años, Rowling también comprobó de primera mano cómo de doloroso puede ser el mundo, o la vida misma: su madre murió, su matrimonio con un periodista portugués llamado Jorge Arantes se vino abajo y ella se vio obligada a regresar a Londres, sola, con un bebé de apenas un año a su cargo. Viviendo de las ayudas proporcionadas por el Estado, y escribiendo en cafeterías londinenses cada vez que conseguía que su hija se durmiera, Rowling completó la novela.

Es una historia lo suficientemente conmovedora como para que Rowling hubiera tenido a las editoriales en el bolsillo al presentar el libro. Pero no fue así. Doce editoriales rechazaron el manuscrito. Hasta que, en 1997, llegó Bloomsbury.

Y, entonces, Harry Potter se convirtió en un fenómeno.

Popularidad entre grandes y pequeños, críticas favorables por doquier y escalofriantes cifras de éxito comercial a lo largo del mundo, además de prestigiosos e incontables premios literarios. Toda una explosión que constituyó un fenómeno masivo. De aquel manuscrito, rechazado por considerarse demasiado extenso como para ser un libro dirigido a niños, a toda una saga que se ha convertido en una marca valorada en aproximadamente 15.000 millones de euros, traducida a más de setenta idiomas y cuyos cuatro últimos libros han marcado récords como los más vendidos de la historia hasta entonces. Si hablamos de los datos de las películas, posiblemente no hablaríamos de otro asunto en el reportaje.

Pero el objetivo de este reportaje, en realidad, va más allá de las meras cifras, más allá de lo que podemos cuantificar. No se trata de enumerar cuántos premios ganó la saga, o cuál fue su impacto a nivel comercial. Se trata, en realidad, de una dimensión mucho más humana, cultural, más conectada a la tierra que a la bolsa y, por tanto, muchas veces desdeñada. Se trata del impacto social que resultó ser la saga: qué hizo por la gente, en qué se convirtió para los niños de los 90, qué valores, símbolos o hábitos les ha infundido. Un par de líneas más arriba, hemos dicho “Y, entonces, Harry Potter se convirtió en un fenómeno”. Pero… ¿por qué?

No fue por los premios. Ni tampoco por el dinero. Fue por los lectores. Los grandes incomprendidos del mundo y que, en realidad, son aquellos con la capacidad para cambiarlo. Ellos fueron quienes cuidaron y mimaron ese fenómeno nacido de la imaginación de una mujer y germinado en las páginas de un libro: los integrantes de una nueva generación de lectores.

Lo cierto es que Rowling impulsó a crear esa nueva generación de lectores, en una época donde ya comenzaba a apreciarse mucho más la cultura audiovisual que la que nace de los libros y se crea en la imaginación. En 2006, una encuesta de la asociación británica Kids and Family Reading Report puso de manifiesto que el 51% de los lectores de Harry Potter de entre 5 y 17 años comenzó a leer por placer a raíz de leer las aventuras del joven mago. Muchos de los niños de los 90 comenzaron un hábito de lectura gracias a la saga: la gran mayoría de ellos no había leído antes de Harry, ni tampoco concebían la lectura como algo que pudiera llegar a ser un pasatiempo. Y entonces, por arte del azar (un regalo de Navidad, de cumpleaños, de una tía favorita, de unos padres por sacar buenas notas o al llegar del trabajo), cae en manos de esos niños el primer libro de ese chico con la cicatriz en forma de rayo en la frente del que habla todo el mundo.

Y ahí empieza la magia, la verdadera magia. El fenómeno.

Por primera vez, los niños que no concebían la lectura como algo ameno, ni entretenido, devoran sus libros como devoran videojuegos o series de televisión. Equiparan su pasión a ellos. Cada libro fue progresivamente más largo que su antecesor, un factor a favor de la creación de ese hábito de lectura: favorecía la concentración, la atención, el interés por saber. Una vez que se ha leído el primer libro, de 254 páginas en su edición española (editorial Salamandra), resulta fácil obviar la cantidad de páginas que se leen en los siguientes (el último libro, de la misma editorial, cuenta con 636).

“Empecé a leer gracias a Harry Potter, y, desde entonces, no he dejado de hacerlo”, dice una de las voces de esta generación, una madrileña de diecinueve años. Y, como ella, miles más.

