sábado, 21 de enero de 2017

Reseña: Todos los hombres del presidente

¡Buenas, bloggeros!

Ya estamos en enero, un enero frío y del que los fans de Juego de Tronos pueden decir "ya os lo dijimos" sin miedo a que los tachemos de exagerados. Porque ya de "Winter is coming" nada de nada: el invierno ha llegado y nos ha dado un tortazo en plena cara, dejándonos, en mi caso, aletargados y con algún que otro inicio de proceso gripal.
Bueno, vuelvo a la intención original, que me pierdo. Es enero, nuevo mes y, por tanto, nueva entrada: de nuevo, una reseña de un libro, aunque esta vez de un libro que me he leído, en vez de por gusto, por exigencias de la carrera: "Todos los hombres del presidente".
Os hago una mínima introducción antes de meterme de golpe en la reseña: este libro es un relato real, escrito por los dos periodistas que investigaron el llamado "Escándalo Watergate" en la primera mitad de 1970 y cuyas investigaciones sacarían a la luz una amplia red de corrupción financiera y política que acabaría obligando al presidente Richard Nixon a dimitir. Sin saberlo, ambos reporteros construyeron una nueva metodología de trabajo que sería conocida como periodismo de investigación. Os diría que cuidado con los spoilers, pero siendo una historia verídica, no tiene ningún sentido.

Como curiosidad, os digo que lo adaptaron en una película, con Robert Redford y Dustin Hoffman.


Sinopsis:
El 17 de junio de 1972, el reportero del Washington Post, Bob Woodward, es enviado a cubrir una historia para el periódico: cinco ladrones han entrado en el complejo de apartamentos y oficinas Watergate, sede del Paartido Demócrata de los EEUU. Aparentemente, es un robo sin importancia, un suceso casi aburrido.
Al llegar al lugar de los hechos y comenzar a hacer preguntas, sin embargo, Woodward se da cuenta de que los ladrones no son cinco individuos cualquiera: intentaban introducir aparatos de espionaje y uno de ellos incluso parece haber pertenecido a la CIA, mientras otros dos podrían estar conectados directamente con hombres importantes de la administración Nixon.
El asalto al hotel Watergate parece esconder, entonces, una verdad mucho mayor...y más importante.
Al regresar a las oficinas del Post, los editores asignan a Carl Bernstein, reportero veterano, para trabajar con Woodward en el artículo. El editor jefe incita a ambos reporteros a investigar el asunto y a ir más allá de la información que tienen. Como resultado, ambos comienzan, sin saberlo, una investigación sin precedentes que sentaría las bases para el periodismo de investigación moderno, con el objetivo de desentrañar toda la verdad tras el asalto en el Watergate. Un asalto que acabaría por sacar a la luz una red de irregularidades y escándalos financieros y políticos, salpicando al mismísimo presidente de los Estados Unidos y a la hasta entonces intocable administración norteamericana. Por primera vez, el periodismo se irguió ante el poder como esa necesidad de contar toda la verdad...y salió ganando.

Mi opinión:
En mi perfil os cuento que estoy estudiando periodismo, y en esta carrera conocer la historia del Watergate es como conocer las fórmulas simples de titular o los tipos de reportaje; es decir, básico abc. ¿Por qué?
Por dos simples razones: el caso Watergate implicó el verdadero inicio del periodismo de investigación moderno, entendido como esa disciplina que pretende sacar a la luz a personas, asociaciones o actos que resulten ilícitos y perjudiciales para la sociedad; y porque resultó un ejemplo en el sentido de que, por primera vez, la prensa se enfrentaba a la administración, con datos explícitos, comprobados y contrastados, y sacaba a la luz con éxito unas irregularidades que el ciudadano de a pie debía conocer, y salía ganando. El caso Watergate es, por tanto, una victoria ante la corrupción.
Es, también, una leyenda, la leyenda del confidente de Woodward: Garganta Profunda, Deep Throat, en inglés, quien confirmaba al periodista si iban por buen camino en su investigación.
Establecido está, entonces, que "Todos los hombres del presidente" es un clásico obligado en el periodismo. Eso había que leerlo.

El año pasado ya nos hablaron en diversas asignaturas del relato, pero ha sido este año cuando me he leído el libro que explica paso a paso la investigación de Bernstein y Woodward. La historia de cómo llegué al libro es bastante sencilla: debía escoger dos lecturas obligatorias de una lista que nos proporcionaba nuestra profesora de Géneros informativos e interpretativos en prensa, y de ellos, aunque me llamaban la atención la gran mayoría, escogí "Hiroshima", de John Hersey y este, "Todos los hombres del presidente". Mis ganas de léermelo ya venían de antes, y al verlo en la lista pensé que tenía que ser una señal (al más puro estilo de "ya no tienes excusa, leéte ya el dichoso libro").
Tengo que reconocer que lo cogí con ganas, unas ganas nacidas de la pura curiosidad profesional y la expectación; al fin y al cabo, en la universidad me habían puesto el libro muy bien, y yo misma sentía la necesidad de conocer esa investigación de proporciones gigantescas.
Bueno, pues no me decepcionó, si bien tampoco es un libro que estaría leyendo a todas horas.
No es el tipo de lectura a la que estaba acostumbrada antes de entrar a la universidad: yo solía ser más de narrativa fantástica y juvenil (géneros que siguen siendo mis favoritos), y este libro es, en realidad, un reportaje. Es historia, es verídica, no es un "basado en hechos reales". Es la historia de la minuciosa investigación de la propia pluma de sus dos protagonistas. Sí, minuciosa, muy minuciosa: los dos reporteros se enfrentaban a la Casa Blanca. Por tanto, cada mínimo dato que descubrían debía ser contrastado por varias fuentes, sin poderse permitir el más mínimo error (y, en el momento en el que lo cometen, por un despiste, parece que el mundo está a punto de arder).

Me resultó algo difícil de leer, por las siguientes razones: no es una historia amena, porque tiene muchísimos nombres, muchísimos datos, y necesita concentración para enterarte bien de lo que está ocurriendo. Requiere, en ese sentido, una participación activa del lector para que este comprenda y siga de cerca lo que está pasando. Es un libro denso, a pesar de que no es especialmente largo y la narrativa es bastante ágil, pero sí contiene una cantidad ingente de información, y, en ocasiones, tiene pasajes que por ello sí llegan a hacerse pesados. No es un libro que puedas leer de golpe, porque tarde o temprano te satura.
Eso no quiere decir que no lo haya disfrutado: el libro me dejó un buen sabor de boca, me ayudó a comprender muchas cosas acerca del periodismo de investigación y la perseverancia, y me recordó que, muchas veces, nuestro peor obstáculo somos nosotros mismos, no solo los obstáculos que nos puedan poner otros (y, en este caso, les ponen muchos, empezando por el descrédito profesional y terminando por citaciones a juicios, pasando por pinchar teléfonos y contratar vigilancia para los periodistas).
A nivel histórico, es un libro que ayuda a comprender bien ese suceso concreto, porque está muy desgranado, aunque a veces pueda resultar algo confuso por la gran cantidad de datos y la magnitud del suceso.
Su mejor característica es, posiblemente, la creación de un hilo narrativo interesante al que se van añadiendo poco a poco datos relevantes, hasta conseguir la historia completa. Es interesante observar los tejemanejes de los poderosos desde este punto de vista, no solo desde la simple noticia.
Si peca de algo, es, posiblemente, la forma de distribuir la investigación: al lector le parece que las primeras fases están muy alargadas, como si el libro estuviera intentando estirarlas en exceso, y que el final es apresurado, ocurre demasiado rápido.
Hay que mencionar, como curiosidad y aspecto destacable (aparte del evidente trabajo en equipo), los métodos de Woodward y Bernstein para entrevistar a sus fuentes sin ponerlas en un compromiso, en particular, las entrevistas con datos velados (ellos descubrían los datos, y las fuentes confirmaban o desmentían), los encuentros con Garganta Profunda (cada fragmento del libro en el que aparece es fascinante) y las formas que establecían Woodward y él para comunicarse de manera discreta pero ingeniosa.

Conclusiones y nota particular:
Para resumir un poco estas impresiones, puedo deciros dos cosas importantes: es un libro entretenido (pero denso si no os gusta el género), y bastante técnico. Entretenido en el sentido de que proporciona una historia jugosa; muy técnico en el sentido de que el libro es, en realidad, un extenso reportaje sobre cómo indagaron los periodistas en la historia, cada paso de su investigación, punto por punto, cómo tiraron de cada hilo suelto para averiguar y mostrar una información que cambió el destino de un país. Y eso siempre resulta, en cierto sentido, técnico y metódico.

