jueves, 23 de marzo de 2017

Review "La Bella y la Bestia" (2017)

¡Hola de nuevo, bloggeros!

Sí, sé que la última vez os prometí que la próxima entrada sería la reseña de la tercera parte de la Trilogía del Baztán, "Ofrenda a la tormenta" (con el cual ya he llegado a un cierto entendimiento después de días y días deliberando), pero el lunes pasado fui al cine con mi madre, mi hermana y mis tías a ver una película que llevábamos esperando durante bastante tiempo: el live-action de "La Bella y la Bestia". Y cuando salí del cine, llegué a la conclusión de que la película bien merecía una reseña, así que por decirlo de manera coloquial, esta se coló en la cola de reseñas pendientes y ascendió puestos con una rapidez que ni el mismísimo correcaminos. Tranquilos, sin spoilers (aunque teniendo en cuenta la película en cuestión, no creo que eso resulte un problema para nadie, en realidad).


Ficha técnica (aka. info general):

"La Bella y la Bestia" ("Beauty and the Beast", en inglés original) es un live-action de fantasía y romance basado en la película homónima que ya realizó Disney en 1991. Ha sido dirigida por Bill Condon y cuenta con un estelar reparto entre los que se incluyen Emma Watson, Dan Stevens, Ewan McGregor, Emma Thompson, Ian McKellen, Luke Evans, Josh Gad, Audra McDonald y Stanley Tucci. La música, como en la versión de 1991, corrió a cargo de Alan Menken e incluye canciones originales además de las que ya encontrábamos en la cinta original.

Argumento:

Érase una vez que se era, en un rincón de la brillante Francia, un príncipe que poseía todo lo que podía desear. Sin embargo, el príncipe era egoísta, déspota y consentido, y disfrutaba demostrando su ostentosidad y su riqueza celebrando portentosas fiestas. Una noche, en medio del fulgor de las luces y la armonía de las notas musicales, se presentó en su castillo una vieja anciana mendiga, pidiendo cobijo del terrible temporal. A cambio, la anciana le ofreció al príncipe una rosa. El príncipe despreció el regalo y expulsó a la anciana de su castillo, burlándose de su aspecto de pordiosera; ella le advirtió que no se dejara llevar por las apariencias, puesto que la belleza se encuentra en el interior, pero él volvió a despreciarla. Entonces, la anciana se convirtió en una bellísima hechicera. El príncipe imploró clemencia, pero ya era tarde, pues ella ya había visto que en su corazón no había amor. Como castigo, le transformó en una horrible bestia y lanzó un hechizo sobre el castillo y todos sus habitantes, como condición para romper el maleficio, el príncipe debía aprender a amar, y ganarse, a cambio, el amor de otra persona, antes de que cayera el último pétalo de la rosa encantada que ella le había ofrecido.
Gracias al maleficio, el príncipe y su castillo cayeron en el olvido.

Años después, en el  pueblo de Villeneuve, vive Bella, una inteligente y hermosa muchacha con una gran inventiva, adelantada a su tiempo y que adora leer. Bella, quien ansía vivir aventuras y ver el mundo, se siente atrapada en su pequeño pueblo, pequeño y repleto de gente de pequeñas miras, pero su padre, Maurice, opina que pequeño también es sinónimo de seguro, por lo que Bella continúa viviendo en él, día tras día como aquel que lo precedió. Sin embargo, cuando su padre desaparezca en un viaje al mercado, la joven se adentrará sin dudar en el bosque y llegará a un cierto castillo encantado en el que vivirá la mayor aventura de su vida.

Reseña general:

Como una de los muchos que crecimos durante los años 90, para mí, "La Bella y la Bestia" es un clasicazo, un largometraje imprescindible en mi colección y uno de mis favoritos personales (algo en lo que debemos culpar a la influencia de mi madre, cuyo cuento favorito es este, y cuya película favorita es esta). Puede decirse que cuando Disney anunció sus planes de un remake en live action tenía mis dudas, porque, si debo ser honesta, me daba un poco de miedo que la destrozaran o hicieran algo que no tenía nada que ver (como ya me ocurrió con "Maléfica", a la cual puedo rebautizar por su nombre cibernético, Benéfica, sin ruborizarme lo más mínimo). Destrozar "La Bella y la Bestia" habría sido un auténtico crimen.
Sin embargo, el live action de "La Cenicienta" sí me sorprendió para bien, reconciliándome con los live-action de la compañía, y reconozco que, a medida que Disney anunciaba a los actores que darían vida a los personajes, lanzaba un sneak peek, un teaser o un mero póster, mi interés crecía cada vez más, hasta el punto en que llegué a contar los días que faltaban para el estreno.
Cuando esperamos algo con tantísimas ganas, muchas veces, nos creamos grandes espectativas, y por ello a menudo el resultado final nos decepciona.
No ha sido así en absoluto.
Mis preocupaciones principales resultaron infundadas: esta nueva "La Bella y la Bestia" es un bello homenaje a su material de base, y es tan magnífica como lo es esta.

La cinta te encandila desde que las primeras notas del famoso prólogo se escuchan resonar por los altavoces del cine, precediendo a la voz de la Hechicera, la ambientación te mantiene pegado a la butaca y la línea narrativa nos guía a través de un precioso largometraje que añade una cierta información que enriquece a la historia y a los personajes que todos conocemos y que tantas veces hemos visto.
Es cierto que, evidentemente, no depara grandes sorpresas: la historia sigue siendo la misma, y sigue la línea exacta de la película de animación, llegando incluso a imitar los planos de cámara que ya veíamos en esta. 
Pero entonces, ¿qué ha cambiado? ¿Por qué merece la pena ver "La Bella y la Bestia"?
Porque derrocha corazón.


La película tiene un aire de nostalgia que nos resulta, a los viejos conocidos de la película animada, enternecedor y, en cierto modo, emocionante. En esta película, la animación cobra vida literalmente. Y eso nos da más.
Me explico un poco mejor: la cinta ha añadido metraje y, por tanto, historia. Y le sienta de maravilla, porque esas pequeñas piezas de historia, esos detalles cuidados son los que nos proporcionan más, ese algo que consigue que esta nueva versión encandile cuando ya tenía, gracias a su animada antecesora, unas espectativas demasiado altas.
Nos da más en el sentido de que conocemos más a Bella, a Bestia, a los personajes del castillo, a su historia personal. Nos da más en el sentido de que desarrolla a los personajes, a quiénes son y por qué llegaron a ser lo que son, al tiempo que evolucionan a aquello que vemos al final. Y no solo ocurre con los principales, sino también con los secundarios y, en último término, con los villanos.
Este alargamiento de metraje también ha servido y muy bien para aplacar esos flecos sueltos que quedaban en la cinta original (por ejemplo: ¿A qué edad fue hechizado Bestia, si la rosa solo sigue fresca hasta su vigésimoprimer cumpleaños? o ¿Por qué nadie en la aldea se acuerda del castillo?), y aporta explicaciones que satisfacen al espectador.
Por supuesto, otro punto a favor de la cinta es su ambientación. La ambientación de la película es maravillosa, el uso de los colores, las luces, el vestuario (mención muy especial para el vestuario, que es realmente impresionante), el escenario... Y las canciones.
Cómo olvidarnos de las canciones, de la magnífica banda sonora que tiene la película. Que Alan Menken es un maestro lo sabe hasta el más pintado, pero él lo reafirma sin siquiera despeinarse con los añadidos a las canciones originales y las nuevas e inéditas para la película (si "Evermore" no gana un Óscar el año que viene, estaré más que solo decepcionada). Superarse era difícil: el señor Menken lo consigue. Todo hay que decirlo: en inglés es incomparable. En español sí que es un poco más floja, pero, siendo honesta, era imposible superar a la versión original. Mil gracias a Disney España por respetar la traducción original de la cinta animada: si no lo hubiera hecho, no estaría alabando la banda sonora en español, os lo aseguro.