Poco a poco, esos niños crecieron, junto a la saga y las aventuras de Harry. Para cuando se estrenó la primera película (basada en el primer libro), allá por 2001, los fanáticos acudieron en masa a las salas de cine, con la intención de ver la historia y a sus personajes favoritos plasmados en la gran pantalla. Y no quedaron en absoluto decepcionados, a juzgar por las cifras que engrosó Warner Bros gracias a la cinta. Y, de repente, todo el mundo hablaba de Harry Potter, de la película y, por supuesto, de los libros. El fenómeno se extendía: ya no solo contaba con los fanáticos de los libros, sino también de la versión cinematográfica. Nace, pues, la llamada “Pottermanía” el fenómeno Potter en todo su esplendor. Con la película, mucha gente descubrió la saga, lo cual implicó un nuevo despunte en las ya de por sí enormes ventas de los libros. El fenómeno crecía, mutaba, se expandía. Para el momento en que se estrenó la última película, este ya era un enorme gigante de proporciones comparables al mismísimo Goliath, muchedumbre enfebrecida a las puertas de las salas de cine y librerías incluida. Una auténtica marea arrasadora.

Es en esa muchedumbre donde encontramos el verdadero porqué del fenómeno, la verdadera magia. Volvemos, de nuevo, a los lectores. Esa muchedumbre es, en gran parte, la generación de los 90 que creció con Harry Potter, que hizo suyos los libros, la historia, los personajes. Sus valores.

Rowling no complicó en excesivo la historia, ni su narrativa. Era una línea argumental bastante simple: un muchacho huérfano, de gran corazón, debe, con la ayuda de sus amigos, enfrentarse a un poderoso mago malvado. El bien contra el mal, una de las líneas narrativas más sencillas. La prosa era bastante lineal, sin grandes florituras ni poética: sencilla de comprender, fácil de leer. Esta aparente sencillez (aparente porque, como se denotará después, se pueden extraer muchos símbolos y valores de la saga) provocó más de una crítica hacia la escritora, de aquellos que consideraban que Rowling solo contó con suerte y que no tenía la capacidad para escribir, ni para desarrollar una historia.

También se criticó duramente la línea argumental, los personajes...para resumir, todo aquello que se encontraba en el volumen era susceptible de ser criticado. El más notado fue el crítico literario estadounidense Harold Bloom, quien afirmó en una entrevista (allá por el año 2000) lo siguiente: “Leí apenas una de las obras de esa escritora J.K. Rowling. El lenguaje es un horror. Nadie, por ejemplo, "camina" en el libro. Los personajes van a "estirar las piernas", lo que es obviamente un dicho. Y el libro entero es así, escrito con frases desgastadas, de segunda mano”. Puede que el señor Bloom considerase el manuscrito una obra de segunda mano, pero esta obra de segunda mano convenció no solo a crítica, sino también a sus lectores, quienes saltaron a defenderla como quien lucha en su cruzada particular: en cuanto publicó una crítica negativa a Harry Potter en el Wall Street Journal, le llovieron las críticas (más de 400 cartas), la gran mayoría de ellas procedentes del sector fan.

En este asunto es importante tener en cuenta que simplicidad no es sinónimo de mediocridad. Hay que recordar que, en un principio, Harry Potter era un libro para niños; sí, para niños, ni adolescentes ni adultos. Pero, claro está, los niños crecen; nadie es permanentemente joven (excepto, tal vez, Peter Pan o Dorian Grey, quienes quedan excluidos del muestreo). Y esa historia, en un principio sencilla, se fue convirtiendo en algo mucho más complejo a medida que esos niños crecían…y, con ellos, Rowling, Harry y la saga. No solo en el sentido de que, obviedades aparte, Rowling avanzó y mejoró como escritora a medida que pasaban los años y los libros, sino que también la historia fue cobrando un matiz más maduro, menos infantil. Exactamente igual que la generación de los 90. Para ellos, la saga fue un elemento más de su vida, precisamente porque creció y avanzó con ellos: Rowling se las apañó para conectar con sus lectores en diversas etapas de su vida (niñez, adolescencia, adultez), para conseguir que Harry formase parte de ellos. Creó a un personaje con el que resultaba fácil identificarse: un muchacho tímido, menudo, con gafas, vergonzoso. En cierto modo, bastante corriente. Cualquier niño se habría visto reflejado en Harry, y por eso funcionó tan bien la fórmula.

“Para mí, crecer con Harry significó sentirme un poco menos sola. Era como tener un amigo en papel”.
Otra muestra más del fenómeno.

Recopilemos datos de lo que hemos ido hilando hasta ahora: este fenómeno fan masivo surge de los libros y se expande con las películas. Gracias a esto, muchos niños descubrieron un pasatiempo que no se habían planteado (y que muchos de ellos mantiene en la actualidad con una inmensa voracidad): la lectura. El porqué un niño se obsesiona de tal manera con una historia podría hallarse precisamente en su simplicidad, en particular la de los primeros libros, como afirma María Esther Burgueño en su artículo “El elogio de un libro ruin: El fenómeno Harry Potter” (disponible en Internet), o en la facilidad para identificarse con sus personajes. El porqué la gente identifica a Harry como una parte importante de sus vidas se debe a esa capacidad que logró su autora para conectar con ellos.

