jueves, 15 de septiembre de 2016

Reflexionando: de papagayos y obras literarias

Buenas, bloggeros.

Para esta entrada de septiembre (sí, estoy intentando ser constante y publicar al menos una entrada cada mes) os traigo algo que no suelo hacer, pero que, la verdad, me gustaría hacer más a menudo. No es una reseña, ni una crítica exactamente, aunque sí es una locura de las mías, un delirio que nació como un pensamiento en la parte posterior de mi cabeza y que, sin embargo, me ha tenido reflexionando durante un par de días, recuperando otras reflexiones que ya he tenido alguna que otra vez. Y he decidido ponerme a escribir sobre ello, porque alguien tiene que decirlo.



Esta semana se celebra, aquí en Madrid, la convocatoria de selectividad de septiembre (las pruebas de acceso a la universidad, como les dio por llamarlo hace un par de años), y eso me ha hecho pensar, reflexionar. Pensar no solo en cuando yo estuve allí sentada, en cómo lo viví, yo o mis compañeros de clase, mis amigos, sino también en cómo llegué hasta allí.

La historia es bastante simple, bastante típica. Fin de la secundaria, la  típica pregunta de "¿Qué quieres hacer ahora?" y la básica respuesta de "Bachillerato, claro. Y luego la Universidad".
Y entonces llegamos a Bachillerato. Si preguntáis a determinadas personas, os dirán que Bachillerato fue un infierno. Otras os dirán que, bueno, no es tan malo. Y entonces pensaréis: ¡qué exagerados los que lo califican de infierno!
Bueno, sí...y no.
Bachillerato puede llegar a ser un infierno, si te hacen vivirlo como tal. El principal problema que tenemos en la forma en la que se enseña Bachiller en nuestro sistema educativo es que lo más valorado es la capacidad del alumno para repetir como un papagayo, para memorizar y vomitar en un examen lo más rápido posible. Hay profesores que incluso tienen la mentalidad de que si se lo pones tal y como ellos te lo dieron en los apuntes, mejor nota sacarás (y que, os aseguro, lo hacen). Otros son más coherentes, y, si lo explicas a tu modo, si eres capaz de entenderlo, te ponen exactamente la misma nota. O mejor. Porque saben que lo entiendes.
Y ahí es precisamente donde yo quiero llegar.
Aprender no se basa en vomitar la información y olvidarla según sales del examen.
No. No, no y no.
Aprender es mucho más que eso, es mucho más que un único examen (o una tanda de exámenes), y debería ser más respetado. Sin embargo, el sistema parece haberlo olvidado. Alguno pensará que es más fácil así: dadles a los críos cuatro cosas para que memoricen, que avancen en los cursos y que cuando lleguen al mercado laboral, sean fáciles de manejar. Esa idea, enmascarada por palabras vanas o no, es repugnante. Mejor no comentar el panorama actual, que no es mucho mejor que el anterior, porque seguramente me encendería demasiado, y no hay que perder la compostura (en teoría). Claro que es terriblemente deprimente que los chicos de segundo lleguen a clase y se encuentren con que no tienen ni idea de a qué se enfrentarán a final de curso, ni mucho menos de cómo tendrán que afrontar el curso.

¿De qué te sirve un curso entero, dos cursos enteros, en los que lo único que hacen es prepararte para un examen? ¿Para que simplemente seas capaz de expresar en un papel durante dos horas todo lo que hayas memorizado si luego lo vas a olvidar tres minutos después? ¿Acaso eso merece la pena?
Aún sigo buscando la respuesta, porque, para mí, ese planteamiento no tiene ningún sentido, igual que tampoco tiene ningún sentido que se valore más el Bachillerato y/o la Universidad que un grado superior; en mi carrera he conocido a gente con grados superiores chulísimos y que me han dejado con la boca abierta al explicarme lo que hacían en los grados. Y, en cierto modo, me han dado envidia.

En mi caso particular, yo siento que el Bachillerato no me preparó para el mundo real. Fue todo muy teórico, muy poco aplicado a la vida real, a la práctica.
¿Si para mí fue un infierno? No. Fueron un infierno la presión, las veintitantas veces que llegué a oír "PAU" en un solo día (sí, llegué a contarlas), la sensación de que si no conseguías memorizarlo absolutamente todo y conseguir una nota estupenda eras un fallo. La asignatura que se te atragantaba y no conseguías sacar ni por las buenas ni por las malas. Eso sí fue un infierno. El problema no está en Bachillerato, sino en cómo orientan Bachillerato, en cómo orientan la enseñanza en general, sea el curso que sea. Estos dos cursos, en particular, están pensados para superar un examen, que es la PAU. Supuestamente, su misión es también prepararnos para la universidad. Pero eso es pierde por el camino. Y, la verdad, es muy triste. Es muy triste que se pierda a gente capaz por el camino, simplemente porque es incapaz de memorizar absolutamente todos los autores de teatro anterior al año 1939.
Recuerdo que, cuando mi madre volvió de la reunión de principio de curso (segundo de bachillerato), volvió diciéndome que, tal y como habían hablado mis profesores, parecía que íbamos a la guerra en vez de a afrontar un nuevo curso. Hubo una madre incluso que preguntó si sabíamos a lo que nos enfrentábamos. Por dios, que era un curso en el instituto, un conglomerado de exámenes, no una bomba que teníamos que desactivar. Claro que, tal y como varios de los profesores trataron el tema durante el curso, sí que parecía que íbamos a desactivar una maldita bomba. Daba la sensación de que si no superábamos la PAU, se acabaría el mundo. Nos hacían sentir así, y eso era una maldita estupidez. El mundo no se acaba simplemente porque tengas un mal día en un examen. Te fastidia, te obliga a reorganizarte, pero no se acaba. No eres menos por no sacar un diez. Habrá otra cosa en la que tú puedas dejar por los suelos a los demás. Pero eso, pocas veces te lo dicen.

La encontré hace mucho tiempo y es tan real que duele


Con todo esto que os estoy diciendo, cabe denotar un matiz: no digo que el Bachillerato no te prepare en absoluto, o que sea una pérdida de tiempo. Digo, sin embargo, que no te prepara tanto como podría, o como debería. Si volviera atrás y supiera lo que sé ahora, posiblemente haría un grado superior antes de entrar en la carrera; en mi carrera actual, posiblemente me sería mucho más útil. No le ocurriría lo mismo a alguien que estudiara ingeniería, o medicina, alguien que, posiblemente, sí os diga que el Bachillerato los preparó de forma, al menos, decente.
Lo que sí está claro es que debería cambiar, pero no de la forma en que va a cambiar con la nueva ley. Eso, desde luego, no es un paso hacia delante, ni una mejora; es un atraso terrorífico. Solo añade un proceso de selección más arduo, solo desmotiva más a los alumnos. Se ha luchado mucho por una educación decente y gratuita, y se la están cargando sin ningún remordimiento.Qué os puedo decir; solo que es triste. Muy triste.

En fin, bloggeros, estas son mis reflexiones de septiembre, mi extraña filosofía, que hoy quería compartir con vosotros. Gracias por leer esta enorme parrafada <3

Nos leemos, chic@s.