Era evidente que, en el plano actoral, "La Bella y la Bestia" no podía fallar. Tiene un reparto con actores espectaculares, con una gran diversidad (otro punto a favor en la cinta), así que fallar en ello no era una opción y, por supuesto, no lo hace. Si hay un aspecto que da a la cinta la calificación de obra maestra, junto al añadido del metraje y la ambientación, ese es sin duda el trabajo que realizan los actores: se meten en la piel del personaje, lo adoptan y lo hacen suyo, de tal manera que puedes ver la actuación de Dan Stevens a través del CGI que se utilizó para crear a Bestia, y la de Emma Thompson, y la de Ewan McGregor, y la de IanMcKellen. Sus expresiones, sus gestos, no se pierden a pesar de los efectos especiales. Cada actor borda su papel, en un trabajo cuidado y con eterno mimo.


Emma Watson es Bella. Tal cual: la actriz borda el papel con una naturalidad escalofriante, desde el principio hasta el final. Es Bella, esta nueva Bella que añade más cosas a la Bella que ya conocíamos. Sí, es cierto, esa Bella ya era todo un golpe en la mesa que sacudió el canon de las princesas lánguidas que esperaban a su príncipe, pero esta acentúa aún más esa vena rebelde. Estamos ante una Bella que aprovecha al máximo su carácter feminista, su lado irónico e inteligente, y su brillantez, una Bella que enriquece aún más a su predecesora y la hace incluso más natural, más real, más de carne y hueso, algo evidenciado, por ejemplo, por el ruidito de frustración que deja escapar durante el reprise de "Bella".
Bestia...qué diferente es esta Bestia. No porque su personaje cambie de forma sustancial, sino porque cambia con más sustancia. Con más base. Entendemos mucho mejor a Bestia en esta nueva película, por qué es ese príncipe egoísta, déspota y consentido, y el nuevo largometraje ahonda más en el personaje (un personaje menos brusco que en el original, dicho sea de paso) y le da una dimensión más amplia. Personalmente, le tengo un cariño especial a esta nueva Bestia, que se gana el corazón del espectador de forma definitiva cuando canta "Evermore", en la escena más bonita de la película. Su relación con Bella también es muchísimo más explorada en este nuevo filme, algo con lo que sale ganando: se conocen el uno al otro, descubren qué tienen en común, en qué se diferencian, bromean. Su conexión es más palpable, y eso le hace un gran bien a la película.

Los secundarios, como ocurría en la versión animada, son oro puro. Lumière, la señora Potts, Ding-Dong, Chip, todos ellos conservan su esencia y se desarrollan; se les da más protagonismo a personajes que pasaban desapercibidos en el clásico. El gran ejemplo es Maurice, quien es menos excéntrico pero igual de fácil de querer, y gana un protagonismo que le sienta de maravilla, a él y a la historia.
No olvidemos a LeFou, la gran revelación de la cinta: en la original, LeFou es cargante. En esta, es un gran personaje, con más matices incluso que el propio Gastón, y un giro que le favorece, sin abandonar un cierto toque cómico que caracteriza al personaje. Josh Gad está espléndido en el papel, parece hecho por y para él.
Gastón gana como villano. Al menos, desde mi punto de vista. A medida que avanza la película, va ganando matices, va cambiando y volviéndose cada vez más agresivo, llegando a tales extremos que llega a ser parcialmente escalofriante. Un buen villano, como lo es su antecesor.

Ejemplo del movimiento de cámara
Si hay una pega que ponerle a la película, porque, como todas, las tiene, es el movimiento de la cámara en momentos muy puntuales. Bill Condon se ha empeñado en realizar barridos de 360 grados con demasiada rapidez y con demasiada frecuencia, algo que no solo desenfoca el plano y quita percepción al espectador, sino que también resulta mareante. En el aspecto técnico, también es donde podemos ser un poco más críticos: el CGI no resulta del todo real, sigue teniendo un toque algo artificial, pero sí es cierto que es muy complicado y está, para lo complicado de la tarea, muy logrado. Y como pega de narrativa...seguimos sin saber cómo se llama el pobre príncipe. Posiblemente, nos quedaremos con la duda (sobre todo después de que Disney confirmara, después de una buena cantidad de años, que su nombre no es Adam).


Conclusiones finales y mi nota particular:

Os seré sincera: no vayáis al cine con ánimos de encontraros una nueva versión del cuento que nada tenga que ver con la versión de la historia que creó Disney. Si deseáis eso, poneos a ver la versión francesa de 2015. No, esta cinta es un homenaje a la versión de Disney, y toda su línea de metraje sigue a pies juntillas el guion del clásico original.
"La Bella y la Bestia" es, por tanto, un remake innecesario (pues la original envejece de maravilla), pero más que solo agradecido. Una vez más, aprendemos que la belleza se encuentra en el interior. Los minutos de metraje añadido sientan muy bien al argumento, a los personajes y a sus historias personales antes de los eventos de la película, y proporcionan un aire fresco y propio a la reinterpretación disneyniana de la historia que todos conocemos. Nos aporta trasfondo, nos responde a una serie de cuestiones (por ejemplo, la fallecida madre de Bella) y enriquece la relación entre Bella y Bestia, la hace más humana y más creíble. Ante todo, esta nueva versión es un tributo a su material original, un tributo realizado con mimo y cariño por la industria para los espectadores, aquellos que crecimos con la película animada y aquellos que la tenemos en un lugar especial en nuestro corazón.
La ambientación es preciosa, el vestuario, magnífico, y el reparto está más que solamente espléndido: cuesta encontrar a alguien que haga una actuación mediocre en esta película, o simplemente "solo buena". Las canciones, las de siempre, nos devuelven a la infancia; las añadidas, nos enternecen el corazón. Ir a ver esta película al cine es encandilarse con la pantalla, con una sonrisa en los labios y dejándose llevar por la sucesión de planos sin el más mínimo esfuerzo y con la gran satisfacción. Si no fuera por el pequeño incoveniente de unos barridos de 360 grados demasiado rápidos, yo la calificaría de obra maestra.
Por ello, sí, os la recomiendo, os la recomiendo encarecidamente: id a verla, porque realmente merece la pena.

Mi nota para "La Bella y la Bestia" es de:
9'5/10

¡Nos leemos, bloggeros!

sábado, 11 de marzo de 2017

Reseña "Legado en los huesos" (Trilogía del Baztán 2)

¡Hola de nuevo, bloggeros!

Aprovecho para publicar antes de que empiecen los que yo llamo "los dos meses terroríficos del cuatrimestre", en los que los exámenes se aproximan, los profesores deciden meter el turbo porque se ven agobiados para terminar el temario y deciden de repente que empezar a mandar trabajos sorpresa a traición y a mansalva es una idea genial para animar al alumnado.
La última entrada que publiqué era una reseña del libro "El guardián invisible", el primero de la Trilogía del Baztán de Dolores Redondo, una trilogía con la que he estado bastante enganchada estas últimas dos semanas. Así que hoy os traigo la reseña de su secuela, "Legado en los huesos"; aunque no contiene spoilers del libro, sí contiene spoilers del primero, os lo aviso por si acaso.



Sinopsis
Ha pasado un año desde la resolución de los crímenes cometidos por el asesino que se conoció como "el basajaun" y que sembraron el miedo y la incertidumbre en el valle del Baztán. A punto de dar a luz a su primer hijo, Amaia Salazar, la inspectora que llevó y cerró el caso, se prepara para asistir al juicio contra Jasón Medina, padrastro y asesino de Johana Márquez, crimen con el que la inspectora se cruzó en la investigación del basajaun y en el que reunió las pruebas incriminatorias que delataban la autoría del acusado. Antes de que el juicio tenga la oportunidad de comenzar, sin embargo, el juez suspende la sesión: el asesino acaba de suicidarse en los baños del juzgado, y ha dejado escrita una inquietante nota dirigida a la inspectora Salazar. Esta nota contiene una única palabra, tan extraña como desconcertante: Tarttalo.
Pocos meses después, tras su baja de maternidad, Amaia es requerida para investigar unas siniestras profanaciones en la Iglesia de Arizkun...y que podrían estar relacionadas con el odio ancestral hacia una cultura diferente.
Ambos casos, en su aparente desconexión, llevarán a la inspectora a una verdad oculta en sus propios huesos, una verdad que deberá investigar a fondo para comprender qué ocurre exactamente en el valle del Baztán.