Hasta aquí, hemos ahondado en las causas del fenómeno. Pero… ¿y su impacto? ¿Qué crea la saga en esa generación de los 90, aparte del hábito de lectura? ¿Qué huella dejan saga y fenómeno en el mundo?

Vamos a investigarlo.

En este ahondar de las causas ya ha quedado establecido que Harry Potter es y ha sido un fenómeno masivo, una marea que ha provocado un enorme impacto cultural, en gran parte por la implicación de su autora en mantener viva la saga (mediante su web Pottermore), con cada vez más datos e informaciones sobre el mundo mágico en el que esta se desarrolla. Sin embargo, para que este fenómeno fan se produzca y sobreviva, y no permanezca en estado de aletargamiento tras el bombazo inicial, como le ha ocurrido a, por ejemplo, Cincuenta sombras de Grey (saga que provocó un boom en la literatura erótica pero que, según un artículo de La Vanguardia, ha acabado por desinflarse de forma inevitable en este último año), hace falta también una implicación de los lectores, unos lectores que conservan la saga en sus pensamientos, en su forma de ser.

"Rowling me enseñó muchas cosas. Entre ellas, lo importante que es no rendirse, la perseverancia, el respetar a otros".

Y gracias a estas palabras entramos, de nuevo, en un importante matiz del impacto (cultural y educativo) del fenómeno Pottermaníaco. Toda una generación descubrió, en las páginas de esos libros y las escenas de sus películas, una gran cantidad de valores, simbolismos y lecciones de vida que tal vez no habrían interiorizado tan bien de no haber sido por Rowling y su mundo de fantasía.

La sociedad mágica que se presenta en este mundo de fantasía es un amalgama de la nuestra propia, con sus elementos positivos…y también los negativos. A lo largo de toda la saga, Harry, sus amigos y aliados personifican una serie de valores positivos, mientras que Lord Voldemort (el mago malvado y villano principal de la saga) y sus acérrimos seguidores personifican los valores más repulsivos y negativos de nuestra sociedad. En realidad, la lucha del protagonista se basa en una lucha de lo que es correcto, justo, contra lo que es deplorable, injustificable, reprochable. Rowling instaló, de forma consciente o inconsciente, una serie de valores en los niños que leyeron sus libros: tolerancia, respeto, igualdad, amistad, amor, perseverancia y esfuerzo, e incluso el progresismo, la necesidad de movernos hacia delante como sociedad. Se desprecia a aquellos que favorecen la discriminación y el racismo, y que piensan que solo por su origen pueden creerse superiores (como el propio Voldemort o el rival de Harry en la escuela, Draco Malfoy). Es una crítica velada, enmascarada tras un mundo fantástico y hechizos, pero está ahí. Y llega al lector, quien la asume, la reflexiona incluso de forma inconsciente, y, finalmente, la adopta como suya.

En posteriores libros (notablemente el quinto volumen, La Orden del Fénix), Rowling va un pequeño paso más allá, hablando de los problemas que surgen en el sistema cuando la política se empeña en negar la existencia de un problema, un problema grave que puede tener consecuencias devastadoras para los ciudadanos si no se trata, dando, en cierto modo, una visión crítica a los lectores del libro. Destaca particularmente, también en este libro y con mucha fuerza, la necesidad de una educación de calidad, en contra de un adoctrinamiento.

Poco a poco, vamos tachando elementos y valores de la lista: integración, visión crítica con la realidad, reproche a la discriminación, educación. Esto hace una pequeña síntesis bastante representativa de lo que son los valores y símbolos embebidos en la cultura de Harry Potter, pero hay otros dos que no podemos dejar de mencionar, presentes en todos y cada uno de los volúmenes.

Por un lado, encontramos la amistad. Un valor bello y, con frecuencia, poco atesorado, pero que, en esta saga, acapara todas y cada una de las miradas. La amistad del trío protagonista (Harry Potter, Ron Weasley y Hermione Granger) es el motor de todos los libros, la historia, y es lo que, sin lugar a dudas, permite superar todas las adversidades que el protagonista encuentra en su camino. Harry Potter reivindica, por tanto, el valor del trabajo en equipo, la necesidad de contar con amigos, de saber que no se está solo.