A nivel de ocio y entretenimiento, posiblemente no es un libro que me hubiera leído, o que cualquiera se leería (a no ser que, por supuesto, el lector sea un acérrimo fan de las conspiraciones, las crónicas o los reportajes). Sin embargo, a nivel profesional, y de cara al futuro, es un libro básico en la formación de un periodista: hay que conocer el Watergate, hay que conocer ese origen del periodismo de investigación moderno (que, en palabras de Paul N. Williams, es el periodismo bien hecho), hay que conocer cómo Woodward y Bernstein realizaron su investigación, las fuentes a las que consultaron, los métodos que utilizaron. El valor del trabajo en equipo, la necesidad de contrastar la información, de sacar la verdad a la luz. Hay que aprender, andar antes de correr.

Siendo honestos, todo hay que decirlo, es un libro denso. Muy denso. O tienes interés en la historia, o en el periodismo, o acabarás por dejarlo aparcado. Sin embargo, si es el tipo de libro que te gusta, ya sea por puro entretenimiento, o te interesa el suceso, por mera curiosidad profesional, merece la pena leerlo.

Mi nota para "Todos los hombres del presidente" (como libro de ocio) es:
7/10

Mi nota para "Todos los hombres del presidente" (como libro de formación) es:
8/10

El por qué de las dos notas es terriblemente simple: no puedo llegar a un consenso conmigo misma. Mi parte menos profesional, esa que lee simplemente por el placer de hacerlo, no lo considera un libro propio para su entretenimiento; sin embargo, la parte de mí que se está formando y a la que, a pesar de mis idas, venidas y decepciones varias con la universidad y sus profesores, le gusta lo que hace y lo que hará en un futuro, sí lo considera un libro importante en su propia formación.

Nos leemos, bloggeros <3


lunes, 19 de diciembre de 2016

Reseña: Harry Potter y el Legado Maldito

¡Buenas de nuevo bloggeros!

Lo primero es lo primero: siento no haber podido publicar una entrada en noviembre, pero, si os soy sincera, ha sido un mes y medio bastante complicado. Por lo general, varios de mis profesores tienen la molesta manía de tomarse septiembre y octubre como meses de obligada tranquilidad y, posteriormente, comenzar a mandar trabajos salidos de la nada en el último mes de clase, o intentar meter con calzador más materia porque ven que no les da tiempo a impartirla. Eso sin contar que alguno prefiere darnos acceso a los apuntes en noviembre en vez de progresivamente a lo largo del cuatrimestre...
En resumen, noviembre ha sido un mes de agobio por trabajos, inminencia de exámenes y profesores a los que tal vez haría falta una evaluación pedagógica.
Bien, ya dejo de quejarme, que parece que no vengo a hacer otra cosa, y esta entrada no está pensada para eso, ni vosotros habéis venido a leer mis penas.
Ha pasado mucho tiempo desde que hago una reseña de libros, así que hoy volvemos con ellas y por todo lo alto, en esta ocasión, con una obra de teatro muy especial:


(Cuidado, aunque me he mantenido alejada de prácticamente todos los spoilers del libro, sí hay spoilers de la saga Harry Potter)

Sinopsis:
Para Harry Potter nunca ha sido fácil ser...bueno, Harry Potter. El niño que sobrevivió, el Elegido, que simplemente deseaba ser "solo Harry". Ni siquiera ahora, diecinueve años después de derrotar al mago tenebroso más peligroso de todos los tiempos, puede Harry librarse de los fantasmas que asolan su pasado, un pasado que siempre vuelve. Algo que, por desgracia, el mago debería haber aprendido hace mucho tiempo. 
Un nuevo peligro se cierne entonces sobre el mundo mágico y, en particular, sobre el hijo menor de Harry, Albus, quien además lidia con la larga sombra que proyecta su padre y trata de encontrar, con la ayuda de su mejor amigo, Scorpius, su propio lugar en el mundo...y con él, su propia identidad.

Mi opinión:
Si recordáis alguna de las antiguas entradas de este blog, o me conocéis en persona, sabréis que soy una gran fan de Harry Potter. He crecido con la saga de Rowling, me encanta, y es, sin lugar a dudas, una de mis sagas de libros (y películas) favoritas, puede que incluso hasta llegar al nivel de fanática algo obsesionada en mis "tiempos mozos". Las noticias sobre una obra de teatro que sirviera para enriquecer el mundo de Harry ya habían llegado a mis oídos antes incluso de que se supiera de qué trataría dicha obra, y, por supuesto, la esperaba con impaciencia. Cada detalle sobre ella no hacía más que aumentar mi curiosidad. En cuanto salió y cayó en mis manos (gracias a mi madre y mi tía), la devoré en una noche, pero...en este caso, eso no fue la buena señal que suele ser.

Es cierto que era un cambio particular: una saga fundamentada en libros y solidificada en el panorama mundial gracias a las películas ahora continuaba sobre las tablas, a modo de obra de teatro. Pero, ya puestos a experimentar, ¿por qué no? ¿Qué podía salir mal?
Al fin y al cabo, la idea sonaba bien: Harry Potter, una nueva historia, un nuevo regreso al mundo de la magia.
Sí, la idea suena muy bien...hasta el momento en el que lees el libro.
Si debo ser franca, quedé muy decepcionada con el resultado. Disfruté leyendo, pero no sentí que estuviera leyendo a Harry, ni nada que tuviera que ver con el mundo de Rowling. Para mí, resultó ser una continuación desaprovechada.

Vayamos por partes:
La historia, el hilo argumental, no tiene ni pies ni cabeza. En primer lugar, porque en gran medida contradice algo ya establecido en los libros de la saga, y la explicación para varias de estas contradicciones es terriblemente penosa. El "gran giro final" parece sacado de una trama mala para un fanfic, incluido cierto personaje que resulta ser "el malo malísimo" y que ni siquiera llega a la primera curva de la "m" (y cuya existencia ni siquiera tiene ningún sentido dentro del canon de Harry Potter). Sí, la línea argumental es mala. La historia no es propia de Harry Potter, no tiene su magia ni su chispa. Si hay algo que decir a favor de la narrativa, es que el hilo narrativo está bien llevado, tiene buen ritmo y no se hace pesado, pero sería una de las pocas virtudes.
Sin embargo, el principal problema con la historia de "El legado maldito" es que no llega a dar en el clavo de lo que realmente quiere transmitir, lo que de verdad quiere contar: el que mucho abarca, poco aprieta. ¿Es sobre Albus, quién es aparte de "el hijo de Harry Potter"? ¿Sobre Albus y Harry? ¿Sobre la orfandad, los traumas?
Ni idea.
La historia acaba y no sabemos exactamente quién es Albus, ni él tampoco lo sabe. La historia acaba y la relación entre Harry y Albus es...rara. Extraña. La última escena entre ambos no transmite nada, y debería haberlo transmitido todo. Te deja indiferente, y eso es incluso peor que dejar un mal sabor de boca.