Mi opinión
Me leí "El guardián invisible" en poco menos de dos días, lo cual os da una idea de lo mucho que devoré la novela. Me gustó, y mucho, eso es evidente, pero cuando cogí "Legado en los huesos" me vi inmersa, repentinamente, en un frenesí literario. No podía dejar de leer, de forma bastante literal: la novela deja por los suelos el famoso refrán "Segundas partes nunca fueron buenas".
Porque "Legado en los huesos" no es solo igual de buena que "El guardián invisible". Es mejor que "El guardián invisible", o, al menos, a mí me ha gustado más.

El río Baztán
Esta novela, igual que su predecesora, te atrapa en la lectura, te sumerge en la historia y te lleva de la mano junto con Amaia en cada uno de los pasos que ella recorre para seguir las líneas de investigación. Dolores Redondo aprovecha los toques fuertes de su novela predecesora y los mejora para crear una historia innovadora y embriagadora que bebe directamente de su estilo personal: la autora recupera el hilo mitológico del que se sirvió en el primer libro para ilustrar la magia que envuelve al valle y que guía a nuestra protagonista, y lo hace de una forma peculiar, sutil pero palpable. También regresamos a las descripciones exhaustivas del valle, esas que consiguen transportarte al río Baztán solo con palabras, a la magia que se respira en el lugar. Estas declaraciones exhaustivas son tal vez el único momento en el que el libro puede resultar a ser un poco pesado, pero eso ya pasaba con su antecesor, y, como ocurría con este, Redondo se las apaña para, justo después de esa descripción que ya empieza a resultar pesada, volver a captar la atención de su lector con un acontecimiento o un avance en la investigación.

Posiblemente, el punto fuerte (en el plano formal) de "Legado en los huesos" se encuentra en tres factores que se solapan para hacer de ella una gran novela: su capacidad para sorprender al lector, su proeza a la hora de seguir la línea narrativa de la primera novela, mantenerla y mejorarla para impresionar al receptor una vez más y, por último, esa misma línea narrativa. La historia que narra nos presenta una originalidad peculiar, con un asesino poco corriente...y hasta ahí puedo leer.
La gracia de "Legado en los huesos" es que se las apaña para presentar dos investigaciones simultáneas, ambas sin relación aparente más que en ambas se pide explícitamente la presencia de Amaia, llevarlas cada una por su cauce hasta el momento justo y después entrecruzarlas para crear una historia coherente y sorprendente que deja al lector con la boca abierta.
En mi caso particular, yo debo admitir que estaba mucho más intrigada por el caso del Tarttalo que por el caso de las profanaciones...hasta un cierto suceso, que le da la vuelta por completo a este último para provocarnos una curiosidad morbosa e insaciable, haciendo que el interés por ambos caso se acreciente.
La Iglesia de Arizkun, escenario importante en la trama
El ritmo de la novela no decae en ningún momento, es más ligero de lo que era en su predecesor (y, por desgracia, mucho más ligero e interesante de lo que será en su sucesor, "Ofrenda a la tormenta"). Otro de sus puntos fuertes en cuanto a historia y línea narrativa, es la inclusión de pequeños fragmentos del pasado para observar a Rosario y Juan, los padres de Amaia antes de que ella naciera. Como en el primer libro, esto nos sirve para suscitar nuestra curiosidad...y para resolver algunos asuntos que no entendíamos del todo en el primer volumen con respecto a la inspectora y su pasado. Gracias a ellos entendemos, y, lo que es más importante, nos enganchamos aún más en la historia. Punto a favor por incluir algo del pasado de Engrasi, quien es un personaje que está bastante desaprovechado para todo lo interesante que resulta a ojos del lector. De nuevo, la novela combina maravillosamente la historia personal de Amaia con la historia de la investigación; lo que para unos es una desventaja (muchos critican que la novela se centre tanto en los problemas personales de Amaia como en la investigación), para mí es un gran rasgo distintivo de la trilogía. La historia no se trata únicamente de los sucesos raros (que los hay, y muchos) en el Valle del Baztán, sino también en Amaia, en una mujer con sus luces y sus sombras que trata de esclarecer las del valle para hacerlo con las suyas.
Como en "El guardián invisible", el final llega de forma repentina, casi apresurada. Sin embargo, al contrario de lo que pasaba con "El guardián", aquí no resulta tan brusco, ni tan apresurado, no sé muy bien si porque el lector se ha acostumbrado a este rasgo (que parece ser propio de la narrativa de la autora) o porque el ritmo en este segundo volumen mejora en sobremanera. Desde luego, es un final que sorprende por completo al lector: no había forma de verlo venir (al menos, no por completo).

Hablamos ahora de los personajes: este nuevo volumen nos sirve para adentrarnos aún más en conocer a los personajes, para entender por qué actúan como actúan, para encariñarnos aún más con ellos. Por supuesto, el personaje del que más aprendemos es, una vez más, Amaia. De ella vemos en esta entrega una nueva faceta de debilidad: si en la primera es la que nace del miedo por un pasado terrorífico, en esta es aquel que nace de no ser capaz de hacer las cosas bien con su bebé. Amaia pasa por momentos duros, y en ocasiones puede ser irritante, pero siempre con un matiz justificable: acaba de tener un bebé y está muy asustada por no ser capaz de ser una buena madre. Necesita ser buena madre, porque la suya no lo fue. Es un miedo muy humano, y muestra muy bien la faceta que queda oculta de la perfecta maternidad que nos muestran los libros pre-mamá. No todo es tan rosa, tan bonito y tan brillante. Ese miedo post-parto está muy bien plasmado.
Hay que hacer una mención importante a James, su marido. Si bien es un personaje bastante plano, es verdad que le queda un milímetro para ser considerado un santo (y ya no digamos en el tercer libro...).
El círculo familiar de Amaia vuelve a formar una parte importante de la trama. Si bien la que experimenta un cambio aparentemente mayor es Ros, quien empieza a coger por fin las riendas de su vida, Flora también marca una diferencia. Hay un pequeño tema con Flora que tiene en vilo al lector, una relación con un personaje del libro anterior; aunque no se resuelve en este volumen, sí es el responsable de plantar el germen de la curiosidad en el lector. La tía Engrasi, como ya nos tiene acostumbrados, es el punto de tranquilidad al que acude Amaia cuando se siente perdida...y poco a poco el lector acaba por verla de la misma manera. La tía Engrasi aporta el toque de calma y, a la vez, el toque de misticismo que es tan propio de la novela, sin el cual no sería la misma. 
En esta novela también conocemos mejor a uno de los grandes misterios de la trilogía y uno de los que más enganchan al lector: Rosario, la madre de Amaia. Conocemos su pasado, empezamos a entender por qué acabó siendo lo que es, profundizamos en el personaje. Si "El guardián  invisible" ya nos dejaba claro que Rosario era mala, "Legado en los huesos" nos confirma que no es solo mala. No, no qué va. Es malvada. Pérfida. Cruel. Todo ello y a la vez, con ese matiz del que tanto se habla en el libro terroríficamente acentuado. Es complicado encontrarse con un personaje que ponga los pelos de punta tanto como lo hace Rosario. Y eso la hace tan buen personaje, una antagonista tan trabajada y tan buena.
Por supuesto, el ámbito laboral de Amaia está también muy presente en la novela: son la otra gran mitad de personajes, los que conforman la historia del Baztán. A los miembros de la policía foral también los conocemos un poquito mejor en esta entrega, y consiguen colarse en el lector un poquito más de lo que lo hicieron en el primer volumen. En ese sentido, el tratamiento de los secundarios, si bien aún en segundo plano, mejora en este segundo volumen.
Tenemos, por supuesto, a Jonan Etxaide, mi personaje favorito de la trilogía por antonomasia. Dulce, trabajador y leal, un amigo de corazón, siempre en la línea de fuego y poniendo la mano en el fuego por aquellos en los que confía. Jonan es, sin lugar a dudas, el personaje de la trilogía al que es imposible no querer.
En este ámbito de la comisaría recuperamos a otros tres compañeros de Amaia que juegan papeles importantes en la novela: Iriarte, Zabalza y Montes. Si bien Iriarte consigue ganar puntos ante Amaia y ante el lector por su disposición y compañerismo, Zabalza hace lo contrario. Los pierde estrepitosamente por su incapacidad de aceptar que le dé órdenes una mujer, y, sin embargo, consigue provocar una cierta compasión en el lector cuando averiguamos que, en realidad, ese rechazo hacia Amaia es una manera de rechazarse a sí mismo, porque es incapaz de aceptarse como es. Y, en ese sentido, inspira una cierta lástima que casi acaba con su irritante poca disposición. Casi, pero no. No aquí.
Y llegamos, pues, al inspector Montes. El inspector Montes, quien, suspendido por los sucesos de la novela anterior, parece seguir (en la primera mitad del libro) con sus estupideces y tonterías, llegando a presentarse una vez más como un cretino insufrible...hasta que toca ese punto de quiebre, ese roce con Amaia que consigue que la respete y la vea como su superior, sin rencor ni prejuicios. Y entonces, el inspector Montes sorprende al lector: acaba calando en nosotros, convirtiéndose en un personaje directo y divertido. Leal, incluso, dispuesto a todo por cubrirle las espaldas a su jefa y amiga, aquella a la que un día apodó "la poli estrella de los cojones". Una gran evolución de Montes, que consiguió, por fin, hacerse con mi aprobación como personaje. Montes acabó por gustarme, y mira que tenía mi percepción de él en el subsuelo.
Como personajes nuevos que merece la pena destacar, encontramos al juez Javier Markina. Un joven y atractivo juez, con una descarada y patente chulería que desde el primer momento apesta a chamusquina, aunque no logramos averiguar por qué. Como lectora, y en mi opinión particular, no os podéis imaginar lo pesado que se me hace este personaje. Para mí, es el típico niño guapo acostumbrado a obtener lo que quiere con su carisma personal, y me resulta...inaguantable. De acuerdo con su descirpición y su papel en la historia, está pensado para ser un seductor, para tentar, pero creo que en esta parte de la historia solo consigue dar grima. De verdad, yo, en particular, no puedo tragarle.
No os hablaré del villano principal...porque sería arrebataros una de las grandes sorpresas del libro. Y de verdad, es algo que merece la pena ver por uno mismo. Solo os diré que es un villano poco habitual...peculiar. Diferente. Y es un gran punto a favor de la historia.