Por otro lado, encontramos un inherente poder femenino en los libros. Gran parte de los personajes más grandes, más queridos y más fuertes de la saga son mujeres: desde la práctica, inteligente y poderosa Hermione Granger, hasta la fuerte profesora McGonagall, pasando por la decidida Ginny Weasley y la extravagante y maravillosa Luna Lovegood. Mujeres fuertes, independientes, capaces no solo de negarse a vivir a la temida sombra de un hombre, sino de sobreponerse a eso, de romper por completo con los roles de género. Sin ellas, la saga no tendría sentido, faltaría fundamento. En el colegio en el que estudian los protagonistas hay una gran cantidad de profesoras, con la misma autoridad e inteligencia que sus compañeros, mostrado como algo natural. Una significativa rotura del techo de cristal por parte de Rowling.

La generación de los 90 que leyó a Harry Potter y o vio las películas creció con estos valores. Los asumió como suyos. Y ese es, en la base, la otra gran causa del fenómeno Pottermaníaco.

A modo de conclusión, y para terminar con este simple (pero a su vez complejo) fenómeno, recapitulemos.

¿En qué consiste realmente la magia de Harry Potter?

De este reportaje se deduce que cuando se habla de la magia de Harry Potter no solo se habla de la magia dentro de las páginas o la pantalla. Se habla de las miles de personas que hicieron cola en una librería para comprar un libro, o en una taquilla para conseguir unas entradas. Se habla del respeto reverencial que sienten por la autora, y por esos valores que ella, de forma inconsciente, les inculcó y enseñó a defender a capa y espada (o, en este caso, a capa y varita). Se habla de la capacidad para sentir a un personaje, una historia, como parte de uno mismo. La verdadera magia de Harry Potter consiste, en realidad, en su habilidad para crecer y evolucionar con sus lectores, en su capacidad para enseñar a través de una historia. La saga y sus lectores crecieron juntos: también Rowling lo hizo, como escritora, como contadora de historias. A medida que pasaban los años y los libros, la madurez se iba instaurando por partida triple: Harry, Rowling, sus lectores. La saga creció con ellos. Se convirtió en parte de las vidas de una cantidad ingente de niños (y, en realidad, también de adultos) a lo largo de los 90 y los años 2000, creó en ellos valores inamovibles: la amistad, la importancia de ser perseverante, justo, de no rendirse ante las adversidades ni callar ante las injusticias, lo importante que es la diversidad, la bondad, lo cruel que puede llegar a ser un mundo opresivo y el horror de la xenofobia.

Los lectores hicieron grande a Rowling, e hicieron grande a Harry Potter: ellos leyeron con avidez cada palabra de cada página de los libros, hicieron colas interminables para conseguir cada uno de los volúmenes cuando estos salían al mercado, los convirtieron en los más vendidos, llenaron las salas de cines al estrenarse las películas, lloraron, rieron y sufrieron con cada capítulo, con cada escena. Son los primeros en aparecer en las librerías o en las tiendas de multimedia cuando sale el más mínimo detalle de la saga, y este acapara la atención de los escaparates y las estanterías.

Un auténtico fenómeno de masas: no importa cuántos años pasen, o cuánto crezcan los fans de la saga, puesto que en cuanto aparezca la más mínima señal, el más pequeño rescoldo de un nuevo capítulo en el universo de Potter, ellos están allí los primeros. Sí, los lectores hicieron grande a Rowling y a Harry, pero, a su vez, Rowling y el mago los hicieron grandes a ellos.

Tal vez Rowling no sea la mejor escritora del mundo, y tal vez la historia pueda resultar simple, a aquellos críticos acostumbrados a enormes novelas llenas de profundo contenido psicológico y valores intrincados. Pero, queramos o no admitirlo, los lectores afirman que la saga y la propia Rowling hicieron historia en su vida, en su modo de pensar y ver el mundo.

Hablamos pues, del fenómeno Harry Potter. Y este fenómeno es el responsable de que hubiera adultos llorando como niños cuando leyeron la última palabra del último libro, o cuando la última película se estrenó en las salas de cine. Porque, en un principio, eran eso, niños.

Esa es su verdadera magia.

Una magia que vuelve a verse por las calles ahora, con el estreno no solo de una continuación a las aventuras de Harry y sus amigos, a modo de obra de teatro (Harry Potter y el legado maldito, libreto publicado en España el pasado mes de septiembre), sino también de una precuela (Animales fantásticos y dónde encontrarlos, recientemente estrenada). De nuevo, todos esos niños de la generación de los 90, ahora ya convertidos en adultos, invaden las salas de cine, disfrutan y sufren con Rowling y su mágico mundo.

De nuevo, el fenómeno Pottermaníaco.

Gracias por leer, lectores ;).

Copyright ©: Naomi Fernández Jiménez. Prohibida su copia. No reproducir sin el expreso permiso de la autora o la conveniente citación.

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