Los personajes están mal construidos, y ese no es el único problema con ellos: los personajes clásicos, esos que todos conocemos, no actúan como deberían actuar según su carácter, su personalidad, esa que fue establecida a lo largo de siete libros. Algunos de ellos, incluso, pierden parte de la evolución por la que pasaron en la saga.
Ron Weasley, que trabajó durante siete años para dejar de ser el bufón, el amigo tonto, vuelve a ser simplemente eso de un plumazo en la obra. El pobre Ron, que en "Las reliquias de la muerte" por fin fue capaz de sacar el héroe que llevaba dentro, vuelve a verse reducido a un mero alivio cómico que, por no tener, no tiene casi ni presencia en la obra.
Para que os hagáis una idea más clara: ¿creéis que es imposible hacer tonta a Hermione Granger?
Pues la obra lo hace.
¿Creéis que el hijo de Harry Potter y Ginny Weasley puede ser llorica, egoísta, irritante e insoportable? Pues lo es. Albus, incluso después de mostrarnos un carácter totalmente opuesto a despótico e irritante en el epílogo de "Las reliquias de la muerte", es exactamente eso. Un personaje odioso. Es difícil empatizar con él, un crío que no para de llorar como si no tuviera nada cuando, en realidad, lo tiene todo y lo aprecia muy poco. Es incapaz de ver más allá de sus propios problemas, su capacidad para meter la pata supera a la del pobre Neville Longbottom y tiene la empatía de una cebolla y "la capacidad emocional de un ladrillo" (por citar a Hermione). Albus se queja porque no entiende a su padre, pero tampoco se molesta en comprenderle, ni en hablar con él por mucho que Harry lo intente, por mucho que insista. No conoce a su padre y, sin embargo, le juzga sin miramientos. Albus no soporta ser "el hijo de Harry" pero, a su vez, la única manera según la cual sabe vivir es comparándose a sí mismo con su padre. No sabe ser otra cosa, ni tampoco quiere.
Mejor no mencionamos a Rose Granger-Weasley. De verdad, es mejor ni mencionarla. Cómo puede la hija de Hermione Granger tener semejantes prejuicios y esa actitud elitista y ególatra es algo que no seré capaz de entender en mi vida. Si Albus es inosportable, Rose podría superarle; ella, y su ego. Gracias al cielo que sale poco: si tengo que lidiar con Albus y Rose durante toda la historia, lanzo el libro por la ventana.

De mano de los personajes, sin embargo, encontramos dos de los grandes descubrimientos de "El legado maldito": la profundización en la redención de un Draco Malfoy mucho más humano (que en los libros había quedado en el aire, y que, a mi entender, habría sido un punto no solo interesante, sino también necesario), y su hijo, Scorpius.
Si bien Albus es irritante e insoportable hasta decir basta, Scorpius es un amor de niño. Es imposible leer "El legado maldito" y no querer a Scorpius; torpón, dulce y amante de los libros, además de la voz de la razón que tanto le falta a la historia. Gran parte de la obra es sobrellevable gracias al único hijo de Draco; un buen punto a favor de la continuación, a pesar de que nos metan con calzador que está colado por Rose (cuando es muchísimo más evidente que, narrativamente, Scorpius hace mejor pareja con Albus, con quien tiene una relación fomentada y, esta vez sí, bien desarrollada en la obra), con la debe interactuar unas dos veces en la obra.
Otro punto a favor es Harry. Harry y sus traumas, cómo estos se tratan en la obra, Harry y lo mucho que ha sufrido durante su vida, y cómo eso le ha marcado, cómo le ha hecho quien es, para lo bueno...y lo malo. Harry, que intenta hacer lo mejor para su hijo aunque tome decisiones equivocadas, porque no es perfecto. Nunca lo ha sido. Ese era el gran matiz de Harry, el que lo hace tan humano: Harry no es perfecto, toma decisiones, buenas o malas. Se equivoca. Se siente perdido a la hora de lidiar con un hijo difícil, como se sintió perdido cuando tuvo que luchar contra un basilisco, contra un dragón, contra Voldemort. Harry siempre ha sido un personaje muy humano, y, gracias a dios, eso no se ha perdido en "El legado maldito" (si me desvirtúan a Harry ya es que lloro). Aunque, como fan incondicional de Harry que soy, debo quejarme respecto a un determinado momento en el final: ¿acaso el pobre muchacho no ha sufrido ya suficiente? Es que son ganas ya de torturarle al pobre, por favor...

Hablaros de los antagonistas sería haceros un spoiler demasiado grande, así que solo comentaré un pequeño matiz que ya he mencionado anteriormente: el antagonista principal es penoso. Sí, penoso, porque su propia existencia es terriblemente absurda, un sinsentido que, siendo honesta, no comprendo de ninguna de las maneras. Podría haber habido miles de villanos más interesantes: antiguos mortífagos, ovejas descarriadas del rebaño de Voldemort, hasta una ameba maligna...y nos encontramos con este "villano". En fin...
Sin comentarios, su Señoría.

Conclusiones finales y nota:
Es complicado continuar una saga con tan grandes espectativas; era muy difícil seguir con la magia. Pero había muchas formas de hacerlo, y esta historia no era una de ellas. Desde luego, no podía ser la mejor de ellas.
Lo cierto es que "El legado maldito" no aporta gran cosa al universo de Harry. No es una digna continuación de la saga (cosa que no se puede decir de su magnífico spin off, "Animales fantásticos y dónde encontrarlos"), sino una continuación desaprovechada y mal elaborada, con contradicciones y sinsentidos página sí y página también.
Es...entretenida. Sí, claro, la obra es entretenida. Pero tiene un gran problema: no parece parte de Harry Potter. Carece, en gran medida, de la magia que se respira entre las páginas de los otros libros de la saga, del encanto de sus personajes, del gran arco argumental de su historia.
El argumento parece sacado de una historia de fanfic, sin contar con las múltiples meteduras de pata con respecto al argumento de las novelas originales, el villano es penoso, los personajes tienen momentos en los cuales parecen otros completamente distintos, y uno de los protagonistas principales (Albus) es odioso, dejando al otro (Scorpius) lidiar con toda la carga narrativa y emocional, con toda la empatía que debe proporcionarle al lector. De nuevo, se nos reiteran aspectos ya muy exprimidos en el universo (Snape y su sacrificio, historia que no puede resultar ya más cansina, además de las ganas de evangelizar al personaje, ganas que, en mi humilde opinión y a riesgo de que me coman en internet, no se merece) y se pasan por alto otros que podrían llegar a ser interesantes (Teddy Lupin, Hugo Weasley y demás personajes nuevos, desaparecidos en combate).
Esto no quiere decir que no tenga sus cosas buenas: tiene una dosis de humor y drama bastante equilibrada, se juega bien con los tiempos, y aporta una serie de matices bastante importantes. Entre esas cosas buenas, destacan Scorpius, el reproche a Dumbledore por parte de Harry (algo bastante necesario tras los eventos de "Las reliquias de la muerte") y la conversación entre ambos, la redención de Draco, las interacciones Harry-Ginny y Ron-Hermione, el hecho de mostrar cómo Harry lidia con sus propios traumas derivados de vivir una infancia abusiva.
Pero, por desgracia, esos aspectos buenos no compensan los aspectos malos. Debido a ellos, sobre el papel, la obra cojea a más no poder. Verla en puesta en escena debe ser espectacular, y puede que eso sea el factor determinante a la hora de mejorar la concepción del fandom sobre ella. Pero, hasta entonces, y con todo el dolor de mi corazón, no puedo apreciar "El legado maldito" como aprecio el resto de títulos de la saga.

Mi nota para "Harry Potter y el legado maldito" (con una terrible tristeza) es:
4/10

viernes, 21 de octubre de 2016

Review: "Un monstruo viene a verme"

¡Hola, bloggeros!

Para esta tardía entrada de octubre os traigo una nueva review de cine, esta vez, con una película que se ha estrenado recientemente y que está cosechando éxitos tanto entre el público como entre la crítica. Se trata de la exitosa "Un monstruo viene a verme", que tuve la oportunidad de ver el sábado pasado...y que no me dejó en absoluto indiferente. (Ya que la película aún está en cines, voy a intentar mantenerme alejada de los spoilers)


Ficha técnica (aka. Info general):

"Un monstruo viene a verme" ("A monster calls", en inglés) es un largometraje fantástico basado en el libro homónimo de Patrick Ness (también guionista de la película) y la idea original de Siobhan Dowd. Está dirigida por el español J.A. Bayona y protagonizada por Lewis MacDougall, Felicity Jones, Sigourney Weaver y Liam Neeson, entre otros. La música corrió a cargo de Fernando Veláquez.

Argumento:

Conor O'Malley se ha visto obligado a asumir una responsabilidad que ningún niño de doce años debería tener sobre sus hombros: llevar sobre sus hombros el peso de un hogar, debido a la enfermedad de su madre y la ausencia de su padre. Por si fuera poco, Conor sufre acoso escolar constante, y es un niño solitario, sin amigos, totalmente encerrado en su terrible situación.
Una noche, a las doce y siete minutos, el enorme tejo que hay frente a su casa, en el cementerio, se levanta de sus raíces y toma una curiosa forma humanoide. Este peculiar ser se acerca a Conor y le explica que aparecerá para contarle tres peculiares historias, a cambio de que, cuando acabe, Conor le cuente una cuarta, "la verdad de Conor O'Malley".