Conclusiones finales y mi nota particular


"El guardián invisible" dejó el listón bastante alto: una historia atractiva e interesante, que engancha a más no poder y de cuyas páginas no eres capaz de despegarte, con una protagonista femenina llena de matices fuerte, independiente y, a la vez, tan frágil como solo puede estarlo una mujer a la que hizo mucho daño la persona que debía protegerla. Era difícil superar esto, pero "Legado en los huesos" lo consigue sin apenas esfuerzo. De nuevo, la historia es adictiva, la combinación de ambas líneas de investigación que acaban por unirse en una única línea tras un hecho desconcertante arrastran al lector con la fuerza de las aguas del río Baztán.
Dolores Redondo tiene muy claro lo que quiere conseguir, y tiene muy claro de qué manera quiere hacerlo. Cada palabra está impregnada de su estilo personal, y, de nuevo, la magia de su pluma vuelve a sumergirnos en una historia cautivadora. La mezcla de mitología, magia y realidad que tan novedosa resultaba en el primer volumen regresa con fuerza en este segundo, envolviendo al lector y empujándole poco a poco a continuar la investigación, creando un nuevo panorama de mito y realidad que tanto cautiva; y la ambientación vuelve a ser uno de los puntos fuertes de la trilogía. De nuevo, nos trasladamos a Elizondo sin movernos de nuestro sitio, corremos por el bosque o pisamos la Iglesia de Arizkun para investigar estas extrañas profanaciones.
La novela no pierde ni por un segundo esa capacidad suya de sorprender al lector, de dejarle anonadado y con ganas de saber más en cada capítulo. Los personajes se hacen querer, con ese matiz tan humano de profesionalidad combinada con debilidades y problemas personales. El ritmo narrativo es ágil, rápido y bien llevado, mejor incluso que en su predecesor. Y la historia...inmejorable. Gran manera de unir ambas líneas de investigación, gran manera de hilar absolutamente todo, de dejar al lector boquiabierto y con ganas de más, de seguir leyendo más y de coger al instante el tercer volumen, "Ofrenda a la tormenta". Y, por supuesto, gran manera de mostrar las luces y sombras de combinar ambas facetas de nuestra vida: profesional y personal, además de mostrar a una protagonista femenina luchadora y especialmente humana, con sus buenos y malos momentos...y esa capacidad de sorprendernos.

Mi nota para "Legado en los huesos" es:
9/10

La próxima entrada será el turno de "Ofrenda a la tormenta", que también me he leído...y bueno, ya os comentaré en esa próxima reseña.
Nos leemos pues, bloggeros <3

lunes, 27 de febrero de 2017

Reseña: "El guardián invisible" (Trilogía del Baztán 1)

¡Buenas a todos, bloggeros!

Para despedirnos de un febrero que ha pasado demasiado rápido os traigo una nueva reseña literaria, esta vez del primer libro de una trilogía que ha sacudido el mundo literario y se ha ganado la admiración de una gran cantidad de lectores a lo largo de todo el mundo. Os hablo de "El guardián invisible" de la autora Dolores Redondo,  la primera entrega de la aclamada trilogía del Baztán. Tranquilos, cada vez me cuesta menos contenerme y os confirmo que no hay spoilers en la reseña.


Sinopsis
En plena madrugada, la inspectora de homicidios Amaia Salazar recibe una inquietante llamada: sus compañeros de la Policía Foral han encontrado el cadáver de una niña de doce años en la linde del río Baztán, en Navarra. Al llegar allí, Amaia se encuentra con que el cuerpo ha sido dispuesto de una manera ritual, con un cuidado modus operandi y una escenificación de lo más variopinta e inquietante. Una vez en  comisaría y al realizar las primeras comprobaciones del caso, la inspectora y sus compañeros se dan cuenta de que las circunstancias del asesinato de la joven Ainhoa Elizasu coinciden de forma sospechosa con el de Carla Huarte, otro asesinato ocurrido un mes atrás: ambas víctimas se encontraban en la adolescencia, ambas fueron asesinadas de la misma manera, sus cuerpos fueron dispuestos de la misma inquietante forma...y ambas provienen de los alrededores de Elizondo, un pueblo de Navarra del que también es originaria la propia inspectora Salazar.
Con el objetivo de encontrar y detener a ese monstruo que está matando niñas antes de que sea tarde, Amaia se verá obligada a regresar al pueblo en el que nació y pasó su infancia, una infancia cruda y dolorosa. En su carrera a contrarreloj, la inspectora deberá enfrentarse no solo al monstruo que se esconde en los márgenes del río Baztán, sino también a sus propios monstruos que se esconden en su pasado como un demonio interno y oscuro, esperando al instante propicio para devorarla y ahogarla en el miedo.

Mi opinión
Como una gran parte de los libros que acabo leyendo, esta trilogía me fue recomendada por mi madre, alguien de quien he heredado la pasión por los libros y la avidez lectora. Llevaba meses insitiéndome para que leyera la trilogía, lanzándome indirectas muy directas desde "el libro este que me estoy leyendo me tiene en vilo, súper intrigada" hasta "te los tienes que leer". Así que hace una semana, en la calma que precede a la tempestad que son los dos últimos meses de un cuatrimestre en la universidad, me decidí por fin a leerlos.
Ya os adelanto que no me ha dejado en absoluto indiferente.

"Ainhoa Elizasu fue la segunda víctima del basajaun, aunque entonces la prensa todavía no lo llamaba así. Fue un poco más tarde cuando trascendió que alrededor de los cadáveres aparecían pelos de animal, restos de piel y rastros dudosamente humanos, unidos a una especie de fúnebre ceremonia de purificación. Una fuerza maligna, telúrica y ancestral parecía haber marcado los cuerpos de aquellas casi niñas con la ropa rasgada, el vello púbico rasurado y las manos dispuestas en actitud virginal."