Reseña general:

Si no habéis estado muy desconectados del mundo últimamente, seguro que habéis oído hablar de esta película. Era una de las grandes esperadas del año, y, además, ha recibido muy buenas críticas.
Yo reconozco que no tenía intención de verla; no me había leído el libro y, con lo sensiblera que soy, suelo evitar las pelis lacrimógenas por mi salud emocional (y la de mis cajas de pañuelos). Sin embargo, hubo gente de mi entorno que me dijo que estaba bien, y, cuando el fin de semana pasado quedamos mi novio, un amigo y yo para ir al cine, mi amigo me dijo que le apetecía ver esta película.
Así que nos metimos a ver "Un monstruo viene a verme", y, la verdad, no me decepcionó en absoluto.
Fue mucho más de lo que me había esperado: una historia real y desgarradora, con actuaciones impecables y efectos especiales bien llevados...y muy bien usados. Además, de, por supuesto, impresionantes.
Un punto a favor de estos efectos fueron la extraña versatilidad que le dan a la historia (una historia tan de la vida real y que, sin embargo, mexcla elementos fantásticos), no solo a la hora de crear un monstruo tan peculiar, sino también a la forma de utillizarlos para crear las historias que el tejo cuenta a Conor.
Sí, es cierto, lloras con la película.
Y lloras mucho.
Siempre que seas un sensiblón o una persona muy emocional (como una servidora, que se tiró toda la película con la lagrimilla en el ojo y a veinte minutos del final se echó a llorar como si fuera una fuente) llorarás como si no hubiera un mañana. No recuerdo haber llorado tanto y tan de seguido con una película.

Es una trama dura; al fin y al cabo, la madre de Conor está enferma de cáncer, su padre vive en Los Ángeles y apenas ve a su hijo (y no está muy por la labor de sacrificar su rehecha vida fácil por los problemas que pueda tener su hijo), y la abuela de Conor, el único familiar cercano que queda, tiene un carácter un tanto difícil. Sí es cierto que por momentos notas cómo va creciendo la tensión hasta el momento cumbre, cuando ya empiezas a llorar a lágrima viva, y es esa tensión la que hace la trama un poco tortuosa. La inquietud, la espera, la construcción de tensión, es lo que mata tanto a Conor como al espectador.

Reconozco que me sorprendió gratamente la parte en la que el monstruo le cuenta a Conor la primera historia: la forma de contarla (mediante unos bonitos efectos especiales basados en la acuarela, un tema recurrente en la película) me pareció bonita y original. Todas las historias tienen un giro que demuestra cómo de compleja es realmente la naturaleza humana, y me parece una lección muy bella, muy a la orden del día. No todo es blanco ni negro, nada es fácil. La verdadera historia de Conor puede resultar sencilla de entrever, pero eso no quita que sea un aprendizaje muy necesario. A veces, solo queremos romper cosas. Y tal vez debemos.

La ambientación es muy bonita; se realiza un buen aprovechamiento de los paisajes para denotar el estado de ánimo de Conor. Para mostrar su soledad, se confía en la poca profundidad de campo, en los fondos desenfocados, haciendo destacar a Conor en la pantalla, y es una decisión muy acertada.
La actuación de los principales es sublime. El debutante Lewis MacDougall hace un buen papel como Conor; interpretar a un niño solitario y torturado, con tantas cosas a sus espaldas, no es fácil, pero el actor lo aborda como si lo fuera. Tampoco es fácil el papel de la abuela, un personaje con muchísimos matices y una importante dualidad, pero Sigorney Weaver ha sabido meterse al espectador en el bolsillo con su interpretación. Los dos protagonizan una de las escenas más bonitas de la película; la otra corresponde a una entrañable Felicity Jones como la madre de Conor. Del resto de actores, la verdad, ni fú ni fá (como decimos en mi pueblo). El doblaje del monstruo corre originalmente a cargo de Liam Neeson, y aquí, en España, hicieron muy buen trabajo en su traducción y doblaje; es muy bueno, tanto como para poner los pelos de punta al espectador.

Trama, ambientación, actores...¿qué me queda en esta reseña típica mía (es decir, parrafada extensa)?
Ah, sí, cierto. Los personajes.
Una característica de los personajes de la película es que, en primer lugar, no hay un exceso de personajes, ni la historia lo exige. Hay pocos, y el filme maneja bien esos pocos personajes. La segunda característica es que son personajes muy humanos, con dolor y pesares humanos, muy realistas. Conor podría ser el hijo de tu vecina enferma, que, además, sufre bullying en el colegio sin que nadie parezca percatarse de ello; es muy triste, la verdad, la situación que sufre este pobre niño. A lo largo de la película, Conor lucha contra su propia ingenuidad e inocencia: no es un niño, pero tampoco es un adulto. No todavía. Y, sin embargo, la situación le obliga a crecer, a afrontar situaciones que un niño no debería afrontar.
La madre de Conor, Lizzie, es un personaje muy dulce, tal vez demasiado optimista, pero todo lo que ella pretende es proteger a Conor. No entraré en si la forma en que lo hace es correcta o no (porque sería spoiler), pero sí diré que su relación con su hijo es preciosa.
Una de las grandes revelaciones de la película fue, para mí, la abuela de Conor. Es un personaje del que tampoco esperaba gran cosa, la verdad, pero que me sorprendió para bien: tiene tantos matices, que es imposible no interesarte por ella. Conor y ella forman un tándem particular.
En cuanto al monstruo...lo cierto es que el monstruo me parece toda una fuente de sabiduría. Es un personaje muy curioso, peculiar. No me esperaba el tipo de personaje que encontré, y me gustó, debo admitirlo.
Como personajes que no me gustan (y a los que tenía bastante atravesados) tenemos al padre de Conor (del cual solo diré que es un impresentable, y que cada vez que aparecía me llevaban los demonios) y el acosador de Conor. No le entiendo, pero tampoco sé si quiero entenderle. @NeryRadioactive, en su reseña a la película (que podéis leer aquí) dijo que el actor escogido no pegaba nada con el personaje que ella había imaginado al leerse el libro, y, que en este, era más interesante. Yo, como espectadora que no ha leído el libro, sí que digo que me dejó fría como personaje, y tampoco me pega como compañero de clase de Conor (más que nada porque le saca varias cabezas a prácticamente el resto del reparto infantil). No tiene nada de peculiar: es un criajo matón y punto.

Conclusiones finales y nota particular:

Sintetizando y siendo honestos: la película es muy, muy bonita. No aguarda grandes sorpresas en torno al argumento (es cierto que puede pecar de predecible, pero es que no es una historia pensada para sorprender o ser impredecible), y es emocionalmente muy cargada, pero tiene un tratamiento de la realidad muy especial. Es muy cruda, porque la historia es cruda; es muy real, e, irónicamente, la fantasía que se le aplica a la historia solo la hace más real.
Es, como tal, un relato desgarrador. No esperéis un final perfecto; no lo encontraréis, porque esta película es como la vida misma: bonita y desgarradora a partes iguales. Deja una sensación agridulce en la boca del espectador y, en mi caso, lo primero que hice al llegar a casa fue ir a abrazar a mi madre. Es, sobre todo una elegía al amor madre e hijo.
Solo por la relación que establece Conor con el monstruo y su abuela, y la que tiene con su madre, ya merece la pena verla.

Mi nota para un monstruo viene a verme es:
8/10



jueves, 15 de septiembre de 2016

Reflexionando: de papagayos y obras literarias

Buenas, bloggeros.

Para esta entrada de septiembre (sí, estoy intentando ser constante y publicar al menos una entrada cada mes) os traigo algo que no suelo hacer, pero que, la verdad, me gustaría hacer más a menudo. No es una reseña, ni una crítica exactamente, aunque sí es una locura de las mías, un delirio que nació como un pensamiento en la parte posterior de mi cabeza y que, sin embargo, me ha tenido reflexionando durante un par de días, recuperando otras reflexiones que ya he tenido alguna que otra vez. Y he decidido ponerme a escribir sobre ello, porque alguien tiene que decirlo.



Esta semana se celebra, aquí en Madrid, la convocatoria de selectividad de septiembre (las pruebas de acceso a la universidad, como les dio por llamarlo hace un par de años), y eso me ha hecho pensar, reflexionar. Pensar no solo en cuando yo estuve allí sentada, en cómo lo viví, yo o mis compañeros de clase, mis amigos, sino también en cómo llegué hasta allí.

La historia es bastante simple, bastante típica. Fin de la secundaria, la  típica pregunta de "¿Qué quieres hacer ahora?" y la básica respuesta de "Bachillerato, claro. Y luego la Universidad".
Y entonces llegamos a Bachillerato. Si preguntáis a determinadas personas, os dirán que Bachillerato fue un infierno. Otras os dirán que, bueno, no es tan malo. Y entonces pensaréis: ¡qué exagerados los que lo califican de infierno!
Bueno, sí...y no.
Bachillerato puede llegar a ser un infierno, si te hacen vivirlo como tal. El principal problema que tenemos en la forma en la que se enseña Bachiller en nuestro sistema educativo es que lo más valorado es la capacidad del alumno para repetir como un papagayo, para memorizar y vomitar en un examen lo más rápido posible. Hay profesores que incluso tienen la mentalidad de que si se lo pones tal y como ellos te lo dieron en los apuntes, mejor nota sacarás (y que, os aseguro, lo hacen). Otros son más coherentes, y, si lo explicas a tu modo, si eres capaz de entenderlo, te ponen exactamente la misma nota. O mejor. Porque saben que lo entiendes.
Y ahí es precisamente donde yo quiero llegar.
Aprender no se basa en vomitar la información y olvidarla según sales del examen.
No. No, no y no.
Aprender es mucho más que eso, es mucho más que un único examen (o una tanda de exámenes), y debería ser más respetado. Sin embargo, el sistema parece haberlo olvidado. Alguno pensará que es más fácil así: dadles a los críos cuatro cosas para que memoricen, que avancen en los cursos y que cuando lleguen al mercado laboral, sean fáciles de manejar. Esa idea, enmascarada por palabras vanas o no, es repugnante. Mejor no comentar el panorama actual, que no es mucho mejor que el anterior, porque seguramente me encendería demasiado, y no hay que perder la compostura (en teoría). Claro que es terriblemente deprimente que los chicos de segundo lleguen a clase y se encuentren con que no tienen ni idea de a qué se enfrentarán a final de curso, ni mucho menos de cómo tendrán que afrontar el curso.

¿De qué te sirve un curso entero, dos cursos enteros, en los que lo único que hacen es prepararte para un examen? ¿Para que simplemente seas capaz de expresar en un papel durante dos horas todo lo que hayas memorizado si luego lo vas a olvidar tres minutos después? ¿Acaso eso merece la pena?
Aún sigo buscando la respuesta, porque, para mí, ese planteamiento no tiene ningún sentido, igual que tampoco tiene ningún sentido que se valore más el Bachillerato y/o la Universidad que un grado superior; en mi carrera he conocido a gente con grados superiores chulísimos y que me han dejado con la boca abierta al explicarme lo que hacían en los grados. Y, en cierto modo, me han dado envidia.

En mi caso particular, yo siento que el Bachillerato no me preparó para el mundo real. Fue todo muy teórico, muy poco aplicado a la vida real, a la práctica.
¿Si para mí fue un infierno? No. Fueron un infierno la presión, las veintitantas veces que llegué a oír "PAU" en un solo día (sí, llegué a contarlas), la sensación de que si no conseguías memorizarlo absolutamente todo y conseguir una nota estupenda eras un fallo. La asignatura que se te atragantaba y no conseguías sacar ni por las buenas ni por las malas. Eso sí fue un infierno. El problema no está en Bachillerato, sino en cómo orientan Bachillerato, en cómo orientan la enseñanza en general, sea el curso que sea. Estos dos cursos, en particular, están pensados para superar un examen, que es la PAU. Supuestamente, su misión es también prepararnos para la universidad. Pero eso es pierde por el camino. Y, la verdad, es muy triste. Es muy triste que se pierda a gente capaz por el camino, simplemente porque es incapaz de memorizar absolutamente todos los autores de teatro anterior al año 1939.
Recuerdo que, cuando mi madre volvió de la reunión de principio de curso (segundo de bachillerato), volvió diciéndome que, tal y como habían hablado mis profesores, parecía que íbamos a la guerra en vez de a afrontar un nuevo curso. Hubo una madre incluso que preguntó si sabíamos a lo que nos enfrentábamos. Por dios, que era un curso en el instituto, un conglomerado de exámenes, no una bomba que teníamos que desactivar. Claro que, tal y como varios de los profesores trataron el tema durante el curso, sí que parecía que íbamos a desactivar una maldita bomba. Daba la sensación de que si no superábamos la PAU, se acabaría el mundo. Nos hacían sentir así, y eso era una maldita estupidez. El mundo no se acaba simplemente porque tengas un mal día en un examen. Te fastidia, te obliga a reorganizarte, pero no se acaba. No eres menos por no sacar un diez. Habrá otra cosa en la que tú puedas dejar por los suelos a los demás. Pero eso, pocas veces te lo dicen.

La encontré hace mucho tiempo y es tan real que duele


Con todo esto que os estoy diciendo, cabe denotar un matiz: no digo que el Bachillerato no te prepare en absoluto, o que sea una pérdida de tiempo. Digo, sin embargo, que no te prepara tanto como podría, o como debería. Si volviera atrás y supiera lo que sé ahora, posiblemente haría un grado superior antes de entrar en la carrera; en mi carrera actual, posiblemente me sería mucho más útil. No le ocurriría lo mismo a alguien que estudiara ingeniería, o medicina, alguien que, posiblemente, sí os diga que el Bachillerato los preparó de forma, al menos, decente.
Lo que sí está claro es que debería cambiar, pero no de la forma en que va a cambiar con la nueva ley. Eso, desde luego, no es un paso hacia delante, ni una mejora; es un atraso terrorífico. Solo añade un proceso de selección más arduo, solo desmotiva más a los alumnos. Se ha luchado mucho por una educación decente y gratuita, y se la están cargando sin ningún remordimiento.Qué os puedo decir; solo que es triste. Muy triste.

En fin, bloggeros, estas son mis reflexiones de septiembre, mi extraña filosofía, que hoy quería compartir con vosotros. Gracias por leer esta enorme parrafada <3

Nos leemos, chic@s.

miércoles, 10 de agosto de 2016

Review: "Atlantis, el imperio perdido"

¡Buenas, bloggeros!

Espero que estéis pasando un buen verano (a pesar del sofocante calor) y que estéis aprovechándolo al cien por cien. Hoy vengo con una crítica a otra de mis películas favoritas y que, como me suele pasar casi  por normal general porque debo ser bastante gafe, está también muy infravalorada: "Atlantis: el imperio perdido". Cuidado, seguro que hay spoilers.



Ficha técnica (aka. Info general):

"Atlantis: el imperio perdido" ("Atlantis: The lost empire", en inglés original) es una película de Disney (yo haciendo reviews de Disney, qué raro...), dirigida por Gary Trousdale y Kirk Wise, y estrenada en el año 2001. La banda sonora corrió a cargo de James Newton Howard (y, por supuesto, me encanta, cosa que me pasa con casi todas sus bandas sonoras: siempre que digo "uy, esta banda sonora me gusta" y busco de quién es, me encuentro con este gran artista).


Argumento: 

1914, Estados Unidos. Milo Thatch, un joven cartógrafo y lingüista, pasó gran parte de su infancia escuchando las historias y leyendas que le contaba su abuelo, el explorador Thaddeus Thatch. Una de ellas en particular se ha convertido en la espinita en su costado ahora en su adultez: la leyenda de la Atlántida, el continente perdido en alguna parte del Atlántico tras sufrir un cataclismo. Encontrar este particular imperio perdido es, para Milo, tanto un sueño como una obsesión.

Por ello, Milo trata, sin éxito, que el museo para el que trabaja (y que le infravalora a más no poder) le financie una expedición para encontrar el diario del Pastor, un relato mítico que describe el paradero exacto de la Atlántida y cómo llegar hasta ella. Cuando los peces gordos del museo vuelven a ningunearle, un excéntrico millonario, gran amigo del fallecido abuelo de Milo, le ofrece a este la oportunidad de su vida: no solo le entrega el Diario del Pastor (que su abuelo ya había encontrado) sino que decide financiarle una expedición para encontrar la Atlántida.
 Sin dudarlo,ávido de conocimiento, Milo se embarcará en un emocionante viaje para encontrar la civilización con la que tanto ha soñado. Por el camino, nuestro torpe estudioso conocerá el verdadero significado no solo del conocimiento y la traición, sino también de la amistad.