Así comienza "El guardián invisible" y solo por esas brevísimas líneas ya podéis imaginar que la historia que contiene este libro va, como mínimo, a impresionar a su lector. No, en absoluto, "El guardián invisible" no deja indiferente a absolutamente nadie. Como tengo por costumbre, vayamos por partes, bloggeros:

Elizondo, el pueblo en el que se desarrolla la acción de la trama

Dolores Redondo tiene una manera de narrar muy personal, ágil y dinámica, con un talento especial para no solo describir con maestría los escenarios en los que se desarrolla la acción, sino para sumergir al lector en ellos. Mientras lees, casi puedes oír el crujido de las hojas del bosque bajo tus pies, el viento en tus mejillas y la humedad del río en el extremo de los dedos. La autora es muy gráfica en ese sentido (algo que debo admitir que admiro: yo no soy capaz de describir un escenario de manera tan buena sin aburrirme a mí misma o pensar que estoy haciendo el idiota), y esa es una de las características más peculiares de la novela, una marca de estilo inconfundible. Redondo ha escogido el Valle de Baztán como escenario, o eso es lo que piensa el lector cuando comienza a leer la novela. A medida que avanza, sin embargo, se da cuenta de que esto no es así: ni el valle es solo un escenario, ni ha sido una elección por parte de la autora. No, esta historia no se podría haber contado en ningún otro sitio, porque el valle, más que un escenario, es un personaje más de la historia, transformando a la naturaleza en uno de los temas principales del libro. El escenario tiene vida propia y emana magia y belleza en cada rincón, incluso en aquellos en los que se esconde el peligro. Esta historia, la historia de Amaia y las víctimas del "basajaun" no podrían haber existido en otro contexto, por otra particularidad del libro, una particularidad no solo muy bien recibida y manejada sino también innovadora: la mitología vasco-navarra es un elemento que está muy presente en el libro.
Guía su línea argumental y es, precisamente, uno de los componentes que más llaman la atención de la novela. Técnicamente, la novela es un thriller, una novela negra con tintes escabrosos: nuestra protagonista es una mujer muy racional, muy guiada por la ciencia (al fin y al cabo, es policía). Nadie se espera que, al ir leyendo la novela, esta comience a combinar con maestría la fría razón y lógica con la mitología y la fantasía. Sin embargo, Redondo lo hace, y lo hace maravillosamente, tanto que la presencia de personajes mitológicos en los bosques y el río Baztán resultan tan verosímiles como la oscuridad que se apodera del valle al caer la noche. Un punto a favor de la novela y que la distingue de otras novelas policíacas es ese uso y explicación de la curiosa e interesante mitología vasco-navarra y cómo encaja de manera tan fácil con la realidad. Para mí, fue una gran sorpresa y muy bien acogida.

El hilo argumental de la novela está muy trabajado y muy conseguido. Para mí, es difícil que un autor maneje con maestría la intriga de la novela policíaca, esa que te mantiene pegado a las páginas del libro mientras no paras de dar vueltas a las pistas que te van proporcionando y pensando "¿Quién es? ¿Quién es el asesino?" Yo, al menos, no lo vi venir en ningún momento: tenía mis sospechas, pero estas dieron un vuelco en el último momento y me llevaron a un culpable al que jamás me hubiese marcado como tal. Dolores Redondo, sin embargo, lo consigue: nos mantiene pegados a las páginas del libro con una facilidad abrumadora.
La novela te mete en su historia, y yo admito que incluso me fui a dormir algo sugestionada la primera noche: era imposible no leer las descripciones de los cadáveres de las niñas, especialmente su mirada, y no sentir un escalofrío recorrer tu espalda. En ese sentido, si sois fácilmente impresionables u os hacéis una imagen mental muy vívida mientras leéis, os aconsejo que no os leáis esa parte por la noche...aunque no sea nada fácil parar de leer.
Poco a poco, la novela nos proporciona pistas poco a poco, y crea en el lector una adicción, la necesidad de seguir leyendo aunque sean las tres y media de la mañana porque necesitas respuestas, porque necesitas saber, ya no solo acerca del caso, de la investigación, sino también de la propia vida personal de Amaia. El argumento compagina muy bien los misterios de la investigación con la vida de Amaia, especialmente su pasado, un pasado desgarrador y terrible, que consigue romper el corazón del lector (como si las pobres niñas asesinadas no fueran ya suficiente). Va intercalando ambas historias, ayudándonos a establecer poco a poco el sentido y a crear el complicado puzzle que resulta ser el regreso de Amaia a Elizondo.
No dejéis que el argumento os engañe: "El guardián invisible" no es solo la historia de la caza de un asesino en serie. Es también la historia de la caza de los demonios de una mujer traumatizada y marcada de por vida por sus recuerdos. Y eso no la hace peor novela en absoluto, sino todo lo contrario: la convierte en única en su especie. El escenario, la mezcla entre mitología y realidad y la historia, ambas historias (la investigación y la de los miedos de Amaia), son el alma de la novela.
Tal vez la pega que pondría a la historia es su ritmo: en esta primera novela, y como opinión personal, yo tuve la sensación de que llegó un momento en el que la investigación se atascó, quedó atascada durante un tramo del libro, y, posteriormente, se resolvió (casi) todo en las últimas páginas. Es, posiblemente, la única pega que yo le pondría a la novela.

En cuanto a los personajes...en esta primera novela, reconozco que gran parte de ellos me dejaron algo fría. La protagonista, Amaia, es una mujer...peculiar. Compagina de manera muy humana la fragilidad y la fortaleza, el miedo y la valentía: es una mujer marcada. Al principio, no es fácil conectar con Amaia. No es fácil ni para el resto de personajes ni para el lector, y ahí radica la buena construcción de su personaje: Amaia se esconde de sus miedos bajo su coraza, y, hasta el momento en el que el lector no averigua qué le ocurrió, no conecta con ella. Es, en ese sentido, una buena protagonista.
Al lado de Amaia tenemos a su fiel compañero, el subinspector Etxaide, quien se gana rápidamente y con méritos propios el cariño del lector. El resto de compañeros de Amaia en la policía, la verdad, no tienen un peso importante en esta novela, a excepción del inspector Montes, que en esta primera parte es poco más que un irritante y bastante aborregado dolor de muelas.
La familia de Amaia, por otra parte, sí tiene un peso desmesurado en la historia, y tienen unas personalidades de lo más curiosas, pero muy bien definidas. La adorable y pitonisa tía Engrasi (una mujer que, solo por su habilidad a la hora de utilizar el tarot ya tiene toda mi atención), el complaciente y casi demasiado bueno marido de Amaia, James, quien es un sol de hombre, y las dos hermanas de Amaia, dos polos opuestos: la dulce y abnegada Ros, que solo ahora empieza a darse cuenta de que debe dejar de complacer a todo el mundo y preocuparse más de sí misma, y la inaguantable e insoportable Flora. De verdad, si hay un personaje al que no soporto de este libro, esa es Flora...sin contar a Rosario, la complicada madre de Amaia, a la que conocemos en flash-backs sobre el pasado...y de la que es mejor no decir nada. Si decidís leer el libro, ya entenderéis a qué me refiero.

Es fácil identificar los temas que subyacen en la primera entrega de la trilogía del Baztán: la muerte, la impredecible naturaleza, la fragilidad y la fortaleza como dos caras de la misma moneda, exactamente igual que mitología y realidad, y un paisaje de ensueño que esconde tantas historias en cada piedra y cada calle...Todos ellos entrecruzados con maestría para crear una historia intrigante, conmovedora y apasionante, que mantiene al lector pegado a cada página del libro, convenciéndose a sí mismo de que este será el último capítulo antes de irse a dormir.