Reseña general:

Haciendo esta reseña, no puedo evitar acordarme de la que hice sobre "El Planeta del Tesoro", donde también mencioné "Atlantis". La verdad, ambas películas han sido comparadas muy a menudo: ambas fueron muy castigadas tanto por la recaudación como por la crítica, y se las considera dos de las grandes olvidadas e infravaloradas de Disney (cosa que me enerva ligeramente, por usar un eufemismo) simplemente porque no son exactamente el tipo de largometraje que Disney acostumbraba en el momento: el protagonista es un chico, además de algo inadaptado (Jim es un "macarra", Milo es un "nerd"), prima la aventura y el viaje de autodescubrimiento, así como la amistad, sobre el romance. Precisamente por esos rasgos, a mí me parecen grandes películas, ambas, y las dos son grandes componentes de mi infancia.

A nivel gráfico, es una película con un estilo de dibujo diferente, mucho más anguloso y geométrico, pero bien llevado: se crea una imagen curiosa, poco típica. La paleta de color se centra muchísimo en los azules, los marrones y los verdes, quedando una combinación curiosa y que casa con facilidad, que ayuda a dar la ambientación de aventura.

La trama es ágil, pero bien llevada: los personajes tardan casi cuarenta minutos en llegar a Atlantis, pero no se hace pesado en absoluto. No es de esas películas aburridas, en las que la acción recae de tal manera que el espectador se aburre soporíferamente. No, Atlantis no recae en ningún momento: la línea narrativa es ágil, dando tensión en los momentos de tensión, curiosidad en los momentos de curiosidad. Con un prólogo misterioso, presenta una serie de preguntas que deja en el aire para resolverlas a medida que va pasando la película. Está bien narrada.

Sin embargo, en realidad, es incluso algo complicada: no me refiero a complicada porque sea difícil de entender, ni tampoco al viaje de aventura y autodescubrimiento de Milo, sino porque tiene muchos matices. Si nos paramos a pensarlo, Milo es una mente brillante desaprovechada y ninguneada en un trabajo que, sinceramente, apesta; se menciona la selección natural de Darwin (algo que un niño no entenderá realmente, en un contexto que casi roza el darwinismo social, algo muy común en la época en la que se enmarca la película y que será un dolor en la sociedad del siglo XX), la divinidad (el tema del Cristal de Atlantis es uno de los aspectos más interesantes de la película, con la convergencia de todos los predecesores en un único ente divino, aunque, de nuevo, es un tema que un niño no comprende del todo, al menos, no con todo su alcance)...e incluso se toca el tema de saquear riquezas por el bien cultural. El verdadero villano de la película enmascara sus codiciosas intenciones en este asunto, algo que, por desgracia, es muy habitual en el mundo en el que vivimos y en el que nos movemos: posteriormente, también se menciona, de forma velada, la venta de armas a países por pura avaricia (el señor dinero, que todo lo mueve y todo lo puede), sabiendo lo devastadoras que pueden ser. La película ilustra, de forma bastante explícita, el choque entre la búsqueda por necesidad de saber y por comprender la cultura, y la búsqueda por codicia y beneficio personal. Entre medias, nos encontramos con valores como la amistad, la justicia, las decisiones.

La ambientación y los paisajes, especialmente una vez que llegan a Atlantis, son impresionantes, realmente bonitos (como podéis comprobar en las imágenes que os he ido dejando para suavizar el mazacote de texto, porque suelen decir que una imagen vale más que mil palabras). Dicen que una imagen vale más que mil palabras y, en este caso, me ceñiré a ese mismo dicho para que juzguéis vosotros mismos:

Atlantis, como la joya cinemátografica que, en mi opinión, es, se debe a los impresionantes gráficos, al colorido, al tratamiento de personajes poco típicos (y a dotarlos de una gran expresividad), a una trama rica en matices pero que no pierde de vista su línea narrativa principal. Y, por supuesto, a la creación de toda una sociedad y una cultura y mitología la mar de interesante en lo que respecta a la Atlántida de Disney: le da un toque mítico, único.

Y eso nos lleva a los personajes.

A falta de una foto mejor de la banda, he acabado por poner esta

En primer lugar, tenemos a un héroe Disney muy poco habitual: Milo. Milo es un nerd. Un empollón. Un cerebrito. Es torpe, se traba con las palabras, está falto de confianza. Es un soñador. No es el típico machito cachas, ni el principito de turno. Y por eso me encanta como personaje. Es atípico, diferente: no resulta difícil ni encariñarse con él, ni identificarse con él. La historia se basa, principalmente, en su viaje, no el que le lleva a descubrir su sueño, sino el que le lleva a descubrirse a sí mismo: a lo largo de la película, Milo es el personaje que más evoluciona y que más aprende, y nosotros con él. Pasa de ser el "chico de la caldera" a ser el héroe que salvó Atlantis. A mí en particular me parece un gran modelo de conducta para los niños.

Como contrapartida de Milo, pero igual de ávida de curiosidad y conocimiento que él, tenemos a la Princesa Kida. Como Milo, Kida está terriblemente infravalorada (en teoría, Disney no la consideró una "princesa Disney" porque su película no es un musical y por el "poco éxito en taquilla", por lo tanto me vais a permitir una expresión del tipo WTF?) y es tan poco habitual como él (al menos, para la época en la que se estrenó la película, allá por 2001). Kida es la luchadora, la guerrera: podría patearte con una facilidad de espanto mientras tú pestañeas. Es segura de sí misma, ácida, fuerte, altruísta...y un personaje increíble. En cierto modo, la línea narrativa la obliga a convertirse en la "damisela en apuros", por una razón noble, pero eso no le resta fuerza al personaje.
Su relación con Milo es preciosa, fluida. Entre ambos se establece una simbiosis para buscar un conocimiento que el otro cree perdido, y en esa complicidad se basa su relación: en aprender del uno del otro, un aspecto muy real en las relaciones y que, muchas veces, pasa casi desapercibido. Algo que llama la atención de esta relación romántica es que no hay un beso: no, no hay beso entre la pareja protagonista en Atlantis. En su lugar, hay un precioso abrazo cargado de sentimientos: una escena que merece la pena ver. Son, como la película y los personajes, una pareja muy infravalorada. Sin embargo, su relación es una de las más bonitas que ha mostrado Disney.

Otro punto a favor de "Atlantis" es la capacidad de crear buenos secundarios, con una historia propia, que casan bien en la historia principal y que acaban siendo tan entrañables como el propio protagonista. En esta película encontramos al amable y diligente doctor Sweet, a la divertida y refunfuñona señora Packard (la cual se lleva la palma de humor ácido, sarcástico y punzante que tanto me gusta), a Audrey (la jovencísima mecánico de la expedición, leal pero fácil de exaltar) y a los divertidos Vinny (uno de mis secundarios favoritos) y Mole (el alivio cómico por excelencia de la película). El señor Whitmore también es un personaje interesante, precisamente porque es todo un excéntrico: muestra una dualidad interesante en la película, entre el ancianillo algo chiflado y gracioso y el hombre mayor que anhela al amigo que perdió y desea honrar su memoria de la mejor forma posible.
El padre de Kida, a pesar de aparecer poco, es un personaje importante a mencionar en un análisis: en él se encarna el peso de las malas decisiones, de la arrogancia, y del miedo. El miedo a la pérdida.

Los antagonistas son, tal vez (solo tal vez) la parte más floja del bloque de personajes (floja, no por ello mala). El villano principal, que si bien se plantea como una sorpresa para el espectador, es un villano...comedido. Incluso, en cierto modo, razonable; es uno de esos villanos que no se alteran en demasía, que se molestan en cubrir sus huellas. Es un villano que tal vez te deja algo frío. Sin embargo, es la villana secundaria la que se lleva la peor parte: está muy desaprovechada. Con Helga, Disney creó una femme-fatale con muchas posibilidades, a la que se podía sacar mucho más partido del que se le saca realmente. Esa es mi queja con respecto a los personajes, y no puedo decir que tenga ninguna más.

Conclusiones finales y nota particular:

El porqué Atlantis es una buena película se puede resumir en lo siguiente: una historia de aventura y descubrimiento (muy inspirada en el famoso "Veinte mil leguas de viaje submarino" de Verne) bien narrada e hilada, buenos personajes, buenos tiempos y espectaculares gráficos. Crea una historia curiosa, especialmente si te centras en la mitología atlante (cosa que podría haber dado para mucho más material, y que, en este caso, se hizo en forma de libros y de una secuela...un tanto cuestionable como película, teniendo en cuenta que en realidad es una unión de tres episodios de la serie que pensaban crear como continuación).
 