Conclusiones finales y mi nota particular
Si hay que elegir una única palabra para describir "El guardián invisible", esa palabra es "adictivo". La novela posee los tintes de lo macabro y lo fantástico necesarios para mantener a su lector pegado a sus páginas, devorando cada palabra para intentar encontrar las respuestas a su intriga, esa que hace acto de presencia desde el primer párrafo.
La novela es innovadora: combina de forma maestra e increíblemente verosímil la fantasía de la mitología vasco-navarra con la dura realidad que supone una novela policíaca centrada en la caza de un asesino en serie. La pluma de Redondo, gracias a unas descripciones logradas y envolventes, consigue transportarnos al valle, que sintamos el viento en el rostro y el olor de las frondosas hojas verdes, mecidas gracias a la corriente del río Baztán. En cierto momento, eso puede llegar a saturar al lector, pero es en ese justo momento cuando la investigación avanza, algo sucede y el lector recupera al instante el hilo de la narración, un hilo apasionante y atrapante, que va utilizando la bifurcación de la historia para ir construyendo un complejo castillo de naipes que únicamente se desavelará en el último momento. Por suerte, el libro no cae en ningún momento en el principal problema que puede tener un thriller: ser predecible. Aunque nos proporciona pistas aquí y allá, ligeras indicaciones que nos dirigen hacia la dirección correcta, en ningún momento somos capaces de vislumbrar la verdad completa hasta que no la tenemos encima.
Los puntos fuertes de la novela son, sin lugar a dudas, su escenario (el bello Elizondo y su mitología), que es más un personaje que un escenario, la capacidad de la historia para aunar la investigación de Amaia y su propio pasado, aderezándola con varias subtramas que, aparentemente no significan nada y acaban dando su esencia al libro, y el conjunto de dicotomías que nos muestra (fragilidad y fuerza, mitología y ciencia, verdad y fantasía). También destaca en el amplio abanico de sensaciones que provoca en el lector: a medida que avanzamos, sentimos congoja por las niñas asesinadas y por el dolor de sus familias, nos ponemos en tensión cuando llegamos a un descubrimiento importante, nos comemos las uñas por saber. Redondo nos arrastra al valle, nos sumerge en su historia y nos guía de la mano a través de un cuento de terror e intriga innovador y complejo, un soplo de aire fresco en la literatura actual.
El único problema, la única pega que yo pondría al libro, es su ritmo: si bien es cierto que no llega a decaer, sí se ralentiza a medida que el final se acerca, hasta que llega a sus últimas páginas, donde, con una rapidez de vértigo, se resuelve de repente el caso, en un final tal vez demasiado apresurado.
Sin embargo, eso no la hace menos recomendable: os aconsejo que, si no la habéis leído, os apresuréis a conseguirla y le deis una oportunidad, porque no creo que os arrepintáis.

Mi nota para "El guardián invisible" es:
8'5/10
¿Solo un 8,5? ¿Después de lo bien que la he puesto?
Parece...raro, ¿verdad?
En realidad, tiene una explicación fácil: "El guardián invisible" es una muy buena novela, pero ha tenido la mala suerte (o la buena) de que he hecho la reseña habiéndome terminado su segunda parte, "Legado en los huesos", que sigue su estela...y la mejora considerablemente ;) . Espero poder hacer reseña de ella dentro de poco.

¡Nos leemos, bloggeros!




viernes, 10 de febrero de 2017

La verdadera magia de "Harry Potter"

¡Buenas a todos, bloggeros!

Hoy os traigo algo un poco distinto a lo que os tengo acostumbrados, pero lo cierto es que  llevo un par de meses queriendo darle un vuelco a esto y orientarlo un poco hacia un cauce más profesional, además de, evidentemente, hacerle un poco más de caso al blog y darle más presencia. Hoy me apetece compartir con vosotros este reportaje, que hice el cuatrimestre pasado para una de mis asignaturas de la universidad: teníamos que escoger un tema sobre el que hacer una investigación y realizar un reportaje, y, como buena pottermaníaca que soy, yo decidí que no había tema mejor que Harry.
Os dejo, pues, con mi primer reportaje.

La verdadera magia de Harry Potter

Causas del fenómeno fan conocido como "Pottermanía" e impacto

Todos conocemos, aunque sea simplemente “de oídas”, el fenómeno Harry Potter. Siete libros, ocho películas, una obra de teatro y, ahora, una nueva tirada cinematográfica (cuya primera película se estrenó en España el 18 de noviembre de 2016) para profundizar en la saga del joven mago y que la ha devuelto al candelero de la agenda mundial. Esos libros hicieron famosa a una mujer cuando pasaba por el peor momento de su vida, y cambiaron la infancia de millones de niños a lo largo de todo el mundo.
Pero, ¿qué se esconde detrás de este ingente fenómeno de masas que no solo lo fue en su momento, sino que además se mantiene en la actualidad? ¿Qué impacto real tuvo en esa generación de los años 90, que empezaba a descuidar los libros y las letras a favor de las pantallas de ordenador y las televisiones, esa generación que ha vivido y crecido con las aventuras del joven mago, con Rowling y su mágico mundo? ¿Qué simbolismos, valores y misterios se hallan en las páginas de la saga?
Vamos, pues, a ahondar en el misterio del fenómeno que creó la autora británica, en el impacto que creó en los niños de la famosa generación de los 90, ahora cada vez menos niños y más adultos.
Vamos, pues, a descubrir la verdadera magia de Harry Potter.


Colección de libros y películas de la saga. Fotografía: Naomi Fernández Jiménez

A lo largo de la historia, han sido muchos los autores o los libros que nos han impactado, no solo como individuos, sino también como sociedad. Desde la invención de la escritura y, posteriormente, de la narrativa, esta ha servido como testimonio para la posteridad. Muchos de los autores y libros que han dejado su marca en la historia, sin embargo, no lo han hecho simplemente como mero testimonio. No, en absoluto. Lo han hecho porque han supuesto una revolución en las ideas, valores o las formas de ver el mundo, de reflexionar sobre él: los libros se han utilizado, durante mucho tiempo, como un vehículo para expresar una realidad con la que no se estaba de acuerdo, una sátira convicta, o incluso, como una forma de evadir esa realidad.
Y, sin saberlo, muchos de ellos han creado un fenómeno que sobrevivió (o sobrevivirá) a sus autores. Desde Miguel de Cervantes hasta León Tólstoi, pasando por Emily y Charlotte Brönte o Jane Austen, hasta la autora cuya saga principal es el objeto de este reportaje: J.K. Rowling.

Empecemos por el principio.
En 1990, una joven Rowling imaginó, en un viaje en tren de Mánchester a Londres, la idea una escuela de magos. Surgió de forma espontánea en su mente: tal vez una chispa latente en su subconsciente, avivada por algo que ella misma no ha sabido calificar. Y, con ella, nació el personaje que protagonizaría la saga: un prototipo de Harry Potter, un muchacho que descubría de repente que era mago y que asistiría a esa escuela. Durante los cinco años siguientes, Rowling se dedicó a escribir y desarrollar el primer manuscrito de lo que sería Harry Potter y la Piedra Filosofal, primer libro de la saga. Sin embargo, durante esos cinco años, Rowling también comprobó de primera mano cómo de doloroso puede ser el mundo, o la vida misma: su madre murió, su matrimonio con un periodista portugués llamado Jorge Arantes se vino abajo y ella se vio obligada a regresar a Londres, sola, con un bebé de apenas un año a su cargo. Viviendo de las ayudas proporcionadas por el Estado, y escribiendo en cafeterías londinenses cada vez que conseguía que su hija se durmiera, Rowling completó la novela.

Es una historia lo suficientemente conmovedora como para que Rowling hubiera tenido a las editoriales en el bolsillo al presentar el libro. Pero no fue así. Doce editoriales rechazaron el manuscrito. Hasta que, en 1997, llegó Bloomsbury.

Y, entonces, Harry Potter se convirtió en un fenómeno.

Popularidad entre grandes y pequeños, críticas favorables por doquier y escalofriantes cifras de éxito comercial a lo largo del mundo, además de prestigiosos e incontables premios literarios. Toda una explosión que constituyó un fenómeno masivo. De aquel manuscrito, rechazado por considerarse demasiado extenso como para ser un libro dirigido a niños, a toda una saga que se ha convertido en una marca valorada en aproximadamente 15.000 millones de euros, traducida a más de setenta idiomas y cuyos cuatro últimos libros han marcado récords como los más vendidos de la historia hasta entonces. Si hablamos de los datos de las películas, posiblemente no hablaríamos de otro asunto en el reportaje.

Pero el objetivo de este reportaje, en realidad, va más allá de las meras cifras, más allá de lo que podemos cuantificar. No se trata de enumerar cuántos premios ganó la saga, o cuál fue su impacto a nivel comercial. Se trata, en realidad, de una dimensión mucho más humana, cultural, más conectada a la tierra que a la bolsa y, por tanto, muchas veces desdeñada. Se trata del impacto social que resultó ser la saga: qué hizo por la gente, en qué se convirtió para los niños de los 90, qué valores, símbolos o hábitos les ha infundido. Un par de líneas más arriba, hemos dicho “Y, entonces, Harry Potter se convirtió en un fenómeno”. Pero… ¿por qué?

No fue por los premios. Ni tampoco por el dinero. Fue por los lectores. Los grandes incomprendidos del mundo y que, en realidad, son aquellos con la capacidad para cambiarlo. Ellos fueron quienes cuidaron y mimaron ese fenómeno nacido de la imaginación de una mujer y germinado en las páginas de un libro: los integrantes de una nueva generación de lectores.

Lo cierto es que Rowling impulsó a crear esa nueva generación de lectores, en una época donde ya comenzaba a apreciarse mucho más la cultura audiovisual que la que nace de los libros y se crea en la imaginación. En 2006, una encuesta de la asociación británica Kids and Family Reading Report puso de manifiesto que el 51% de los lectores de Harry Potter de entre 5 y 17 años comenzó a leer por placer a raíz de leer las aventuras del joven mago. Muchos de los niños de los 90 comenzaron un hábito de lectura gracias a la saga: la gran mayoría de ellos no había leído antes de Harry, ni tampoco concebían la lectura como algo que pudiera llegar a ser un pasatiempo. Y entonces, por arte del azar (un regalo de Navidad, de cumpleaños, de una tía favorita, de unos padres por sacar buenas notas o al llegar del trabajo), cae en manos de esos niños el primer libro de ese chico con la cicatriz en forma de rayo en la frente del que habla todo el mundo.

Y ahí empieza la magia, la verdadera magia. El fenómeno.

Por primera vez, los niños que no concebían la lectura como algo ameno, ni entretenido, devoran sus libros como devoran videojuegos o series de televisión. Equiparan su pasión a ellos. Cada libro fue progresivamente más largo que su antecesor, un factor a favor de la creación de ese hábito de lectura: favorecía la concentración, la atención, el interés por saber. Una vez que se ha leído el primer libro, de 254 páginas en su edición española (editorial Salamandra), resulta fácil obviar la cantidad de páginas que se leen en los siguientes (el último libro, de la misma editorial, cuenta con 636).

“Empecé a leer gracias a Harry Potter, y, desde entonces, no he dejado de hacerlo”, dice una de las voces de esta generación, una madrileña de diecinueve años. Y, como ella, miles más.

Poco a poco, esos niños crecieron, junto a la saga y las aventuras de Harry. Para cuando se estrenó la primera película (basada en el primer libro), allá por 2001, los fanáticos acudieron en masa a las salas de cine, con la intención de ver la historia y a sus personajes favoritos plasmados en la gran pantalla. Y no quedaron en absoluto decepcionados, a juzgar por las cifras que engrosó Warner Bros gracias a la cinta. Y, de repente, todo el mundo hablaba de Harry Potter, de la película y, por supuesto, de los libros. El fenómeno se extendía: ya no solo contaba con los fanáticos de los libros, sino también de la versión cinematográfica. Nace, pues, la llamada “Pottermanía” el fenómeno Potter en todo su esplendor. Con la película, mucha gente descubrió la saga, lo cual implicó un nuevo despunte en las ya de por sí enormes ventas de los libros. El fenómeno crecía, mutaba, se expandía. Para el momento en que se estrenó la última película, este ya era un enorme gigante de proporciones comparables al mismísimo Goliath, muchedumbre enfebrecida a las puertas de las salas de cine y librerías incluida. Una auténtica marea arrasadora.

Es en esa muchedumbre donde encontramos el verdadero porqué del fenómeno, la verdadera magia. Volvemos, de nuevo, a los lectores. Esa muchedumbre es, en gran parte, la generación de los 90 que creció con Harry Potter, que hizo suyos los libros, la historia, los personajes. Sus valores.

Rowling no complicó en excesivo la historia, ni su narrativa. Era una línea argumental bastante simple: un muchacho huérfano, de gran corazón, debe, con la ayuda de sus amigos, enfrentarse a un poderoso mago malvado. El bien contra el mal, una de las líneas narrativas más sencillas. La prosa era bastante lineal, sin grandes florituras ni poética: sencilla de comprender, fácil de leer. Esta aparente sencillez (aparente porque, como se denotará después, se pueden extraer muchos símbolos y valores de la saga) provocó más de una crítica hacia la escritora, de aquellos que consideraban que Rowling solo contó con suerte y que no tenía la capacidad para escribir, ni para desarrollar una historia.

También se criticó duramente la línea argumental, los personajes...para resumir, todo aquello que se encontraba en el volumen era susceptible de ser criticado. El más notado fue el crítico literario estadounidense Harold Bloom, quien afirmó en una entrevista (allá por el año 2000) lo siguiente: “Leí apenas una de las obras de esa escritora J.K. Rowling. El lenguaje es un horror. Nadie, por ejemplo, "camina" en el libro. Los personajes van a "estirar las piernas", lo que es obviamente un dicho. Y el libro entero es así, escrito con frases desgastadas, de segunda mano”. Puede que el señor Bloom considerase el manuscrito una obra de segunda mano, pero esta obra de segunda mano convenció no solo a crítica, sino también a sus lectores, quienes saltaron a defenderla como quien lucha en su cruzada particular: en cuanto publicó una crítica negativa a Harry Potter en el Wall Street Journal, le llovieron las críticas (más de 400 cartas), la gran mayoría de ellas procedentes del sector fan.

En este asunto es importante tener en cuenta que simplicidad no es sinónimo de mediocridad. Hay que recordar que, en un principio, Harry Potter era un libro para niños; sí, para niños, ni adolescentes ni adultos. Pero, claro está, los niños crecen; nadie es permanentemente joven (excepto, tal vez, Peter Pan o Dorian Grey, quienes quedan excluidos del muestreo). Y esa historia, en un principio sencilla, se fue convirtiendo en algo mucho más complejo a medida que esos niños crecían…y, con ellos, Rowling, Harry y la saga. No solo en el sentido de que, obviedades aparte, Rowling avanzó y mejoró como escritora a medida que pasaban los años y los libros, sino que también la historia fue cobrando un matiz más maduro, menos infantil. Exactamente igual que la generación de los 90. Para ellos, la saga fue un elemento más de su vida, precisamente porque creció y avanzó con ellos: Rowling se las apañó para conectar con sus lectores en diversas etapas de su vida (niñez, adolescencia, adultez), para conseguir que Harry formase parte de ellos. Creó a un personaje con el que resultaba fácil identificarse: un muchacho tímido, menudo, con gafas, vergonzoso. En cierto modo, bastante corriente. Cualquier niño se habría visto reflejado en Harry, y por eso funcionó tan bien la fórmula.

“Para mí, crecer con Harry significó sentirme un poco menos sola. Era como tener un amigo en papel”.
Otra muestra más del fenómeno.

Recopilemos datos de lo que hemos ido hilando hasta ahora: este fenómeno fan masivo surge de los libros y se expande con las películas. Gracias a esto, muchos niños descubrieron un pasatiempo que no se habían planteado (y que muchos de ellos mantiene en la actualidad con una inmensa voracidad): la lectura. El porqué un niño se obsesiona de tal manera con una historia podría hallarse precisamente en su simplicidad, en particular la de los primeros libros, como afirma María Esther Burgueño en su artículo “El elogio de un libro ruin: El fenómeno Harry Potter” (disponible en Internet), o en la facilidad para identificarse con sus personajes. El porqué la gente identifica a Harry como una parte importante de sus vidas se debe a esa capacidad que logró su autora para conectar con ellos.

Hasta aquí, hemos ahondado en las causas del fenómeno. Pero… ¿y su impacto? ¿Qué crea la saga en esa generación de los 90, aparte del hábito de lectura? ¿Qué huella dejan saga y fenómeno en el mundo?

Vamos a investigarlo.