Hay muy pocas cosas malas que se puedan decir de esta película, pero las tiene. Una de ellas la he mencionado ya, y es en referencia a los villanos. Para mí, Rourke se queda en la mitad del villano que podría haber sido, y Helga está desaprovechada. El otro aspecto negativo de la película (en mi opinión) es que la mitología atlante está también desaprovechada: la naturaleza del cristal podía haber dado más juego del que da en la película, y su funcionamiento no se llega a explicar con una claridad explícita. ¿De dónde sale, qué es? Ni Milo puede respondernos, ni, en realidad, ningún atlante. Ni siquiera el padre de Kida.

Ninguno de esos fallos quita mérito a la buena película que es, ni a lo mucho que la disfruto cada vez que la veo. Disney no coincide conmigo (evidentemente) pero, para mí, es una imprescindible.

Mi nota para Atlantis es:
9/10

Os dejo con Milo y Kida; nos leemos, bloggeros.


viernes, 1 de julio de 2016

Review: "Embrujadas"

¡Hola de nuevo bloggeros!

Hoy vengo a hablaros de la que fue una de las series de mi infancia y, a mi entender, una de las mejores series que se han hecho sobre magia y temática sobrenatural. Os hablo, por supuesto, de la mítica "Embrujadas" (cuidado, puede contener spoilers de la serie, ya lo sabéis).

La triqueta, símbolo celta, en los créditos de la serie
Info general:
Para aquellos que no la conozcáis, "Embrujadas" fue una serie americana de temática sobrenatural y dramática, que se retransmitió por primera vez en 1998-1999 y terminó su andadura en 2006. Duró ocho temporadas e incluso se han realizado, años después, cómics oficiales que continúan con la historia (y que confieso que tengo pendientes de lectura). Estuvo protagonizada por Shannen Doherty (hasta la temporada 3), Holly Marie Combs, Alyssa Milano, Rose McGowan (desde la temporada 4 en adelante) y Brian Krause. También tuvieron papeles principales actores como Julian McMahon, Drew Fuller o Kaley Cuoco, y episódicos como Amy Adams, Arnold Vosloo, una jovencísima Ashley Tisdale y otras grandes caras de la televisión.

Sinopsis:
Phoebe, Prue y Piper (Temporada 2)
En el siglo XVII, Melinda Warren, una poderosa bruja, es condenada a morir en la hoguera. Antes de morir, Melinda profetiza que generación tras generación las brujas Warren se harán cada vez más fuertes, hasta culminar en la llegada de tres hermanas, cada una con uno de sus poderes (telekinesis, detener el tiempo y preveer el futuro) que servirán como una enorme fuerza del bien y protectoras de inocentes: las Embrujadas (The Charmed Ones, en inglés original). A finales de los 90 y al regresar a la mansión de la familia tras la muerte de su abuela, tres hermanas, Prue, Piper y Phoebe Halliwell, descubren no solo que son brujas, sino que son las Embrujadas. A lo largo de los años, las hermanas protegerán a los inocentes y derrotarán a diversas fuerzas del mal mientras lidian por mantener el equilibrio entre sus mágicas vidas y las vidas normales que desearían tener; además, descubrirán la existencia de su medio hermana Paige Matthews cuando la tragedia azote a la familia Halliwell.


Mi opinión:
Piper, Paige y Phoebe (Temporada 5)
Embrujadas es, sin lugar a dudas, una de las grandes series de mi infancia; de la mía y de muchos otros, y no solo infancia, sino adolescencia y adultez. Actualmente, es una serie de culto, mítica para aquellos que nacimos y crecimos en los 90 y en los años 2000, y no es difícil adivinar por qué. Fue una de las grandes, una de esas series que marcan no solo a su generación, sino a las venideras; a pesar de acabar en 2006 sigue teniendo una enorme incidencia en la televisión actual, se la recuerda y sigue marcando patrones de parrilla. Se mantuvo en antena con sus buenas y malas rachas, y tuvo un final digno, algo complicado en aquellas series que acaban teniendo tantas temporadas y que corren peligro de dejarse llevar por el cansancio.

En mi caso particular, esta serie ocupa un lugar especial en mi corazón. La recuerdo desde bien pequeña: la tarde de los domingos mi madre y yo veíamos juntas los capítulos en la televisión. Al día siguiente, mis amigos y yo jugaríamos en el patio del colegio a perseguir a los malvados con poderes mágicos, como las embrujadas. Es una de mis favoritas, y la veo completa cada varios años: no importa cuánto crezca, siempre vuelvo a ella y siempre me enamoro de ella como la primera vez. Sufro, río y disfruto con las hermanas Halliwell, con Leo, Darryl, Cole y Chris, y eso es un indicador de que es una gran serie. Las actrices principales hicieron un trabajo espectacular, demostrando que no hace falta ser precisamente muy conocidas para ser grandes artistas. Holly Marie Combs está espléndida como la dulce y cada vez más sarcástica Piper (en las escenas en "Embrujadas de nuevo" siempre se las apaña para hacerme llorar), así como Alyssa, Rose y Shannen hacen un gran trabajo; la conexión entre ellas es el corazón de la serie, lo que la mantuvo en alza durante tantos años. Los chicos tampoco se quedan atrás: Brian Krause interpretó al sufrido Leo maravillosamente, y Julian estuvo magnífico como Cole (admitámoslo: muchas de nosotras tuvimos un pequeño enamoramiento del medio demonio de ojos azules que luchó contra su propia naturaleza por amor, y sabemos que merecía mucho más); mención especial a Drew Fuller como Chris (que, para mí, salvó una trama...ñeh, a falta de mejor descripción y la convirtió en algo fascinante), a Dorian Gregory como un adorable Darryl Morris que de tanto salvó a las hermanas y T.W. Knight (me habría encantado ver más de Andy, al que interpretó en la primera temporada).

El Libro de las Sombras, libro de magia e ítem más preciado para la familia Halliwell

Embrujadas tuvo muchísimas cosas buenas. Fue, junto con "Buffy", una de las primeras series en demostrar el "girl power"; las protagonistas principales eran chicas, que pateaban el culo a los malos sin echarse a llorar en una esquina y pidiendo la ayuda de un machito que las salvase; y, sobre todo, sin renunciar a la feminidad. En otras palabras: Embrujadas es el exponente de poder femenino en su máximo esplendor. Combinó drama, acción, romance y humor, y lo hizo maravillosamente. Los personajes crecieron y evolucionaron de forma realista, y si hubo algo que destacó, por encima de todo, era el vínculo fraternal de esas tres hermanas que fueron al infierno (literalmente, y varias veces) para salvarse las unas a las otras. Es la esencia de la serie, las hermanas y su relación, cómo cambian y maduran a lo largo de la historia, cómo avanzan, se equivocan, cómo crecen...
A lo largo de la historia las vemos lidiar con cualquier tipo de adversidad: desde la Fuente de todo el Mal hasta con los nervios antes de una cita con un chico, y esa fusión entre realidad y fantasía tan bien llevada es, simplemente, increíble. Durante ocho años, nos hicieron llorar y reír, nos enseñaron acerca de la lealtad, lo importante que es ser altruísta y todo aquello que puede lograr el bien.