En este ahondar de las causas ya ha quedado establecido que Harry Potter es y ha sido un fenómeno masivo, una marea que ha provocado un enorme impacto cultural, en gran parte por la implicación de su autora en mantener viva la saga (mediante su web Pottermore), con cada vez más datos e informaciones sobre el mundo mágico en el que esta se desarrolla. Sin embargo, para que este fenómeno fan se produzca y sobreviva, y no permanezca en estado de aletargamiento tras el bombazo inicial, como le ha ocurrido a, por ejemplo, Cincuenta sombras de Grey (saga que provocó un boom en la literatura erótica pero que, según un artículo de La Vanguardia, ha acabado por desinflarse de forma inevitable en este último año), hace falta también una implicación de los lectores, unos lectores que conservan la saga en sus pensamientos, en su forma de ser.

"Rowling me enseñó muchas cosas. Entre ellas, lo importante que es no rendirse, la perseverancia, el respetar a otros".

Y gracias a estas palabras entramos, de nuevo, en un importante matiz del impacto (cultural y educativo) del fenómeno Pottermaníaco. Toda una generación descubrió, en las páginas de esos libros y las escenas de sus películas, una gran cantidad de valores, simbolismos y lecciones de vida que tal vez no habrían interiorizado tan bien de no haber sido por Rowling y su mundo de fantasía.

La sociedad mágica que se presenta en este mundo de fantasía es un amalgama de la nuestra propia, con sus elementos positivos…y también los negativos. A lo largo de toda la saga, Harry, sus amigos y aliados personifican una serie de valores positivos, mientras que Lord Voldemort (el mago malvado y villano principal de la saga) y sus acérrimos seguidores personifican los valores más repulsivos y negativos de nuestra sociedad. En realidad, la lucha del protagonista se basa en una lucha de lo que es correcto, justo, contra lo que es deplorable, injustificable, reprochable. Rowling instaló, de forma consciente o inconsciente, una serie de valores en los niños que leyeron sus libros: tolerancia, respeto, igualdad, amistad, amor, perseverancia y esfuerzo, e incluso el progresismo, la necesidad de movernos hacia delante como sociedad. Se desprecia a aquellos que favorecen la discriminación y el racismo, y que piensan que solo por su origen pueden creerse superiores (como el propio Voldemort o el rival de Harry en la escuela, Draco Malfoy). Es una crítica velada, enmascarada tras un mundo fantástico y hechizos, pero está ahí. Y llega al lector, quien la asume, la reflexiona incluso de forma inconsciente, y, finalmente, la adopta como suya.

En posteriores libros (notablemente el quinto volumen, La Orden del Fénix), Rowling va un pequeño paso más allá, hablando de los problemas que surgen en el sistema cuando la política se empeña en negar la existencia de un problema, un problema grave que puede tener consecuencias devastadoras para los ciudadanos si no se trata, dando, en cierto modo, una visión crítica a los lectores del libro. Destaca particularmente, también en este libro y con mucha fuerza, la necesidad de una educación de calidad, en contra de un adoctrinamiento.

Poco a poco, vamos tachando elementos y valores de la lista: integración, visión crítica con la realidad, reproche a la discriminación, educación. Esto hace una pequeña síntesis bastante representativa de lo que son los valores y símbolos embebidos en la cultura de Harry Potter, pero hay otros dos que no podemos dejar de mencionar, presentes en todos y cada uno de los volúmenes.

Por un lado, encontramos la amistad. Un valor bello y, con frecuencia, poco atesorado, pero que, en esta saga, acapara todas y cada una de las miradas. La amistad del trío protagonista (Harry Potter, Ron Weasley y Hermione Granger) es el motor de todos los libros, la historia, y es lo que, sin lugar a dudas, permite superar todas las adversidades que el protagonista encuentra en su camino. Harry Potter reivindica, por tanto, el valor del trabajo en equipo, la necesidad de contar con amigos, de saber que no se está solo.

Por otro lado, encontramos un inherente poder femenino en los libros. Gran parte de los personajes más grandes, más queridos y más fuertes de la saga son mujeres: desde la práctica, inteligente y poderosa Hermione Granger, hasta la fuerte profesora McGonagall, pasando por la decidida Ginny Weasley y la extravagante y maravillosa Luna Lovegood. Mujeres fuertes, independientes, capaces no solo de negarse a vivir a la temida sombra de un hombre, sino de sobreponerse a eso, de romper por completo con los roles de género. Sin ellas, la saga no tendría sentido, faltaría fundamento. En el colegio en el que estudian los protagonistas hay una gran cantidad de profesoras, con la misma autoridad e inteligencia que sus compañeros, mostrado como algo natural. Una significativa rotura del techo de cristal por parte de Rowling.

La generación de los 90 que leyó a Harry Potter y o vio las películas creció con estos valores. Los asumió como suyos. Y ese es, en la base, la otra gran causa del fenómeno Pottermaníaco.

A modo de conclusión, y para terminar con este simple (pero a su vez complejo) fenómeno, recapitulemos.

¿En qué consiste realmente la magia de Harry Potter?

De este reportaje se deduce que cuando se habla de la magia de Harry Potter no solo se habla de la magia dentro de las páginas o la pantalla. Se habla de las miles de personas que hicieron cola en una librería para comprar un libro, o en una taquilla para conseguir unas entradas. Se habla del respeto reverencial que sienten por la autora, y por esos valores que ella, de forma inconsciente, les inculcó y enseñó a defender a capa y espada (o, en este caso, a capa y varita). Se habla de la capacidad para sentir a un personaje, una historia, como parte de uno mismo. La verdadera magia de Harry Potter consiste, en realidad, en su habilidad para crecer y evolucionar con sus lectores, en su capacidad para enseñar a través de una historia. La saga y sus lectores crecieron juntos: también Rowling lo hizo, como escritora, como contadora de historias. A medida que pasaban los años y los libros, la madurez se iba instaurando por partida triple: Harry, Rowling, sus lectores. La saga creció con ellos. Se convirtió en parte de las vidas de una cantidad ingente de niños (y, en realidad, también de adultos) a lo largo de los 90 y los años 2000, creó en ellos valores inamovibles: la amistad, la importancia de ser perseverante, justo, de no rendirse ante las adversidades ni callar ante las injusticias, lo importante que es la diversidad, la bondad, lo cruel que puede llegar a ser un mundo opresivo y el horror de la xenofobia.

Los lectores hicieron grande a Rowling, e hicieron grande a Harry Potter: ellos leyeron con avidez cada palabra de cada página de los libros, hicieron colas interminables para conseguir cada uno de los volúmenes cuando estos salían al mercado, los convirtieron en los más vendidos, llenaron las salas de cines al estrenarse las películas, lloraron, rieron y sufrieron con cada capítulo, con cada escena. Son los primeros en aparecer en las librerías o en las tiendas de multimedia cuando sale el más mínimo detalle de la saga, y este acapara la atención de los escaparates y las estanterías.

Un auténtico fenómeno de masas: no importa cuántos años pasen, o cuánto crezcan los fans de la saga, puesto que en cuanto aparezca la más mínima señal, el más pequeño rescoldo de un nuevo capítulo en el universo de Potter, ellos están allí los primeros. Sí, los lectores hicieron grande a Rowling y a Harry, pero, a su vez, Rowling y el mago los hicieron grandes a ellos.

Tal vez Rowling no sea la mejor escritora del mundo, y tal vez la historia pueda resultar simple, a aquellos críticos acostumbrados a enormes novelas llenas de profundo contenido psicológico y valores intrincados. Pero, queramos o no admitirlo, los lectores afirman que la saga y la propia Rowling hicieron historia en su vida, en su modo de pensar y ver el mundo.

Hablamos pues, del fenómeno Harry Potter. Y este fenómeno es el responsable de que hubiera adultos llorando como niños cuando leyeron la última palabra del último libro, o cuando la última película se estrenó en las salas de cine. Porque, en un principio, eran eso, niños.

Esa es su verdadera magia.

Una magia que vuelve a verse por las calles ahora, con el estreno no solo de una continuación a las aventuras de Harry y sus amigos, a modo de obra de teatro (Harry Potter y el legado maldito, libreto publicado en España el pasado mes de septiembre), sino también de una precuela (Animales fantásticos y dónde encontrarlos, recientemente estrenada). De nuevo, todos esos niños de la generación de los 90, ahora ya convertidos en adultos, invaden las salas de cine, disfrutan y sufren con Rowling y su mágico mundo.

De nuevo, el fenómeno Pottermaníaco.

Gracias por leer, lectores ;).

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