La actuación de Drew Fuller fue, para mí, lo que salvó la trama de Chris
Hay que reconocerlo, no todo fue bueno. En una serie tan larga, es inevitable que alguna cosa se les pase y haya pequeños errores de continuidad (por suerte, ninguno muy gordo o estaríamos ante un buen problema de concepto de la serie), y todas las series largas se enfrentan, tarde o temprano, al agotamiento. Tanto de las tramas como de los personajes y los propios actores. A Embrujadas le pasó a partir de la sexta-séptima temporada. La trama de Chris, aunque reconozco que me gusta (por el buen trabajo que hizo Drew Fuller interpretando al neurótico, sacrificado, adorable y algo extremo Chris, al que, a pesar de todo, era imposible no querer), me veo en la obligación de admitir que era rizar un poco el rizo. Sin embargo, fue una trama que se salvó, precisamente por el gran trabajo de los actores. La séptima temporada ya demostraba agotamiento, y la octava me cuesta verla, lo admito. En parte porque la trama de las hermanas dejando su identidad jamás me gustó, ni me gustará: me parecía una trama antinatural, sinsentido para la serie y demasiado alejada de su esencia (aunque reconozco que agradezco que existiera esa octava, porque si el final de la serie llega a ser el de la séptima, no me habría gustado nada de nada), y en parte porque fue muy apresurada (en apenas un par de capítulos Paige conoce a Henry, personaje muy poco explotado y que podía haber dado para mucho, se enamora y se casa con él, y lo mismo pasa con Phoebe y Coop). Además, Billie, la joven bruja introducida en la última tanda, no es precisamente santo de mi devoción: de pequeña no la aguantaba. Al ver la serie de nuevo recientemente, de más mayor, tengo que reconocer que la tolero mejor, pero sigue sin serme especialmente simpática (y con su hermana Christy sí que no puedo, lo siento, pero no).
Un punto a favor es que supo reponerse de sus baches, y dio a los fans un buen capítulo final, emocionante y con reunión de gran parte de la familia Halliwell (en el que se echó en falta a Prue, por supuesto, y creo que esa es la gran lacra del capítulo).
Otro de los fallos de Embrujadas fue la manía de marear las tramas innecesariamente, a pesar de construir unas relaciones preciosas entre personajes. Las relaciones románticas sufrieron en la serie, y mucho, porque parece que era imposible que los dejaran ser felices, tranquilos y a gusto. Los mejores ejemplos: Piper y Leo (que tuvieron una de las relaciones más bonitas y más fuertes de la serie, con idas y venidas) a los que marearon y puñetearon a más no poder y, por supuesto, Phoebe y Cole. Esta pareja fue la gran trágica de Embrujadas y reconozco que todavía me hace algo de pupita pensarlo. Fueron una pareja increíble, con una historia bella, que los guionistas marearon y desmadejaron hasta convertirla en una relación tóxica. Cole, ese personaje que se reinventó, que luchó contra todo tipo de adversidades...y al que destrozaron como quisieron y más. Realmente me escoció, porque a Cole yo le tenía muchísimo cariño, y el destrozo que le hicieron no lo perdono: merecía más de lo que se le dio, tanto por parte de Phoebe como de los guionistas.

Todo espectador de Embrujadas que haya visto la serie en su totalidad estará de acuerdo en que tuvo dos etapas muy marcadas: la primera, de la temporada 1 a la 3 (con Prue)  y la segunda, de la 4 a la 8 (con Paige). La primera etapa tuvo unos toques más ligeros, se centró más en la base de la brujería que guiaría la serie; la segunda comenzó mucho más oscura (trataron la muerte en la cuarta temporada, y fue la más oscura de la serie) y comenzó a explorar más el ambiente y el mundo mágico. Fueron bastante distintas, evolucionaron según evolucionaban los personajes.
Hay mucho debate sobre quién era mejor, si Prue o Paige, y muchas lágrimas se derramaron cuando Shannen Doherty se marchó de la serie. Hay mucha gente que odia a Paige, otros muchos que odian a Prue. Para mí, ninguna era mejor que la otra: solo fueron distintas. Ambas fueron un enorme componente de la serie, aportando cosas muy diferentes. Prue aportaba ese toque de serenidad y de cabeza a la serie; en ocasiones, tal vez demasiado rígida, especialmente en la temporada uno. La Prue de las dos y tres es mi favorita, sin lugar a dudas. Pero no por ello hay que menospreciar a Paige: ella trajo un aire más fresco a la serie. Más renovador. Y por qué no decirlo, fue un personaje divertido. Yo soy incapaz de escoger, y no creo que se deba: por h o por b, por los problemas que hubiera, Shannen tuvo que dejar la serie, y tanto ella como Rose aportaron grandes cosas a la serie, y crearon personajes increíbles.

Me resultaría imposible escoger un favorito en esta serie: todos me parecen unos personajes creíbles, reales y cercanos, con su propia andadura y su propio desarrollo; sus buenos y malos momentos, sus decisiones aertadas y sus fallos. Mi favorito bien podría ser Piper, por su evolución de joven indecisa y dulce a una auténtica badass sarcástica e impresionante (por qué no decirlo, me encantaría tener sus poderes), pero también podría ser Phoebe, la incorregible y romántica Phoebe, Paige o la propia Prue. También me gustó mucho Cole, le tengo cariño a Leo, y Chris se ganó un lugar especial en mi corazón en los últimos capítulos de la sexta temporada; Darryl es un cielo, y Andy también lo fue (a pesar de lo breve de su estancia). Creo que me es tan difícil escoger porque pienso en ellos como una gran piña, una gran familia, y ninguno de los personajes sería lo que es si no fuera por los que le rodean. Puede que me plantee hacer un comentario de algunos personajes en entradas particulares, porque si me pusiera a analizar a todos aquí me darían las uvas (y ni vosotros ni yo misma me aguantaría durante tanto tiempo).

Conclusiones finales y mi nota particular:

En resumen, "Embrujadas" es una gran serie. Ha envejecido bastante bien (si no se tienen en cuenta los estilismos de las primeras temporadas y los efectos especiales) a nivel narrativo. Es una joya de las de antes de la televisión, y siempre será para mí una zona de comfort. Tuvo grandes aciertos (la evolución de los personajes y las relaciones entre ellos, las tramas bien llevadas e interesantes, los giros argumentales, la historia y su originalidad, la mezcla de drama, humor, acción y romance) y también fallos (agotamiento de la serie, ciertos aspectos de las tramas fueron terriblemente rebuscados y se obcecaron en marear muchos detalles descuidando a la vez otros; la calidad narrativa decayó un poco en las últimas temporadas, pero remontó en los capítulos finales); sin embargo, en conjunto, sale ganando. Supo reinventarse al salir una de sus grandes estrellas, hasta el punto de dar un aire renovador a la serie y tener la capacidad de crear nuevas tramas; contó con grandes actores, que conectaron con sus personajes y amaron la serie de principio a fin, casi tanto como sus espectadores.
Es cierto que tal vez le sobre una temporada, o temporada y media; sin embargo, supo sobreponerse a ese agotamiento y dio un cierre digno de la serie, algo de lo que muchas no pueden presumir. Si no la habéis visto y os gustan las series centradas en lo mágico y lo sobrenatural, dadle una oportunidad; creo que os gustará.

Mi nota final para Embrujadas es:
8,75/10

Nos leemos bloggeros.

jueves, 30 de junio de 2016

Lavado de cara

Hola bloggeros,

Os dejo a Kuro por aquí para aplacar posibles arranques de ira
Sí, lo sé. Soy lo más impresentable que hay en la vida, lo siento muchísimo: aparezco una vez por aquí y luego no se me ve el pelo en meses. No me matéis, por favor (*suplica con los ojitos*).

Bueno, os voy a dar mi penosa excusa para no haberme pasado por aquí: el primer año de universidad me ha matado...a trabajos. Trabajo por aquí, trabajo por allá, más trabajos, todo son trabajos y cuando quedan dos semanas para acabar el curso os mandaremos otro trabajo. Esto es Bolonia, señores.

En fin, si sumamos a eso una situación familiar un tanto...digamos inconsistente, han sido unos meses duros. De enfado, mucho enfado y mucha rabia, de sentirme perdida, de estresarme, aunque no por ello exentos de buenos y grandes momentos. Han sido meses de cambio y reencontrarme a mí misma, de aceptar que es un nuevo capítulo de mi vida, y supongo que por eso me ha dado por darle un cambio de imagen al blog, ahora que por fin puedo disfrutar del verano. Es una forma de canalizar ese cambio en mí. Qué raro es crecer, bloggeros; eso que tanto aterra a Peter Pan y con razón, la verdad, porque a veces es para tenerle miedo. Pero hay que crecer, siempre hay que crecer.
Tuve una profesora en primero de bachillerato, muy sabia ella, que me dijo "Lo único que no cambia en el mundo es que todo cambia". Y qué razón tenía la mujer.
Dejando a un lado mis reflexiones, esta entrada es simplemente para haceros saber que sigo por aquí, igual de loca o incluso más, y que de verdad intentaré mantener este sitio vivo, aunque solo sea con pequeñas entradas chorras de alguna reflexión tonta o de alguna cosa que se me ocurra. Prometo intentar ser más constante, de veras.

Nos leemos, bloggeros